La factura atrasada de la luz

La esperada subida de las tarifas eléctricas constituye un disparate razonado que, por muy razonado que sea, no deja por ello se constituir un disparate y que de alguna manera refleja la irresponsable actuación de la clase dirigente española y del país en general ante la actividad económica: en plena euforia, España tenía unas tarifas eléctricas muy alejadas de la realidad, subvencionadas en dosis fuera de toda lógica económica; ahora que estamos en crisis declarada, con más de cuatro millones de parados y con las empresas mirando hasta el último céntimo, como las familias, el Gobierno ajusta las tarifas eléctricas a los costes de forma brutal, con una subida que no tiene precedentes, casi un 10%. Es el mundo al revés. Pero es nuestro mundo y así hay que aceptarlo.

Iban ya por 20.000 millones de euros los costes de este despilfarro, que el Gobierno Zapatero (que no es, desde luego, el autor del sistema tarifario que ha dado origen a este entuerto) no ha sido capaz de frenar en su día. Hace al menos seis años que el área económica del Gobierno sabe con absoluta perfección (se lo está diciendo insistentemente cada año la Comisión Nacional de la Energía, presidida por una militante socialista) que la electricidad en España estaba siendo facturada por debajo de los costes y que, por lo tanto, aplazar la corrección de ese problema provocaría la creación de una bola de nieve que en algún momento podría llevarnos a un susto monumental. El susto ya está aquí. Si no es monumental es porque se trata de la crónica anunciada de un despropósito que por razones difíciles de entender ha sido aplazado año tras año, a sabiendas de que la factura habría que pagarla en cualquier caso y, cuanto más tarde, mayor.

El caso de la tarifa eléctrica y la interminable demora a la hora de adoptar la decisión de ajustar los precios a los costes es todo un modelo de desgobierno, muy propio de la etapa Zapatero. Los problemas no se resuelven, se tapan y se aplazan. Pero salen a relucir en algún momento. En este asunto, la etapa final de Zapatero está siendo pródiga en muertos que salen de los armarios, la mayor parte de ellos concentrados en la etapa final de desgobierno de un hombre que tiene pavor a la toma de decisiones, sobre todo de aquellas que se traducen en disgustos para los gobernados. Zapatero no pasará desde luego a la historia como un modelo de gobernante. La demora con la que ha afrontado la resolución y el tratamiento de los asuntos económicos tiene en el recibo de la luz su ejemplo más paradigmático.

Ahora vienen las consecuencias. Gran impacto negativo en las rentas familiares y empresariales para empezar el año 2011, que debería ser un año de inicio de recuperación pero que arranca sumido en el pesimismo. El mes de febrero sabremos del impacto en el IPC de esta medida, un impacto que no será desde luego nada favorable, ni para las economías familiares, ni para los costes empresariales ni para las arcas del Estado, que tendrá que afrontar previsiblemente unos costes extras a causa de la desviación previsible de la inflación, costes extra que se prolongarán a lo largo de todo el año 2011 y parte del año 2012 (caso probable, la actualización de las pensiones si el IPC rebasa, como posiblemente suceda, los objetivos fijados).

Adicionalmente, con subir las tarifas no se borra el pasado, ya que lo más probable es que solamente se ponga a cero el contador futuro, pero sin que se hayan amortizado las deudas acumuladas en el pasado. Y el pasado tiene cifras concretas: unos 20.000 millones de deuda reconocida que la economía deberá resarcir a las compañías eléctricas, tal y como establece la legislación vigente y las sentencias emitidas en su momento. Esos 20.000 millones, o los que sean, habrán de ser recaudados en los próximos años mediante el correspondiente sobrecoste de la electricidad que deberán afrontar en el futuro los consumidores. Es decir, en plena recesión no sólo hay que lidiar con la escasez sino pagar a escote los dispendios del pasado, cuando el país vivía por encima de sus posibilidades.