Más transparencia para la banca

La batalla para el sector bancario está ahora en la transparencia. Este lunes,  desde varias instancias se han escuchado voces que demandan a las entidades financieras españolas una mayor claridad en las cuentas que hacen referencia a los riesgos inmobiliarios del sector. Es  un agujero negro, visto desde el lado de los  inversores y analistas,  que sigue condicionando seriamente la imagen de la banca, en especial de las cajas de ahorros, aunque tiene su reflejo más visible en las cotizaciones bursátiles, que no acaban de despegar, y  en las especulaciones que circulan insistentemente en el mercado según las cuales el año 2011 va a ser bastante complicado en cuestiones de liquidez, ya que la financiación de las necesidades del sector en los mercados de capitales se presenta compleja.   A la propia catalogación del sector se une desde luego la débil percepción que las agencias de calificación internacionales tienen de  la deuda soberana española, que se ha traducido en una exigencia de mayores tipos de interés para financiar a España en el exterior (el diferencial estaba este lunes en los 2,5 puntos de interés) y por lo tanto en una mayor exigencia de coste para los emisores privados cuando quieran salir al exterior en busca de capitales.

De momento, la agencia Moody’s se ha ocupado este lunes de asignar al sector bancario una calificación de amenazante signo negativo, ya que ha mantenido la “perspectiva negativa” que ya le había  fijado con anterioridad, con el argumento de que el sector tiene unos quebrantos de unos 176.000 millones de euros, no reconocidos más que en un 50%, y con previsiones poco favorables de cara a los próximos meses, en los cuales no se espera una mejora de la economía ni del empleo, lo que por lo tanto se supone que va a traducirse en nuevos deterioros de las tasa de morosidad en los balances bancarios.

La proliferación de sensaciones negativas para el sector está agudizándose a pesar de que la pasada primavera los bancos españoles pasaron la prueba de resistencia a que fueron sometidos por las autoridades reguladoras con nota bastante alta. Muy pocas entidades entraron en el purgatorio de la enfermería y los pocos casos que han requerido ayuda la han encontrado a través del mecanismo de apoyo al sector denominado Frob, cuyos recursos no están agotados del todo aunque  en medios oficiales se  asegura que  al menos en el caso de las cajas de ahorros no se precisarán muchos más recursos de apoyo a lo largo del año próximo.

Pero este tipo de tranquilidades que tratan de transmitir, sobre todo desde el Banco de España, las autoridades españolas tienen un efecto y una credibilidad bastante limitados en el mercado. Se sigue sospechando que las grandes cifras del quebranto inmobiliario que tiene el sector financiero español están por conocerse en toda su  dimensión y, desde luego, se trataría de cifras superiores a las que las entidades han reconocido públicamente. En febrero próximo, las entidades financieras deberán realizar  un ejercicio bastante profundo de transparencia, ya que en esa fecha han sido conminadas las entidades a facilitar los desgloses de sus riesgos inmobiliarios, los importes del dinero que se ha destinado a cubrir tales quebrantos y las previsiones de las futuras inclemencias así como las reservas aún disponibles.

En teoría, ese ejercicio, que no ha realizado la banca de ningún país comunitario hasta el momento, debería dejar zanjadas las dudas y resueltos los misterios que empañan en la actualidad las cifras. De hecho, la banca española ya había sido en la pasada primavera la que mayor y más completa información había suministrado sobre sus riesgos crediticios, su cartera de morosos y los recursos destinados a cubrir tales quebrantos. A pesar de ello, los mercados han mantenido una actitud distante frente al sector que se manifiesta cada día en las cotizaciones y en informes de análisis poco favorecedores, emitidos por numerosos bancos de inversión y analistas diversos. Hay, por lo tanto, una segunda ronda de transparencia a la que se deberán enfrentar los bancos en las próximas semanas y meses para  tratar de recuperar la imagen de solvencia y fortaleza que el sector tenía en los últimos meses y que la crisis de la deuda soberana, junto a  algunas especulaciones poco atinadas, ha contribuido a deteriorar.