La deuda eléctrica empieza a pasar factura

Una de las facturas que la crisis económica no le ha pasado a España y que sin embargo está pesando como una losa es el denominado déficit de tarifa del sector eléctrico. Ya supera, según las estimaciones más actualizadas, los 22.000 millones de euros. Y el problema sigue alimentándose con previsiones de aumentos adicionales en los próximos meses. El déficit de tarifa es una extraña figura contable, que no forma parte del déficit público ni está en los balances de las compañías eléctricas más que como una promesa de reconocimiento de deuda.  Esta factura no forma parte de las responsabilidades exteriores en la crisis económica española: es una factura que nos hemos fabricado nosotros solos, mejor dicho, los últimos  Gobiernos, debido a la inveterada costumbre de no afrontar los problemas en su momento de frente y dejarlos que se pudran en el cajón. Y este se está pudriendo con  riesgo de causar graves daños colaterales.

Este déficit se ha ido formando en los últimos años (arrancó en época del PP) debido a la diferencia entre lo que ingresan las compañías eléctricas  y los gastos en los que incurren para proporcionar electricidad a los hogares y empresas. Dicho de otra forma, los costes de la electricidad en España son superiores a las tarifas porque los sucesivos Gobiernos han  demorado y aplazado la decisión de subir la factura de la luz para no molestar a los ciudadanos ni incomodr  a la tasa de inflación.  La deuda generada con el paso de los años es de tamaño descomunal y erradicarla exigiría una subida de la luz de cuantía insoportable para los ciudadanos, para las empresas y para la economía en general. Para no entrar en conflicto con nadie, el Gobierno de Zapatero ha optado por hacer con este asunto lo que hace con la mayoría de los temas, esconder la  cabeza y esperar a que escampe.

Pero en este asunto las nubes no se van a otro lado, siguen sobre nuestras cabezas y, lo que es aún más detestable, sobre las cabezas y las economías de nuestros descendientes, ya que estamos pagando por la electricidad un precio inferior al de coste y alargando  el pago de la diferencia a generaciones futuras, lo que en un asunto que es un gasto corriente de consumo constituye una notable irresponsabilidad.

Para darle salida a esta deuda, las autoridades han ideado hace tiempo un sistema que consistirá en convertir esa deuda en títulos negociables y sacarla al mercado, para que en el futuro se amortice (no se sabe muy bien cómo y para que las eléctricas dispongan del dinero que se les debe lo antes posible, ya que el descuadre de sus balances es considerable, como se puede deducir de las propias cifras. Se mantiene la ficción de que es un activo que se cobrará algún día y con eso se contentan los inversores, españoles y extranjeros. Pero el asunto se está demorando tanto que los inversores  que tienen dinero comprometido  en las empresas eléctricas empiezan a inquietarse. Ni qué decir tiene que la colocación en el mercado de esta deuda va a encontrar mayores reticencias aún.

Estos días se han visto ya algunos síntomas de este descontento y sobre todo desconcierto  de los analistas internacionales y de las instituciones financieras que suelen participar en la suscripción de este tipo de emisiones.  Una de las agencias de calificación  de riesgos que siguen más de cerca la salud de los balances de las compañías eléctricas españolas, Standard & Poor’s, ha decidido poner en cuarentena la calificación de las dos compañías eléctricas que  más dinero tienen comprometido en  el déficit tarifario: Endesa, unos 9.000 millones e Iberdrola, algo menos. Entre las dos reúnen la casi totalidad de esta impresionante deuda, en la que son acreedores, pero con difíciles expectativas de cobro. Al menos, en el tiempo. S&P empieza a no fiarse de la recuperación de esta deuda, que en principio iba a ser emitida en forma titulizada antes de que acabe el año en curso. Pero quedan unos pocos  días hábiles y las señales de puesta en escena de este asunto son remotas.