La lista de Zapatero

Lo que iba a ser una reunión del presidente del Gobierno con un grupo de empresarios establecido en 25 según la primera versión oficial de la reunión, la que facilitó el propio Zapatero cuando ofreció la primicia en sus declaraciones a El País del domingo, se está masificando progresivamente. Ayer jueves, a la tarde, ya rozaban los 40, aunque se supone que al final de tratará de eludir esta cifra mágica por sus connotaciones. La repesca ha sido en todo caso un éxito para los incorporados a última hora, que se supone habrán puesto en acción todos sus medios e influencias y allegados para meterse en el mitin empresarial que va a presidir Zapatero en el Palacio de la presidencia del Gobierno.

Desde luego, la ampliación de la lista muestra uno de los rasgos dominantes de la personalidad de Zapatero, su tendencia a la improvisación, palpable en toda su trayectoria política y especialmente visible en lo tocante a lo económico. Sería poco serio bucear en la identidad de los añadidos, ya que difícilmente su incorporación en el último momento, cuando no estaban inicialmente previstos, responde a argumentos sólidos de tipo económico o de mejora de la representatividad empresarial o de corrección de errores manifiestos.

Debe haber un poco de todo pero, como argumento principal, posiblemente las influencias personales y los deseos sempiternos de Zapatero, característicos de su personalidad, de agradar a todos sin reparar en gastos, ofrezcan la principal explicación de tanto autoinvitado de última hora. Es también constatable que la elaboración de la primera lista ofrecía importantes motivos para la crítica y considerables lagunas, que de alguna manera se han tratado de taponar en la versión corregida de penúltima hora.

A estas alturas, late aún una duda sobre el contenido de la reunión, aunque quizás la motivación principal de la misma sea más sencilla de lo que se presume ya que de lo que se trata es de hacerse una fotografía con la creme de la creme del mundo empresarial para aparentar sintonía con los verdaderos problemas de la economía, lo cual pasa inevitablemente por hablar en algún momento con los empresarios, que de eso – de economía, de la crisis y adláteres- saben algo. Anulado el papel de interlocución de la patronal CEOE, por razones bien sabidas (ni siquiera ha sido invitado un representante a la reunión, dando por descontado que Díaz Ferrán ya no es más que un cadáver político), Zapatero y sus asesores han hecho un auditorio a su medida, repartiendo entradas a un selecto grupo de empresarios para que se pueda decir eso de que “no están todos los que son aunque son todos los que están”. Por echar en falta, algún representante del amplio tejido empresarial de las pymes habría servido de adorno sugestivo.

Pero sigue sin estar claro el objetivo direccional de la cita. No se sabe bien si Zapatero quiere oir o pretende predicar. La diferencia es sustancial a estas alturas, aunque algunos dirán que el presidente es duro de oídos y por lo tanto no es buen receptor de sugerencias, así que la única dirección posible del ágape reside en lo que el presidente pida o aconseje a sus contertulios del sábado.

Dicen que va a pedir más inversiones, más empleo y menos beneficio. No se sabe si esta piadosa versión del hipotético discurso del presidente corresponde ciertamente a lo que les espera a los asistentes a la reunión, pero cabe suponer que a la inmensa mayoría, por no decir que a todos, la cantinela de recortar los beneficios para incrementar la inversión y el empleo les va a sonar como música celestial. Revelaría, además, que Zapatero sigue sin entender una palabra de economía. ¿En dónde se ha visto una economía con empresas que renuncian a ganar dinero para invertir? Se trata, probablemente, de un cruel equívoco. El auditorio en ese caso debería estar integrado por las ONG’s más representativas del país, antes que por los empresarios de primer nivel.