Las dos caras de la economía: dividendos y coste de la deuda

Menos mal que entre tantas desgracias hay alguien que nos proporciona motivos para la esperanza. Ha sido esta vez Repsol (cuyo presidente, Antoni Brufau, es uno de los 30 invitados del sábado a casa Zapatero), que acaba de anunciar un aumento del dividendo a cuenta del año en curso. Lo pagará poco después de Reyes, para alborozo del principal accionista de la compañía, Del Rivero, que tanto lío organizó el año pasado cuando se quedó sin el dinero que esperaba en concepto de dividendo, necesitado como estaba para pagar los intereses del crédito que tiene concertado para pagar en su día las acciones de Repsol que adquirió.

Esta vez, tras el recorte del año pasado, y como hay beneficios para ello, ya que la petrolera ha aumentado su resultado al cabo de los nueve primeros meses en más de un 30%, el pago a los accionistas subirá un 23,5% y todo apunta a que el pago definitivo, cuando al pago a cuenta se sume el complementario a mediados de año, los accionistas de Repsol recibirán más de un euro por acción en concepto de remuneración por los beneficios del año.

En todo caso, la subida del dividendo de Repsol no es una excepción en el sector empresarial español ya que más de la mitrad de las empresas del Ibex 35 está repitiendo o mejorando su remuneración a los accionistas en relación con el año pasado, prueba clara de que en España conviven dos realidades bastante diferenciadas en estos momentos, la de una economía oficial bastante renqueante y con la simpatía de los mercados enajenada y, por otra, un sector empresarial que ha logrado hacer las cosas bastante mejor que nuestros gobernantes y que se beneficia de una importante presencia internacional para obtener beneficios que en España posiblemente no conseguirían.

En contraste, la economía del país sigue en estado casi traumático a causa de los problemas de la deuda y de la inestabilidad del euro y, en general, del conjunto de los mercados. Este martes, la Bolsa ha subido (mucho menos que las restantes de Europa) pero, lo que es mucho peor para el país, el tipo de interés de los bonos a 10 años se ha instalado por encima del 5%, cuando en Alemania han tenido hoy mismo problemas para cubrir una emisión de deuda justamente por lo contrario que nosotros, porque los inversores no están dispuestos a recibir una remuneración tan baja como la que establecen los mercados para el bund alemán, el bono a 10 años de mejor calidad de Europa, según las convenciones al uso y la dictadura de los mercados.

El bono alemán renta la mitad que el español o, por decirlo de forma más próxima a nuestros intereses, el bono español tiene que pagar el doble que el alemán para que los inversores lo compren, dado que la confianza en la economía española atraviesa una etapa muy débil. En el caso español, los bonos a 10 años por encima del 5% constituyen un serio problema, ya que establecen una referencia de coste muy alto para el conjunto de nuestro endeudamiento, ya que todos los plazos a los que emite el Tesoro se referencian al tipo de 10 años.

Los problemas principales que está teniendo la Hacienda española este año con el control del déficit residen precisamente en el fuerte aumento de los costes financieros del Estado, ya que ha aumentado de forma excepcional el volumen de deuda emitida (quizás acabemos el año con unos 100.000 millones más de deuda pública respecto a las cifras de un año antes) mientras los intereses en algunos casos se están multiplicando casi por dos. Este doble impacto es en estos momentos la principal amenaza para el cumplimiento de los objetivos de déficit establecidos y por los que nuestros vecinos no examinan a diario.