El termómetro de Álvarez

El hecho de que El Corte Inglés haya reducido en algo más del 40%  su inversión durante el último ejercicio fiscal (cerrado en febrero pasado)  no es un asunto de menor importancia. Es relevante por su impacto en la economía, ya que son unos 800 millones de euros menos que podrían haber significado bastante en nivel de empleo. Pero quizás sea un tema de más alcance cuando se le asigna un valor de diagnóstico del futuro de la economía española.

La empresa que preside Isidoro Alvarez, sobrino del fundador, Ramón Areces,  es una de las  compañías españolas más significativas en el sentido de que sus latidos y sus vibraciones reflejan bastante bien algunos de los sentimientos y de las sensaciones más arraigadas en cada momento en la sociedad española y sobre todo en la economía. Basta darse una vuelta dos o tres veces al mes por las tiendas del líder español de la distribución para extraer conclusiones bastante aproximadas del acontecer de la economía española.

El Corte Inglés es una de las grandes empresas españolas cuya dependencia del dinero público es menor.  Zapatero no suele retratarse nunca con Isidoro Alvarez, aunque prodigue las reuniones de alto nivel con banqueros y constructores. Es una empresa que no tiene vitola de poderosa ni sus dirigentes fama de influyentes. Es más, salvo Alvarez (que tampoco es un prodigio de  fotofilia, valga de palabra), ninguno de sus directivos aparecería nunca en las clasificaciones de gente importante de este país. Son unos perfectos desconocidos, no sólo para el gran público, también para los sectores más elitistas y enterados de la sociedad.  La escasa dependencia del dinero público que caracteriza a este grupo empresarial (no así de las autorizaciones de apertura de nuevos centros, asunto en el que tiene serias dificultades con algunas Autonomías que todavía esgrimen el presunto perjuicio que esta empresa causa a los pequeños comerciantes, vivero de voto popular en algunos casos) puede facilitarle las cosas en un entorno como el que se avecina para el próximo ejercicio, caracterizado por las estrecheces presupuestarias.

Las tiendas de El Corte Inglés son materia prima suficiente para cualquier análisis de coyuntura. No hace falta devanarse mucho los sesos con cuadros estadísticos y con datos de la más diversa procedencia para llegar a  conclusiones bastante similares que las que puede obtener un observador atento que se fije en los pasillos y sobre todo en los que conducen a las salidas de los establecimientos, para comprobar cuántos de los visitantes han venido a eso, a darse un paseo, y cuántos salen con las bolsas medio llenas o repletas. El Corte Inglés es todo un termómetro en el que trabajan poco más de 90.000 personas (equivalentes a tiempo completo) y cuyas tiendas son visitadas cada año (según estimaciones de la propia compañía) por unos  650 millones de personas. Hay materia, por lo tanto, más que suficiente para considerar que se trata de un pozo de sabiduría estadística y económica. En auténtico termómetro, en suma.

De todas las ideas y manifestaciones que han salido de la  Junta de Accionistas de la empresa, celebrada este último domingo de agosto (es tradición), lo que puede resultar más llamativo es el frenazo  en la inversión y la afirmación de Alvarez de que el “año más difícil” ha quedado atrás. Es una buena valoración y lo sería más si no fuera porque el futuro tampoco aparece como para tirar cohetes.

No invertir quiere decir,  de alguna forma, renunciar a un futuro más optimista, de crecimiento, y quiere decir también que los recursos que generan hoy en día las empresas están bastante más ajustados que en el pasado y existen tanto menos disponibilidad de autofinanciación como menor alegría crediticia, asuntos ambos que nos sitúan en el epicentro de la actual situación económica. Cuando hay expertos y analistas que dicen que España tardará en salir de la crisis y que esta será más pronunciada que las que conocíamos en los últimos lustros, se está precisamente aludiendo a que los empresarios no ven  el futuro suficientemente claro como para seguir invirtiendo. Y optan por la posición conservadora. En el caso de El Corte Inglés no habrá parón, pero sí una reconsideración de estrategias de inversión. Es una posición bastante extendida entre las grandes empresas españolas en los últimos meses.  Han optado por diversificar: centrar el esfuerzo de crecimiento en otros mercados fuera de España y, aquí dentro, mejorar eficiencia y diversificar productos y actividades. El termómetro del crecimiento registra todavía temperaturas bajas.