Zapatero en China

El presidente Zapatero inicia la semana en Asia, a donde se ha desplazado para visitar China y, por primera vez, Japón. Es una buena noticia que España se interese por ampliar la presencia en Asia, ya que es ahora mismo – y previsiblemente en los próximos años – el escenario en el que se van a desarrollar algunas de las principales cuestiones económicas del mundo, desde luego la del crecimiento, ya que a pocos años vista sólo se vislumbran tasas de crecimiento económico sustanciales en economías como China e India, esta última no incluida en la agenda del viaje.

La presencia de España en China se ha visto reforzada de forma notable en los últimos años hasta el punto de que son ya más de 400 las empresas que operan en el país más poblado del mundo, un país que entre tanto nos está arrebatando – como era lógico suponer – algunos de los  pocos puestos de privilegio que España ocupaba en la escena internacional. Por ejemplo, el más reciente, el de contar con uno de los sectores turísticos más desarrollados del mundo. China  no hace más que escalar posiciones como actor relevante en la escena mundial. Este año 2010 superará a Japón para convertirse en la segunda potencia económica mundial, tras haber rebasado hace pocos años a Alemania, arrebatándole la tercera plaza. Ahora le ha quitado la segunda a Japón.

Pero en algunas actividades sectoriales, como la llegada de turistas, su escalada está siendo también  notoria, hasta el punto de que en el año 2010 también logrará mejorar su posición mundial, al desplazar precisamente a España de la  tercera plaza que ocupamos (tras Estados Unidos y tras el líder absoluto, Francia) y bajarnos hasta el cuarto puesto. Es lógico que China posea una capacidad de atracción turística superior a la española por numerosas razones.

Lo que sería deseable ahora es que el pujante poderío  económico chino se convierta en un beneficio también para  España, mediante el aumento de los turistas chinos que vienen a estos lares  cada año y en un aumento de los flujos de capital chinos hacia España.  Es preciso recordar que China cuenta con las mayores reservas líquidas exteriores del mundo, con más de 2,5 billones de dólares, y que se trata del primer financiador de Estados Unidos, dado el elevado volumen de títulos del Tesoro en manos de las autoridades chinas. Hace unas semanas, China ha empezado a derivar algunas inversiones de sus fondos estatales hacia la deuda pública española, tomando las primeras posiciones significativas de títulos españoles de deuda.

Posiblemente el apoyo a esta línea de actuación financiera de los agentes públicos de China sea una de las cuestiones que el presidente Zapatero desplegará en sus conversaciones con las autoridades chinas durante estos dos próximos días. Por cuestiones de volumen, la deuda  soberana española, la que ha emitido el Estado, es varias veces inferior al volumen de recursos financieros que guarda en  sus arcas el gigante chino, por lo que derivar hacia la financiación del Estado español una parte muy modesta de estas reservas no supondrá esfuerzo alguno, sobre todo porque la deuda española puede ser una de las más rentables del mundo desarrollado.

A todo ello se podría añadir la presencia de empresas chinas en España mediante inversiones directas, dado el interés que tiene China en Latinoamérica y la privilegiada posición que muchas empresas españolas tienen en esta zona del mundo. China no ha ocultado su interés en ocasiones por tener alguna relación más estrecha con compañías españolas presentes en el mercado de las materias primas, como Repsol.

Sobre la mesa hay también otras cuestiones relacionadas con nuestras relaciones económicas bilaterales, en especial las de índole comercial, ya que China es ya el tercer suministrador de productos a España tras dos de nuestros socios comunitarios, lo que significa que es el mayor del mundo fuera de la Unión Europea. La injustificada valoración  que las autoridades chinas otorgan a su divisa, el yuan, es en buena medida la responsable de esta situación, lo que a su vez se traduce en un inconveniente para nuestras exportaciones al que en unos años será el mercado más grande del mundo. Las presiones sobre China para que ajuste a la realidad su tipo de cambio deberían contar con la voz de Zapatero, que se sumaría a las que ya le reclaman esta medida desde otros países bastante más  importantes, como notoriamente Estados Unidos.