Exámenes de septiembre

Durante el mes de septiembre, la economía española se tiene que enfrentar a una serie de exigentes exámenes. No es menor el que están ya empezando a realizar, a la luz de los últimos datos oficiales, los analistas de la agencia Moody’s, los únicos que todavía no han bajado a España del pedestal de lo más alto del cajón de la lista de países más solventes y fiables del mundo, es decir, los que tienen la calificación de triple A.

Esta agencia ha anunciado que en septiembre daría su veredicto sobre España, pero la mayoría ha leído el aserto de forma ya bastante definitiva, es decir, considerando que la decisión de recorte del nivel está más que tomada. No se entiende, de otra forma, cómo el  diferencial de tipos de interés entre España y Alemania se ha incrementado en las últimas fechas hasta cotas de los 190  puntos básicos, es decir, 1,90 puntos de interés.

Los mercados están dándole a España una calificación bastante peor que hace unas  semanas, cuando se publicaron los datos de los exámenes a los principales bancos europeos, una  información que supuso un importante alivio para las cuentas públicas de nuestro país, ya que las cuatro subastas de deuda celebradas desde entonces no sólo se han cubierto sin problemas sino que han gozado del beneplácito de los inversores, que no han tenido inconveniente en aceptar tipos de interés más bajos para prestarnos dinero, unas veces a corto plazo (menos de doce meses), otras a medio y largo plazo. Dentro de unos días el Tesoro afronta una emisión a 10 años de plazo y será buena ocasión para convalidar el estado de ánimo de los mercados. Pero, de momento, los inversores internacionales nos mantienen en cuarentena, con un diferencial de tipos muy superior al que tenía la deuda española a principios de año.

Las últimas novedades en el mundo de las calificaciones de las agencias han sido, como era de esperar, malas. La última la ha  dictaminado Standard & Poor’s, que ha recortado su opinión sobre Irlanda con el argumento de que este país se ha tenido que dejar hasta las cejas para salvar con dinero público a sus bancos. En su caso, el fuerte drenaje de dinero que ha implicado mantener en pié a algunos pocos de sus grandes bancos con proyección exterior (no haberles apoyado habría sido catastrófico para la deuda irlandesa) puede acarrear para Irlanda un nivel de endeudamiento público complemente desproporcionado para este  país, que llegaría a un nivel de deuda superior al PIB.  Estiman los analistas de S&P que Irlanda está en niveles del 113% del PIB en deuda pública, frente al 65% que correspondería por estas mismas fechas a España, aunque el nuestro con clara tendencia a subir.

Los argumentos que maneja Moody’s para  un eventual recorte de la calificación española no son, desde luego, similares a los de Irlanda. España no tiene un sector financiero en fase de descrédito internacional y necesitado urgentemente de fondos masivos. Lo que será argumento principal para mostrar las debilidades de España ante un eventual recorte de la calificación es el débil crecimiento de la economía española, una debilidad que se verá algo aliviada (menos de lo deseable) por el empujón que está recibiendo Europa en conjunto del renacido dinamismo económico de Alemania.

Pero para beneficiarnos de ese impulso será necesario tomar las medidas creíbles que el Gobierno español sigue gestionando de  forma timorata, con  miedo a herir sensibilidades políticas y sobre todo con temor a lo que puedan hacer los sindicatos, que de momento siguen calentando el ambiente de cara a la huelga general de finales de mes. No deben estar muy convencidos de su éxito por la forma en la que  se expresan y por las reducidas acciones que vienen desarrollando. Pero lo importante para los sindicatos es tener a Zapatero amedrentado, como parece que han logrado. Ese es el mayor éxito de una huelga que todavía no está más que sobre el papel y que por desgracia para los intereses de la sociedad española está condicionando la actuación del Gobierno en la adopción de medidas económicas firmes.