Europa, dos velocidades, un problema

Está bastante extendida la idea de que los próximos dos años, quizás algo más, la economía europea va a estar sometida a altos grados de tensión debido a las dos velocidades que se están configurando, casi desde el inicio de la crisis,  en el crecimiento económico. Por un lado, Alemania en mayor medida junto a Francia e Inglaterra, tirando del carro de la recuperación europea, incluso con tasas de crecimiento que se podrían considerar espectaculares, como las que se están pronosticando para Alemania, con un 3% e incluso más de aumento del PIB este mismo año. De otro lado, el depauperado club de los países periféricos, en el que está integrada España pero del que forma parte un pelotón por desgracia bastante amplio, en el que se incluyen Italia, Irlanda, Portugal y desde luego Grecia. ¿Sobrevivirá esta Europa con tantas asimetrías?

Quizás no tardemos mucho en salir de dudas porque en los próximos meses, antes de que concluya el año, empezaremos a oír demandas de cambio de rumbo en la política económica de algunas grandes economías y sobre todo de algunas instituciones de ámbito común desde las que se dictan e instrumentan las políticas de ámbito comunitario. En particular, las políticas monetarias, sobre las que los Gobiernos no tienen potestad directa, ya que esta ha sido transferida al Banco Central Europeo (BCE).

Los países más avanzados van a necesitar y a reclamar medidas económicas de carácter comunitario que posiblemente entren en colisión con los intereses de los países más rezagados en el  crecimiento de sus economías, en la recuperación de los equilibrios fiscales y en la aplicación de las reformas estructurales tantas veces demandadas desde Bruselas pero que con tanta desidia aplican algunos Gobiernos, sometidos casi siempre a calendarios políticos poco congruentes con la adopción de medidas firmes.

Una de las demandas que pueden salir de algunos Gobiernos europeos es la aplicación de  una estrategia más firme de lucha contra la inflación, que requerirá en su momento la intervención del Banco Central Europeo (BCE). Esta institución, además, va a estar presidida eventualmente por un alemán en los próximos años, quien tomará el relevo del francés Trichet a la vuelta de unos meses. Con Alemania creciendo a ritmos elevados y con riesgos de inflación a la vista, no será muy arriesgado vaticinar que el BCE va a ser altamente sensible a los riesgos de descarrilamiento inflacionario, lo que acarreará subidas de tipos de interés.

Es bastante probable que las próximas subidas de tipos de interés en Europa van a pillar con el pie cambiado a bastantes países, a los que les convendría un alargamiento de la relajada política monetaria de estos últimos años, en los que la debilidad de las economías europeas obligaba a costes del dinero bajos, incluso extremadamente bajos, como los que todavía perviven. ¿Durarán mucho? La divergencia entre las tasas de crecimiento de unos países europeos y otros planteará al BCE y a las autoridades de Bruselas una situación nueva, que no se había dado desde la fundación del euro con tanta intensidad, la de calibrar una política monetaria que sirva de traje común para todos los miembros de la Unión Monetaria, en ausencia de trajes a la medida.

Esta discrepancia entre la evolución de las economías es un hecho nuevo para la Unión Europea y posiblemente intensificará la necesidad de un gobierno económico común y la puesta en práctica de orientaciones políticas mucho más vinculantes para los países miembros, ya que en caso contrario la UE podría saltar por los aires, con un escenario en el que no podría descartarse que algunos de sus miembros optaran por abandonar el club. En todo caso, para los países europeos que ahora mismo sufren un considerable retraso en su recuperación económica, España entre ellos, el inmediato futuro parece exigir una urgencia considerable en la adopción de medidas que permitan restaurar cuanto antes las condiciones de un crecimiento económico más adecuado al nivel medio de la UE.