El tiovivo bursátil

Por enésima vez en los últimos meses, una idea muy extendida en el mercado ha demostrado ser falsa, errónea o tergiversada. Lo que se puede observar a diario es que existe una altísima volatilidad en el mercado, es decir, unas oscilaciones muy fuertes de las cotizaciones y, en consecuencia, de los índices. Y que las caídas y las recuperaciones se suceden con pasmosa periodicidad. Al menos se contabilizan este año 15 sesiones bursátiles de las 126 transcurridas desde que comenzó el año en las que el Ibex ha subido o bajado más del 3% sobre el día anterior. Ha habido 10 días de caídas superiores al 3% y 5 de ganancias superiores al 5%, entre ellos el 10 de mayo, cuando subió de golpe un 14,43%, la mayor subida en una sola sesión. Curiosamente, esto sucede en un año en el que el Ibex 35 acaba de cerrar su peor semestre de la historia, con un descenso en el semestre del 22,42%.

Cabría preguntarse si semejantes rangos de volatilidad tienen sentido económico e incluso bursátil. Si la respuesta es negativa, estaríamos en condiciones de afirmar que el año 2010 es el año del rumor infundado. Lo sucedido en esta misma semana con las subastas de liquidez del BCE está siendo un ejemplo digno de estudio.

Las Bolsas se precipitaron a las proximidades del vacío el martes cuando muchos cayeron en la cuenta de que el jueves próximo iban a vender 442.000 millones de euros prestados por el BCE a los bancos europeos hace ahora un año. Dedujeron algunos que, como los bancos no iban a tener dinero para atender a tanta devolución de créditos, el sector financieros bordearía la tragedia. Un día antes, y con la sana intención de evitar problemas, el BCE tenía fijada una subasta trimestral de dinero para suministrar el miércoles lo que hiciera falta el jueves, en previsión de que algunas tesorerías del sector financiero estuvieran tan secas que no pudieran acudir a responder de sus créditos otorgados hace un año.

El despiste sobre la verdadera situación de la liquidez del sistema bancario ha sido tan monumental que todavía un cuarto de hora antes de que se fallara la subasta de dinero a tres meses había tesorerías de renombre pronosticando el dinero que sería necesario para afrontar con éxito las amortizaciones del jueves. Calculaban algunos expertos, en efecto, que las necesidades de liquidez el miércoles estarían entre los 250.000 y los 300.000 millones de euros. Pocos minutos después se supo la verdad: la subasta trimestral de dinero se saldó con unas adjudicaciones del orden de los 131.000 millones de euros. Es decir, la mitad o menos de la mitad de las previsiones.

Como es natural, el mercado reaccionó aliviado, recuperó una cierta normalidad y las Bolsas, en especial las más sometidas a sospechas de dificultades de liquidez (caso de la española y sus instituciones bancarias) se desmelenaron con importantes subidas. Este miércoles ha sucedido en el Ibex 35 una cosa que posiblemente no tiene precedentes históricos: los seis bancos que forman parte del Ibex 35 ocuparon las seis primeras plazas por revalorización bursátil en el curso de la sesión. Los bancos estaban en el centro de la diana de los rumores y, al desmontarse la hipótesis de un déficit de liquidez, han registrado importantes subidas. La Bolsa, en suma, es un dechado de especulación sin solvencia en la calidad de la información que por ella circula. No toda la mercancía que a diario se trajina en los mercados de renta variable es defectuosa. Pero hay demasiada información insolvente, que nunca llega a confirmarse ni a materializarse. Lo menos grave que se puede decir en estos momentos del mercado de acciones y del nivel de las cotizaciones es que pocas veces habrá reflejado un distanciamiento tan severo con la realidad. Los canales por los que circula la información están llenos de trampas y quizás sería bueno que alguien se ocupara de ponerle coto a tanto infundio.