Leyes que paralizan la economía

La seguridad jurídica es una de las piedras angulares de cualquier sociedad civilizada y, en especial, es crucial para el buen funcionamiento de una economía de mercado. Hay en estos momentos en España  (recuérdese, país en crisis económica, de la que posiblemente tardará en salir un buen puñado de años)  demasiados cabos sueltos en la regulación económica como para pensar que estamos en el mejor de los mundos en lo que atañe a la actuación confiada y libre de los agentes económicos.

Viene esto a cuento porque muchas, demasiadas, de las decisiones económicas que  toman o dejan de tomar los agentes económicos están condicionadas por leyes  o decisiones inestables, leyes que están en proceso de  reforma a pesar de que estén en vigor (caso de la reforma laboral), disposiciones que  han sido anunciadas pero no se sabe cuándo entrarán en vigor, si es que entran en vigor algún día y cómo (caso de las energías renovables y los incentivos a algunas de ellas, en las que incluso se ha llegado a plantear la posibilidad de que tengan carácter retroactivo, toda una aberración) o medidas que se anuncian con excesiva anticipación (caso de la entrada en vigor de la subida del IVA a partir de primeros de julio, es decir, a mediados de esta misma semana)  o que se ofrecen con un horizonte temporal no precisado y que son objeto de especulaciones continuadas sobre si se van a prolongar en el tiempo o se van a dar por concluidas cuando se cumpla una determinada condición.

En el caso del Plan 2000e, por ejemplo, las ayudas  a las compras de coches han generado un auténtico desbarajuste que  está  multiplicando los pleitos y las actuaciones judiciales, convirtiendo a los tribunales de  Justicia en una auténtica corte de arbitraje económico para dirimir cuestiones de poca enjundia y de escasa cuantía, pero que enzarzan a consumidores, fabricantes y  distribuidores en una auténtica guerra en pro de las subvenciones.

De todos estos impactos no deseables de la actividad política y legislativa en las decisiones económicas quizás el más doloroso y lamentable es el que toca a la nueva legislación laboral, que ha sido aprobada ya en numerosas instancias, que está por lo tanto en  vigor y que sin embargo ha entrado en una vía de reforma admitida por todo el mundo para mejorar (eso dicen) algunos de los aspectos menos claros o que han dejado menor grado de  satisfacción entre los agentes económicos.

Por desgracia, la tramitación de estas “mejoras” va a ser larga en el tiempo y se habla de que el nuevo texto, ya con las bendiciones suficientes de los  parlamentarios que conformen al respecto la mayoría suficiente, podría estar listo para dentro de este año, quizás para después de las vacaciones de verano (por increíble que parezca, la maquinaria legislativa de un país con 4,5 millones de parados se detiene en los meses de verano o funciona a muy escasa velocidad, incluso si se trata de un asunto tan crucial como la reforma laboral) o como mucho para noviembre.

Hay, por desgracia, sospechas fundadas de que la aprobación de la ley tal y como está ha producido ya dos efectos que antes no se daban, por un lado la paralización de la contratación hasta ver en qué acaba todo el desbarajuste legal existente (cuya provisionalidad es la peor de sus características)  y, por otro, aceleración en la toma de algunas decisiones en empresas que han visto el cielo abierto para aprovechar el limbo legal que parece haberse producido en algunas cuestiones  relacionadas con  la mayor facilidad del despido o el más bajo coste de la indemnización por despido. Asunto este último que puede derivar en una multiplicación de los litigios laborales, fruto de la cual serían sentencias pronunciadas en relación con una ley que estuvo en vigor durante unos meses pero que, a la fecha de la correspondiente sentencia, ya contemplan otros escenarios. En suma, inseguridad en las leyes y a la postre en  las decisiones económicas en un país paralizado por una crisis económica de largo alcance y con varios millones de parados  en el que, lo menos que se necesitaba, era un derroche de  incertidumbre.