La pesada digestión

Hace ya algún tiempo que los informes periódicos del Banco de España sobre el estado de la economía española venían advirtiendo que el nivel de endeudamiento de los agentes económicos en España estaba alcanzando cotas demasiado elevadas, por encima de lo que solía ser habitual en nuestra historia económica. La Comisión Europea se acaba de unir ahora a este diagnóstico utilizando desde luego las mismas cifras y parámetros que los que maneja el regulador y en particular su Servicio de Estudios. En resumen, lo que estos análisis han venido a repetir en los últimos dos o tres años es que el atracón crediticio que se han dado familias y empresas en España supera lo que es habitual en los países desarrollados y, dada la debilidad de la economía y del empleo, las posibilidades de devolución de tanta deuda han disminuido. La digestión de los excesos de estos años atrás está empezando a ser pesada y va a durar bastante más que la de nuestros vecinos.

Acaba de dictaminar en su informe económico trimestral la Comisión Europea que debido al elevado endeudamiento español, en especial el del sector privado, España va a necesitar unos cuantos años para devolver el nivel de endeudamiento a niveles razonables. La Comisión habla de siete años. Naturalmente, la digestión de ese plus de deuda privada irá en detrimento del gasto de consumo, lo que significa que el potencial de crecimiento de la economía posiblemente se verá dañado por una temporada, de duración difícil de precisar. Si el consumo crece con menor intensidad, uno de los motores básicos de la economía marchará a ritmo lento, dejando en una especie de vía lenta el crecimiento del PIB español y, por lo tanto, la posibilidad de acercamiento de nuestro nivel de renta per capita al de las principales economías. Incluso algunos expertos vaticinan que existe la posibilidad de que el PIB por habitante español caiga por debajo del 100% europeo (ahora está en el 103, es decir, somos un 3% más ricos de media que el promedio de los moradores de la Eurozona.

Cuando se pronostica una etapa de crecimiento lento para España en los próximos años se quiere decir precisamente que el alto endeudamiento está lastrando la posibilidad de destinar una parte de la renta al gasto. En la actualidad, la deuda de los hogares representa un 125% de la renta disponible de las familias, un porcentaje que supera nada menos que en 80 puntos el existente en los años 90, cuando esta relación se situaba en torno al 45%. Es decir, en los años 90 podíamos pagar la deuda con la mitad de nuestros ingresos. En la actualidad, para pagar la deuda tendríamos que destinar la totalidad de nuestros ingresos más un 25% adicional. La deuda se ha convertido en un deporte nacional, auspiciado obviamente por las entidades financieras. En los últimos años, el porcentaje de españoles de más de 18 años con un crédito a sus espaldas ha aumento en 20 puntos.

Esta es una de las diferencias sustanciales entre la oportunidad de recuperación de la economía en la actualidad en contraste con lo que sucedía hace unos 10 ó 15 años. Los márgenes que tienen hoy las familias para destinar recursos al gasto son bastante menores que hace unos años, cuando el peso de las deudas era mucho menor.

Estas diferencias contribuyen también a explicar por qué los mercados están mostrando un grado de preocupación importante por la salud de los balances de las entidades financieras. No es que las familias españolas estén en quiebra y no vayan a pagar sus deudas, pero sí que existen en la actualidad, a diferencia de hace un decenio, muchas más familias en una comprometida situación financiera, que puede derivar en incumplimiento de las obligaciones de amortización de crédito con mayor grado de probabilidad que en el pasado. La situación podría incluso agravarse si se tiene en cuenta que nos encontramos en una fase de tipos de interés mínimos históricos y que cualquier oscilación al alza en los tipos de interés del sector privado puede agudizar de forma significativa el agobio de la deuda. Habrá que poner una vela a muchos santos para que la bonanza en los tipos de interés dure mucho tiempo y facilite la amortización de las deudas.