Cuando la recesión llama dos veces

La consecuencia de haber llegado tarde a la adopción de medidas para corregir la deriva en la que se ha situado la economía española desde hace dos años puede ser visible en los próximos meses. Los economistas de Funcas, la Fundación de las cajas de ahorros, acaban de estimar que existe una alta probabilidad de que nos enfrentemos en la segunda parte del año a eso que se llama recesión, es decir, dos trimestres consecutivos de descenso de la producción y de la actividad económica. Es decir, dos caídas del PIB. Sólo a partir del primer trimestre del año próximo empezaría la economía a tomar aliento, aunque con desesperante moderación, ya que no se esperan aumentos del empleo hasta finales del año 2011. La economía, por lo tanto, afronta una especie de “w”, o sea, de dos recesiones seguidas en muy corto espacio de tiempo.

El horizonte, en suma, es bastante preocupante, mientras se prodigan las reflexiones de políticos de todas las tendencias (Zapatero a la cabeza) que aseguran que la reforma laboral no va a crear empleo a corto plazo y que no se esperen milagros. Todo ello, dicho cuando aún no sabemos a ciencia cierta cuál será el contenido preciso de la nueva legislación que regule las relaciones laborales, ya que el debate parlamentario abierto es ahora mismo la gran esperanza de mejora del texto que aprobó el Gobierno y que, de momento, está en vigor, hasta después del verano, cuando en teoría salga el nuevo, convertido ya en ley.

El origen de esta recaída está por un lado en el enorme apoyo artificial que el Gobierno decidió proporcionar a la economía y a los sectores sociales más perjudicados por la crisis mediante inyecciones muy fuertes de dinero el año pasado, buena parte de los cuales está aún en funcionamiento. La retirada de estos apoyos y estímulos a lo largo de los próximos meses nos conducirá a una pérdida de impulso en la actividad económica, que será más visible en todo lo relacionado con la obra pública.

La segunda explicación de la pérdida de ritmo es el impacto depresivo del plan de ajuste aprobado por el Gobierno hace unas semanas y que se traducirá en recortes de gastos unidos a la elevación de la fiscalidad indirecta, el IVA, que ha jugado el papel perverso de anticipar los gastos de consumo, creando una ficción de aceleración de la actividad económica en el segundo trimestre, en vísperas de la subida del IVA, que luego se traducirá en una caída mayor que la subida previa. En suma, el tercer trimestre puede marcar el momento más bajo de la actividad económica este año, aunque el hecho de que España sea un país eminentemente turístico, actividad que se desarrolla básicamente en el curso del tercer trimestre del año, puede contribuir a moderar el bache. El protagonismo económico del tercer trimestre corresponde en buena medida a la demanda exterior, es decir, al gasto de los turistas.

Es de esperar que la subida del IVA en julio no se traslade a precios en este sector económico, ya que en caso contrario ello podría contribuir a frenar la demanda. No obstante, buena parte del gasto de los turistas se compromete con anterioridad a su estancia en España, en especial lo relacionado con los precios de las estancias hoteleras. No así sus gastos de bolsillo. La España que visitarán los turistas este verano será, en todo caso, una economía en recesión, posiblemente la única economía europea que, por tener un Gobierno que se quiso engañar haciendo solitarios, se encuentre recorriendo de nuevo, por segunda vez en menos de dos años, el ingrato camino de la recesión. El hecho no tiene precedentes en la economía española.