China, el señor de los mercados

La larga mano de China se ha dejado notar por unos momentos en los volátiles mercados bursátiles y de divisas europeos a lo largo de este jueves. No suele ser muy explícita la actuación del gran país asiático en los mercados internacionales, pero cuando se decide a intervenir o realiza alguna declaración significativa, el nerviosismo y la alarma suelen dispararse. Esta vez ha sido una declaración, además, tranquilizadora como respuesta a un rumor según el cual China iba a vender sus activos de deuda europeos, asunto que ha puesto a temblar a muchos tesoreros institucionales. La reacción de alivio cuando se ha disipado este riesgo ha recorrido los mercados.

En realidad, China es potencialmente el dueño y señor de eso que llamamos los mercados y que en ocasiones se tiñe de valoraciones ideológicas pintorescas o de argumentos exculpatorios en manos de políticos con escasa eficiencia en su trabajo y ganas de confundir al personal. Una aproximación a la realidad es, como sucede casi siempre, bastante más compleja. Para empezar hay que recordar que China es no sólo la mayor fábrica del mundo que exporta bienes manufacturados a todos los mercados a precios altamente competitivos. Es, además, y sobre todo, pese a no ser muy conocido, el gran cajero del mundo. Vamos, el que tiene más dinero contante y sonante. Se estima que las reservas mundiales de dinero o de liquidez rondan en la actualidad los 7,5 billones de dólares, de las cuales dos terceras partes las atesoran los denominados países emergentes. Y, entre ellos, China es el gran cajero universal, ya que se sienta sobre un saco de dinero estimado en la actualidad en 2,4 billones de dólares, es decir, el equivalente a unas dos veces el PIB español. O sea, con las reservas de China se podrían comprar países enteros. Y no países cualesquiera, sino potencias económicas de cierta envergadura. Tras China, Japón es el segundo cajero mundial (poco más de un billón de dólares) y Rusia, con unos 450.000 millones de dólares, ocupa la tercera plaza.

China se ha ido haciendo con ese volumen de reservas porque cuenta con un superávit permanente en la balanza de pagos con el exterior. O sea, es el reverso de Estados Unidos o de países como España, que muestran un déficit congénito en sus cuentas exteriores. También es relevante la defensa de la divisa propia, es decir, el mantenimiento de un tipo de cambio favorecedor de las exportaciones chinas, asunto del que frecuentemente se quejan los estadounidenses y los europeos, que gustarían de ver una divisa china (el reiminbi) más fuerte y más en sintonía con el papel importante que juega esta economía y sobre todo el soporte que le dan sus inmensas reservas de divisas exteriores.

Casi todas estas divisas están en dólares, lo que significa que China tiene un poder muy importante a la hora de condicionar el valor del dólar en los mercados. Pero es un poder más ficticio que real, como se ha podido comprobar en algunas ocasiones recientes. China no puede vender dólares a placer porque estaría castigando el valor de su propia riqueza, de forma que es de alguna forma su propio prisionero. Otro de los rasgos de las enormes reservas exteriores de China reside en el hecho de que este país es el principal financiador del déficit fiscal de Estados Unidos, ya que cuenta con volúmenes ingentes de bonos del Tesoro americano. Podría hundir su cotización de no ser porque precisamente China sería el mayor damnificado de tal disparate.

En las últimas horas ha circulado el rumor de que China podría vender deuda europea, de la que tiene bastante, aunque no tanto como deuda del Tesoro estadounidense. Era lo que nos faltaba. Parece que el rumor es más bien una especulación sin fundamento, no porque los chinos no puedan vender deuda europea con grave quebranto para el euro, sino porque iría una vez más contra sus intereses y además erosionaría la imagen de país serio que ha tratado de cultivar China en los últimos años en sus relaciones económicas internacionales.