Otra vuelta de tuerca a los bancos

Los mercados bursátiles se están ensañando estos días con las cotizaciones bancarias. Es un fenómeno europeo pero que también tiene reflejo en el sector financiero español, ya de por sí bastante castigado por la ola de desconfianza que existe en torno a la calidad de los activos inmobiliarios de bastantes cajas de ahorros y, en menor medida, de los bancos.

La presión sobre las cotizaciones está siendo especialmente intensa ahora porque no sólo hay problemas con las carteras de deuda soberana que tienen los bancos (los que tienen activos griegos están siendo castigados con mayor severidad, sobre todo algunos bancos alemanes y franceses) sino que se les vienen encima algunas medidas oficiales de índole regulatoria que recortarán los beneficios del sector en los próximos años. Algunas de estas medidas son de ámbito europeo e incluso mundial, en la medida en que están siendo impulsadas por el G-20. Otras son de inspiración europea. Y algunas son de ámbito estrictamente local.

Hay un auténtico pavor entre las autoridades ante la idea de que una crisis como la del otoño del año 2008 pueda repetirse de nuevo. En consecuencia, las autoridades redoblan en estos momentos los esfuerzos por crear mecanismos de supervisión para anticipar las crisis en la medida de lo posible y también instrumentos de financiación para que, llegado el problema, el mismo sector haya generado recursos suficientes para pagarse sus propias medicinas, algo que no ha sucedido en las recientes crisis financieras que se han desarrollado en varios países occidentales, en los que el dinero público ha tenido que salir masivamente en apoyo de los bancos en quiebra o en apuros.

Una de las medidas de ámbito local (las de carácter supranacional también están al caer) la acaba de anunciar el Banco de España para las entidades que operan en el mercado español y que están sometidas a la supervisión del banco central doméstico. Se trata de elevar en un 10% adicional, hasta alcanzar el 30%, las dotaciones para cubrir los activos que los bancos y las cajas tienen en su poder como consecuencia de fallidos en su clientela.

El propio Banco de España ha realizado una estimación del impacto que esta medida puede tener este mismo año en las cuentas de los bancos, de forma que podría darse por buena la previsión de que los beneficios van a experimentar un recorte del 10% solamente por la aplicación de estas mayores dotaciones. No es una cifra excesiva pero mete presión a los gestores bancarios para dar una salida más airosa a su enorme stock de activos inmobiliarios y, en todo caso, constituye un paso a favor de un mayor grado de solvencia de las entidades, que deberán ahora cubrir hasta el 30% del valor de tasación de los activos que tienen en cartera.

La crisis inmobiliaria tiene su máxima expresión en los balances de las entidades de crédito, rebosantes hoy de escrituras de propiedad de viviendas, locales, naves industriales, solares,… Darle salida a todo este volumen de activos no es posible a corto plazo debido a la debilidad de la demanda. Al día de hoy, todavía son más las entidades financieras en las que entran más inmuebles a causa de situaciones de impago de los que salen por la vía de las ventas. Por lo tanto, reforzar la cobertura de los activos de presencia no deseada constituye una medida a corto plazo negativa para el sector (ya que recorta los beneficios) pero a medio y largo plazo saludable en la medida en que refuerza la solvencia de las entidades. Estas precauciones que acaba de anunciar el Banco de España se acumulan a las que van a adoptarse desde instancias internacionales en los próximos meses. Todo ello porque nadie quiere vivir de nuevo una crisis financiera de las dimensiones de la que estamos tratando de superar.