La escalada de la deuda pública

No sólo los mercados no acaban de creerse que España logre reducir el déficit público hasta el 3% en el año 2013. Esa idea la comparten muchos agentes económicos, muchos inversores, muchos analistas y bastantes instituciones internacionales. Algunas de ellas incluso se atreven a decirlo en público, cosa difícil porque todos son conscientes  del efecto demoledor que pueden tener las declaraciones realizadas por algunas instituciones en momentos delicados como el actual. 

Admitiendo estas limitaciones, el Fondo Monetario Internacional acaba de advertir al Gobierno español de la necesidad de acelerar la reducción del déficit público. Este Gobierno, que no sólo actúa con parsimonia en lo económico sino que muestra una tendencia preocupante hacia la sordera, ha dicho ya en diversas ocasiones que el objetivo del 3% se alcanzará sin ninguna duda porque la economía será capaz de generar los ingresos suficientes para ir cubriendo poco a poco los desfases. Pero esas afirmaciones descansan en un cálculo que ha sido generalmente tildado de erróneo. Es decir, se apoya en unas previsiones de crecimiento económico que casi de forma generalizada son calificadas de ilusorias. 

La economía española no va a recuperar la senda de crecimiento de los últimos años hasta dentro de un lustro, por lo menos, según  las estimaciones de quienes manejan previsiones a medio plazo. El crecimiento económico español será lento y pesado, nada que ver con el de los años últimos, anteriores al inicio de la crisis, entre otras cosas porque uno de los problemas que tiene que resolver antes la economía española, tanto el sector público como sobre todo el privado, es aliviar el enorme grado de endeudamiento acumulado en los últimos años de crecimiento febril. Es decir, vamos a vivir en una economía con capacidad de inversión bastante limitada y sin inversión no se puede esperar crecimiento del empleo. Y sin empleo, el consumo privado se mantendrá anémico durante unos cuantos años. Sólo las exportaciones podrán servir de aliviadero parcial a nuestras limitadas capacidades de crecimiento.

Estas sospechas  son las que están alimentando la incertidumbre sobre las posibilidades del sector público español de afrontar un saneamiento significativo de las cuentas públicas. Estamos, por lo tanto, abocados a un déficit que, si no se adoptan medidas específicas, puede representar en tres años (el pasado, éste y el que viene) en torno a un 35% del PIB, lo que sacará a España, uno de los expedientes más brillantes de la zona euro en cuanto a nivel de deuda, del selecto grupo de las economías de la Eurozona que cumplen los requisitos de acceso a la Unión Monetaria

Esta percepción, le guste o no al Gobierno, aunque parece importarle poco, es la que ha ido adquiriendo un papel dominante en los mercados en estos últimos días. Este jueves, la situación ha llegado de nuevo a niveles críticos, ya que el diferencial de la deuda española con la alemana se ha situado por encima de lo 1,40 puntos (el bono alemán  presenta una rentabilidad del 2,86% y el español  a 10 años del 4,23%, es decir,  los 140 puntos básicos mencionados), un nivel que multiplica por dos el existente en mes de abril pasado y que está en su cota más alta desde la fundación de la Unión Monetaria y la entrada en el euro.  

Este jueves hemos visto al Tesoro Público subir hasta el 3,58% el tipo marginal de la subasta de Bonos a 5 años, lo que significa aumentar unos 0,70 puntos el dato existente con anterioridad. El coste de esta subida agravará aún más el déficit público, ya  que los costes financieros del Estado van a convertirse en un auténtico calvario para los españoles en los próximos años. Y ello por dos motivos. Primero, porque los mercados nos exigen tipos cada vez más elevados para prestarnos dinero. Segundo, porque los importes de Deuda Pública que habrá que refinanciar en los próximos años serán fuertemente crecientes. Todavía no ha aparecido ningún español que pregunte hasta qué generación vamos a estar pagando la pasividad de los actuales gobernantes. Pero no tardará en aparecer.