Cuervos recogiendo colillas: el ridículo plan para limpiar las ciudades

Aunque no son la especie del reino animal que más admiración despierta, lo cierto es que los cuervos son animales extremadamente inteligentes. Más allá de las leyendas sobre el mal agüero que se cuentan sobre ellos, multitud de estudios e investigaciones han venido a demostrar su enorme capacidad de reflexión, así como su destreza para resolver ciertos problemas de forma lógica e incluso llegar a recordar a ciertas personas. De ahí que una empresa haya pensado que ellos podrían ser los encargados de limpiar nuestras calles de colillas a cambio de un poco de comida.

Sabedores de que los cuervos son muy dados a recoger la basura que los ciudadanos menos civilizados tiran en mitad de la calle, quizá porque no son capaces de aprender cómo funciona una papelera, la compañía Crowded Cities ha pensado que podrían ser los carroñeros los que se encargasen de mantener las calles limpias. Todo comenzó cuando Ruben van der Vleuten y Bob Spikman se pararon a pensar cómo podían solucionar el problema que generan los más de 6 millones de filtros de pitillos que sus compatriotas holandeses arrojan a la calle, que tardan 12 años en degradarse, y a buscar una forma eficiente de recogerlos.

Muchos hubieran pensado que la mejor forma de solucionar esta cuestión, descartando que haya un barrendero encargado específicamente de recolectar todas las colillas de las calles, era desarrollar un robot capaz de ir paseando por aquí y por allá, y recoger la basura de los fumadores maleducados. Pero claro, sería complejo desarrollar una máquina capaz de llegar a todos los recovecos de las ciudades. Por esto mismo, cayeron en la cuenta de que sería más idóneo encomendar esta tarea a algún ser vivo que pudiera adentrarse en los rincones y no dejar ningún filtro en ninguna parte.

Visto que los pájaros más comunes en las ciudades son las palomas, Ruben y Bob pensaron en ellas. Luego cayeron en la cuenta que su fuerte no era recoger basura, sino llevar mensajes de un lugar a otro. De ahí que volcaran su atención en los cuervos, por su inteligencia y su capacidad para aprender ciertos procedimientos. Eso sí, han tenido que buscar la motivación para convencer a estos animales de que contribuyan a preservar el medio ambiente. La solución era bien sencilla: tú recolectas las colillas y yo te doy comida a cambio. Los cuervos, por supuesto, parecen dispuestos a aceptar el trato.

No hay más que ver la capacidad de observación, las habilidades y destrezas que son capaces de desarrollar cuando de alcanzar un pequeño trozo de comida se trata. He aquí la demostración práctica.

Si de lo que se trata es de obtener algo con lo que llenar el estómago, no queda la más mínima duda de que los cuervos se las ingeniarán y harán cualquier cosa para encontrar la forma de alcanzar la comida. Por esto mismo, han creado los ‘Crowdbar’ que, como ellos lo definen, no son más que “una máquina inteligente que entrena a los cuervos para recoger las colillas de los cigarrillos de la calle“. Comida a cambio de pitillos desparramados por el suelo.

Con un coeficiente que llega a igualar al de los chimpancés, los cuervos serán capaces de entender sin demasiados intentos fallidos que cada que depositen una colilla en la máquina expendedora, una bolita de alimento caerá sobre la plataforma. Para entrenarlos, los visionarios padres de la idea encontraron un artilugio idóneo. Era ‘The Crowd Box’, un proyecto de código abierto diseñado y desarrollado por Joshua Klein, un apasionado de la inteligencia de los cuervos, que creó este peculiar mecanismo que daba cacahuetes a los cuervos que recogiesen las monedas y las depositasen en el lugar indicado.

Lo que sí que habría que hacer sería preguntar a los cuervos si estarían dispuestos a recoger los desperdicios de los humanos por solo un poco de comida. Pero sus creadores no tienen duda a este respecto. “Sentimos que unos pocos cuervos son un pequeño precio a pagar”, reconocen los creadores del proyecto, que no tienen el más mínimo problema en que sean estos animales los que se jueguen el pellejo para salvar a la humanidad y preservar el medio ambiente.

Eso sí, no están seguros de que los cuervos acepten los términos del acuerdo que está sobre la mesa. “Todavía tenemos que hacer una investigación exhaustiva sobre esto, porque si los cuervos descubren los efectos tenemos que buscar otra solución”, apuntan. Además, hay que tener en cuenta el tamaño de las colillas, pues si son excesivamente grandes quizá estos pájaros no puedan con ellas. Eso por no contar con las polémicas que pueden surgir entre unas y otras especies de aves. Que casi con total seguridad las palomas querrán sacar tajada en las ciudades de interior, por no hablar de las gaviotas en las localidades costeras.

El proyecto de CrowdedCities aún está en pañales. Todavía están desarrollando un prototipo, pero ya tienen la mente puesta no solo en lo que ocurrirá en los Países Bajos, donde instalarán las primeras máquinas expendedoras para cuervos, sino en llevar la idea a otras partes del globo. Como los cuervos sean tan inteligentes como se les presupone, quizá tengan que ser Ruben y Bob los que acaben recogiendo las colillas que tiren al suelo sus compatriotas.

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Con información de The Next Web, MentalFloss, PopularMechanics, Crowded Cities y El Confidencial

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