De un salero a un cinturón: utensilios que estaban perfectamente hasta que les pusieron wifi

Hay ocasiones en las que, aunque tratemos de evitarlo, caemos en la cuenta de la fina línea que separa lo útil que pueden resultar la tecnología y lo inútiles que nos acabará volviendo a ritmo que avanza. Hacer la compra a través de nuestro ‘smartphone’ con tal o cual aplicación es genial; que nos traigan la comida a casa porque no sabemos cocinar ni un huevo frito quizá no tanto. Pues bien, cuando nuestros mayores sepan de los artilugios caseros a los que alguien les ha puesto conexión a internet con uno u otro propósito, una de dos: o bien nos contarán sus batallicas sobre cómo se las ingeniaban ellos, dando muestra de su buena memoria (de la que nosotros nos podemos ir olvidando), o bien nos retirarán la palabra después de tacharnos de “holgazanes”.

Sin martillo no hay diversión

Al tiempo que nos facilita multitud de tareas, la tecnología también nos priva de algunos pequeños placeres. No todo podía ser bueno. ¿Quién no recuerda aquella hucha de cerdito de porcelana? Si bien antes esperábamos ansiosos a que llegase el momento de ver cuánto habíamos sido capaces de ahorrar, ahora los pequeños del siglo XXI se perderán esa placentera sensación. Con esta hucha inteligente podrán saber cuánto están ahorrando, y sus padres si están criando a un derrochador o a un ahorrador.

¿Hay o no hay huevos?

Algún tiempo atrás, y aún en algunos pueblos sigue ocurriendo, el repartidor de huevos pasaba por las casas, llamaba al timbre y los clientes tenían oportunidad de mirar en el frigorífico si esa semana era necesario o no comprar. Ahora lo habitual, salvo que inviertas algo más de tiempo en preparar la lista de la compra (cosa poco habitual como bien sabemos), es que vayas al supermercado, llegues a la estantería donde están los huevos e intentes recordar si en casa quedaba alguno o no. Resultado: te acabas juntando con dos docenas por culpa de tu mala memoria. Para evitar que esto pase, por descabellado que parezca, existe una solución tecnológica. Nada más y nada menos que una huevera conectada a una aplicación que nos dirá cuántos huevos quedan en la nevera.

La botella cansina

Si las botellas de agua funcionaban a las mil maravillas, ¿por qué incorporarles tecnología? Vale que lo hagamos para mejorar la calidad del líquido, pero no para que nos insista durante todo el día con que tenemos que beber. Para hacer esto mejor nos estamos quietos, nos dejamos de idear botellas inteligentes  y dejamos que la naturaleza obre por sí sola. Que cuando tengamos sed, nos insista o no la botella, acabaremos por ir en su búsqueda y captura para evitar acabar como Bocasecaman.

Un cinturón que también sujeta los pantalones

En otros casos se trata de encontrar nuevos usos a utensilios que en el pasado solo tenían un solo cometido. Por ejemplo, este cinturón. Si bien antes hubiera servido para evitar que los pantalones acabasen por los tobillos, ahora incorporan un puerto USB con el que podremos cargar el teléfono móvil. Los diseñadores, en lugar de optar por un bolsillo de tamaño XXL para llevar una ‘power bank’ con la que cargar el teléfono, se han decantado por esta solución mucho más liviana y con más estilo. Aunque esto deja claro que, queramos o no reconocerlo, hemos olvidado cómo se vive sin nuestro ‘smartphone’.

Ni mucho ni poco, al punto de sal

¿Y ese aparato con una luz arriba? ¿Es un altavoz?

No, el salero.

Hazte a la idea de que si esa conversación la tienes con tu abuela, un cachetazo te llevas seguro. Que sí, que luego le explicarás que ese salero inteligente te suministra la sal necesaria para que las comidas queden sabrosas y que, además, nos sirve para controlar el consumo en caso de que por prescripción médica tengamos que ser comedidos. Pero el cachetazo ya te lo habrás llevado. Más aún si te escucha hablar a otro aparato de la casa (ya que se conecta con dispositivos como Alexa), diciéndole que te pase la sal. “Con lo fácil que era echar un poquito y que cada cual añadiese a su gusto. Y si el médico te dice que poco, pues tú sabes lo que es poco”, te diría tu abuela.

A la temperatura ideal en la cama

Si bien antaño cada cual regulaba la temperatura de la cama tapándose o destapándose, en función de que tuviera más o menos calor, ahora la tecnología se empeña en ponérnoslo mucho más fácil. No será necesario que nosotros hagamos nada, bastará programar la temperatura de cada uno de los lados de la piltra para que ninguno de los inquilinos se quede congelado ni muera asado. Eso sí, cuidado con invadir el espacio de tu acompañante o, lo que es peor aún, cuidado con que el dispositivo encargado de regular la temperatura se estropee y acabes pasando una muy mala noche. Con lo fácil que era el funcionamiento de una manta de calor de toda la vida.

Y ahí no acaba todo, pues el edredón volverá cada mañana a su sitio como por arte de magia. No habrá que hacer la cama y daremos argumentos a nuestros mayores para que nos sigan tildando de “holgazanes”.

Un tenedor que hace lo mismo que el resto…, pero con Bluetooth

Por si los glotones no tuvieran suficiente con sus familiares dándoles la brasa sobre su forma de comer, la tecnología ha llegado para dar argumentos a quienes no tienen nada mejor que hacer que fastidiarlos sus momentos de disfrute. Con este tenedor inteligente podrán probar que, efectivamente, hay quien debería comer algo más despacio y que, como ya se veía venir, abusa de los pasteles. De hecho, será el propio tenedor el que te avise mediante una vibración de que te estás saltando la dieta a la torera.

¿Un paraguas inteligente? ¿Era necesario?

Aquí nuestros mayores pasarían de “holgazanes” a tildarnos de “aprovechados”, o incluso de “bobos”. Porque si yo tengo un paraguas y me encuentro a alguien por la calle, ¿qué necesidad tengo de prestarle la otra mitad de mi paraguas? En eso consiste este con tecnología incorporada, que mediante una luz avisa a los peatones de que alguien ofrece la mitad de su habitáculo contra la lluvia. “¿Y me voy a mojar yo por dejar a algún extraño que se moje menos? Que se compre un paraguas”, diría cualquier persona mayor sensata y cabal. Y desde luego, razón no le faltaría.

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Con información de DigitalTrends, Belty, Amazon (y 2), Indiegogo, Kickstarter y Smartduvet

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