Del avión sin alas a la gorra con espejo: los inventos más estúpidos y peligrosos de todos los tiempos

Aunque genios de la talla de Leonardo Da Vinci, Thomas Alva Edison o Homer Simpson lo han hecho parecer sencillo, ser un inventor de éxito tiene su intringulis. Dar con una idea del martillo automático multiusos, la pistola automática maquilladora o el sillón reclinable inodoro es algo que no sucede a menudo. Porque idear tamañas calamidades debe ser tan difícil como pergeñar la mismísima bombilla.

No obstante, algún que otro ingeniero sin talento (ni seguramente formación) ha logrado a lo largo de la historia dar con una idea abominable y amenazadora que, de haber visto la luz, podría haber causado estragos.

Alarma mortal

Evitar que niños, bromistas o vagos que quieren salir un poco antes del curro activen a mala fe una alarma de incendios siempre ha sido un reto. Para obstaculizar sus fechorías se inventó un dispositivo que permitía llamar a los bomberos tras pasar la mano por una especie de grillete, cuya llave solo tenían los apagafuegos. 

Aunque seguramente el artilugio opresor se desprendía de la cabina y estaba concebido más bien como una forma de encontrar al malandrín (que iría por la vida con una pulsera gigante inconfundible), no podemos dejar de imaginarnos a ese pobre ciudadano que avisa de un incendio encadenado a la pared mientras las llamas se aproximan.

Muletas para párpados

Adiós a la pérdida total o parcial de visión por culpa de la parálisis de párpados. Con este invento, que viene a ser un delgado alambre sujeto al puente de las gafas, las ventanas de tus ojos jamás se cerrarán. Ni siquiera para parpadear, así que ya puedes llevar un bote de colirio siempre encima si no quieres que se queden más secos que la mojama.

Zapatos gondoleros

Algo tan bíblico como andar sobre las aguas no podía sino alimentar la imaginación de los más ociosos y menos talentosos inventores. Como el joven estadounidense George Terry, que se sacó de la manga unos estrafalarios zapatos provistos de flotadores para lograr tal hazaña, en concreto cruzando el canal de la Mancha por su parte más estrecha, el paso de Calais o de Dover. Aunque podemos imaginarlo, desconocemos cuál fue el resultado.

Saco para perros

La desagradable experiencia de llevar al mejor amigo del hombre en un coche hace que el vínculo entre humanos y canes se resienta. Ladra, no para de moverse, lo llena todo de pelos… Son muchas las razones para que el dueño acabe harto de su pobre mascota. Sin embargo, con este estúpido invento, el odio se revierte: el animal será quien acabe enfurecido por viajar dentro de un saco que cuelga del lateral del vehículo, expuesto a todo tipo de amenazas mortales.

Gorra retrovisora

Muchas mujeres llevan un pequeño espejo en el bolso, pero los hombres no suelen disponer (o así era antaño) de un medio para transportar cómodamente el artilugio. De ahí que a alguien se le encendiera la bombilla y decidiera crear la boina con espejo incorporado. Te quitas el sombrero y, dentro, aparece un retrovisor. Ideal para darse unos retoques, ver quién se aproxima por la espalda o, mucho más probable, abrirte la cabeza ante el menor de los tropiezos.

Cabina doméstica

Cuando no había tarifas planas ni WhatsApp que nos convirtiera en bichos raros incapaces de llamar por teléfono, la gente tenía que recurrir a las llamadas para conversar a distancia. Y salían caras. Para solventarlo, alguien tuvo la genial idea de crear un artilugio similar a las cabinas de los bares, que funcionan introduciendo monedas, pero concebido para usarlo en casa. Gracias al cacharro, el llamador sería consciente del dispendio y trataría, sin duda, de abreviar.  

Máscara antincendios subacuática

En el improbable caso de declararse un incendio bajo el agua, los bomberos ataviados con esta ridiculez podrían sumergirse sin problemas, pues no solo estaba diseñada para purificar el aire cargado de gases tóxicos que acompaña al fuego, sino también para que el portador pudiera respirar bajo el agua hasta aproximadamente cinco metros de profundidad.

Guantes de escribir

Complejo como pocos, este invento estaba llamado a convertir la gratificante experiencia de escribir a máquina en un auténtico suplicio. Las teclas se disponían sobre unos guantes que el temerario redactor debía pulsar sobre el papel sabe Dios cómo, pues no es que la idea quede demasiado clara en el anuncio. En su afán por complicar la vida a los plumillas, el señor austriaco que ideó este chisme tenía incluso un plan (diabólico) para emular el retroceso del carro; también resulta indescifrable para el lego.

La bici con alas…

Por si trasladarse en bicicleta por una gran ciudad no fuera suficiente deporte de riesgo, he aquí una fórmula aún más efectiva para acabar con la cabeza abierta. Idea de un piloto de la Segunda Guerra Mundial, lo cual explica muchas cosas, esta abominación de dos ruedas y un par de alas dependía de la velocidad del pedaleo para mantenerse en el aire (si es que siquiera despegaba), dejando en las manos del aerociclista (o más bien en sus poderosos gemelos) la responsabilidad total de mantenerse con vida.

… y el avión sin alas

Pero si hay algo más aterrador e inseguro que la bici con alas, sin duda es el avión sin ellas. Como este, que sustituye el elemento más característico de una aeronave por una especie de cilindros que atrapan corrientes de aire para propulsar el ataúd flotante. Si se trata de despegar o aterrizar, los cilindros se voltean para chupar y escupir viento en vertical. Una auténtica genialidad suicida.

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Con información de Modern Mechanix

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