Los rusos curaban el alcoholismo diciendo al borracho que habían ‘hackeado’ su cerebro

Formatear un disco duro es algo que está a la orden del día entre los usuarios de ordenadores de todo tipo. Sirve para dejarlo como los chorros del oro (es un decir) o para eliminar información no deseada. Pero no son las únicas ‘unidades de información’ que se pueden borrar y dejar como nuevas. Como si nosotros también fuésemos maquinas no del todo bien programadas, hay quien ha intentado entrar en el disco duro del ser humano, es decir, su cerebro, para ajustar ciertos parámetros y arreglar posibles imperfecciones. De eso sabían algo los rusos.

De cuando en cuando, sería de agradecer que las autoridades sanitarias pudieran entrar en nuestro procesador y, tocando un poco aquí, otro poco allá, acabasen con ciertos problemas que pueden dañar el resto de nuestro organismo. En la Unión Soviética ya intentaron algo de esto, y puede que hasta consiguieran su propósito. Tanto es así que algunos habitantes del país ahora comandado por Vladimir Putin vieron su cerebro formateado cuando las autoridades trataban de curar su alcoholismo. Es lo que se conocía con el nombre de método Dovzhenko, una serie de fórmulas terapéuticas cuyo cometido no era otro que combatir ciertas adicciones. Para ello, los doctores de bata blanca se ponían el uniforme de ‘hackers’ e intentaban contar un embuste al paciente.

Sin reparo alguno y con toda la convicción que eran capaces de reunir, les contaban la milonga de que les iban a meter un código en el cerebro que provocaría una reacción sobre la sustancia adictiva. Obviamente, tal código no existía. Lo primero que exigían a los pacientes es que estuvieran totalmente convencidos de que pretendían librarse de su adicción. Y no valía solo con decirlo, sino que había que demostrarlo con hechos: debían de estar una semana sobrios. A partir de ahí podían empezar a trabajar con el firme propósito de convencer a los pacientes de que el más mínimo sorbo de cualquier bebida alcohólica podría acabar con sus vidas.

Para ello, se servían de distintos métodos no demasiado ortodoxos que buscaban provocar un pánico terrible entre los alcohólicos. En ciertos casos, bastaba con hipnotizar al paciente y masajearle la cabeza mientras se le decía que el alcohol causaría parálisis o ceguera. En esos casos, la salud de los adictos que se sometían al método Dovzhenko no corría peligro alguno, pero no siempre era así.

Si no era suficiente con la hipnosis para lograr los resultados que se pretendía obtener con la ‘codificación’, los terapeutas apostaban por dar a los pacientes una sustancia estupefaciente antes de darles a probar algo de alcohol. La mezcla de ambas era tan horrorosa que los pacientes creían que cada vez que una gota de alguna sustancia a los que eran adictos entrase en contacto con sus papilas gustativas ocurriría eso mismo, razón por la cual optaban por desprenderse de ella.

Si aún así no lograban los resultados esperados, era necesario pasar al siguiente nivel, donde las cosas se ponían más peliagudas para los pacientes. Hubo terapeutas a los que no se les ocurrió mejor forma de acabar con la adicción al alcohol que colocar unos electrodos de baja potencia en la boca de aquellas personas que trataban y soltar descargas continuas. La boca estaba anestesiada para hacer creer a los pacientes que estaban manipulando sus nervios y que nunca más estaría bien para tomar alcohol.

También hubo terapeutas que llevaban una especie de cascos y aseguraban a los pacientes que, con ellos, estaban controlando sus mentes. Con estos métodos tan arcaicos y pocos ortodoxos, los terapeutas convencían a los pacientes de que habían insertado código durante un periodo determinado de tiempo. Además, había especialistas que se servían del método pergeñado por Alexander Dovzhenko para tratar otras adicciones como podían ser a la heroína o al juego.

Una mentira con las patas muy cortas

Como ya podréis imaginar, este método, que todavía se utilizaba en los primeros años del siglo XXI, no tenia validez alguna. Su eficacia no se basaba nada más que en los rumores. Como relatan las crónicas de la época, quienes se sometían a este tratamiento vivían con un pánico terrible a morir con solo mojar sus labios con alguna bebida alcohólica porque habían escuchado historias de otros a los que les había ocurrido algo similar.

“El método Dovzhenko es básicamente una forma de hipnosis: bebes, mueres”, reconocía Andrei Yermoshin, un psicoterapeuta que no era partidario de este método pues prefería otro tipo de terapias más a largo plazo. No obstante, destaca que la ‘codificación’ diseñada por su colega Dovzhneko era “rápida y barata, y supuestamente no tienes problemas durante un año o dos años o cinco años, dependiendo de cuánto tiempo te han codificado”.

Pero, claro, la mentira tenia las patas muy cortas. Pese al miedo de quienes recaían, que incluso llamaban a los servicios sanitarios antes de dar un sorbo a una botella de cerveza por lo que pudiera pasar, cuando descubrían que su cuerpo reaccionaba de la misma forma que lo hacía antes de someterse al tratamiento volvían a recaer y tenían que optar por terapias más a largo plazo.

Y pese a todo nos seguimos creyendo los rumores y dando credibilidad a las patrañas de Sandro Rey y compañía. Con lo fácil que sería poder extraer nuestro disco duro, hacerle los ajustes pertinentes en caso de que haya fallos de fábrica o adquiridos, y volver a introducirlo en nuestro cuerpo para que volvamos a funcionar correctamente. Pero claro, no somos máquinas. Qué lástima…

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Con información de Wikipedia. The Washington Post, Boston.com y Research Gate

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