Por eructar, por vender limonada o por no saber inglés: las multas más absurdas del mundo

Existen dos dichos en la lengua española, ambos trillados de igual manera, que sirven para ilustrar el complejo y contradictorio mundo de las normas: “las reglas están para romperlas” y su antítesis “la ley está para cumplirla”. De hecho, no es extraño reconocer estas dos frases en la boca de la misma persona, porque es de sobra conocido que unas normas muy rígidas no permiten que una sociedad se desarrolle; pero también, sin preservar cierto orden de obligado cumplimiento, el mundo estaría gobernado por el caos.

De esa batalla por la coherencia en la que el género humano lleva atrapado milenios, han surgido normas, castigos y juicios tan esperpénticos como memorables. Y no hace falta retroceder a tiempos decimonónicos para encontrar sanciones disparatadas: hace apenas unas semanas la policía londinense le calzó una multa de 170 euros a una niña de cinco añitos por montar un puesto de limonada casera fuera de su casa.

Esta noticia ha corrido como la pólvora estos días en Reino Unido y ha conseguido indignar a todas esas masas susceptibles a las causas pobres, porque las fuerzas de seguridad de la capital británica no tuvieron ningún miramiento en hacer cumplir la ley, y esta dice que nada de manteros ni vendedores ambulantes. Al menos no fue necesaria una carga policial contra la menor, que volvió a su casa entre lágrimas para decirle a su padre que había hecho “algo malo”.

El progenitor explicaba que la niña había aprendido en un taller del colegio a hacer limonada y que le hacía ilusión poner un puesto frente a su hogar aprovechando que miles de jóvenes festivaleros iban de camino al Lovebox Festival atravesando el portal de su casa. Aunque la chica no tuviera licencia para vender el brebaje, estaba contribuyendo a paliar la inminente deshidratación por las cantidades ingentes de alcohol que iban a correr esa noche en los cuerpos de multitud de alocados jóvenes.

Además el padre de la criatura dijo que esta represión policial tuvo ciertas secuelas psicológicas para la niña. “Estaba muy molesta y tuvo que ver ‘Brave’ unas cuantas veces para calmarse”, declaraba el progenitor compungido al diario ‘The Guardian’. Las normas están para cumplirlas, seas quien seas, y si no tienes clara la licitud de lo que estás haciendo… mejor no tener un guardia de seguridad cerca, porque ellos no entienden de interpretaciones ni medias tintas.

El brazo insobornable de la ley

Si un policía no te pasa una hoy, imagínense en tiempos del Caudillo, donde a poca cosa que hicieras (como besarte con tu señor o señora efusivamente) suponía el quebrantamiento del orden público. Y no hay nada que perturbe más el saber estar y el nacionalcatolicismo que un buen cuesco. Esta sanción de 1974 refleja a la perfección la frontera entre ser un hombre libre y que te casquen un multa: tener un madero cerca. “Cien pesetas por ventosearse a menos de diez metros del guardia” es el precio que pagar por ser el héroe de las tabernas de tu pueblo.

Si esta multa se hubiese producido en la era de internet, nuestro amigo manchego hubiese alcanzado una heroicidad de nivel mundial. Como es el caso de Edin Mehic, un camarero de Viena que fue sancionado con 70 euros por un ruidoso eructo poskebab en un parque de atracciones. Y al igual que nuestro paisano, tuvo la mala suerte de hacerlo cerca de un uniformado, como recoge el volante de la multa: “Violó la decencia pública con un fuerte eructo al lado de un oficial de policía”.

El caso es que Mehic ha conseguido recurrir la multa un año después, ya que no hay pruebas suficientes de que el eructo se produjese para enfrentarse al oficial. No solo eso, sino que Mehic se convirtió en un icono del país, con varios grupos de fans que lo han apoyado durante todo el proceso; hasta una cadena de kebab le costeó un viaje con todos los gastos pagados a Estambul. Sin duda aquel regüeldo con peste a salsa turca llegó mucho más lejos de lo que se esperaba.

La severidad de un buen agente de policía jamás tiene techo y, si la situación requiere una sanción, aunque sea a unos mismo, pues ahí estará él, inquebrantable. Le sucedió a un ejemplar cabo de la policía de Dubái, Abdullah Ibrahim Mohammed, quien tras golpear por accidente un coche estacionado, tomó la decisión ponerse a sí mismo una multa y dejar una nota en el vehículo.

El propietario del coche dañado se quedó impresionado con el gesto y lo publicó en las redes sociales para expresar su reconocimiento al oficial. Como toda buena historia que se hace viral, llegó hasta las altas instancias y el cuerpo de policía de Dubái terminó por hacerle los honores y concederle un justo ascenso.

Pero esta rectitud moral de los Emiratos Árabes Unidos no es apta para despistados. Su reciente enemistad con Qatar por su supuesto apoyo al extremismo yihadista les ha llevado a cortar todas las relaciones económicas y diplomáticas. No se pueden ni ver, y si hay algo que no tragan en los Emiratos es ver al típico turista despistado con una camiseta del Barça paseando por allí, ajeno a la ofensa que supone la publicidad catarí de su vestimenta.

Según algunos informes la multa por ir disfrazado de culé en los Emiratos asciende a 115.000 euros o incluso 15 años de cárcel. Por tanto, si tienes pensado un viaje a esta zona de Oriente Medio recuerda llevar una camiseta de Messi del ‘todo a cien’ para ahorrarte disgustos.

Los malos tragos con la ley nunca son tan divertidos; pregunten si no a este padre británico que fue multado por llevar a su hija a Disney World. John Platt recibió una sanción de unos 130 euros por haber sacado a su hija de 6 años una semana del colegio en pleno periodo lectivo. Aunque se tratase de un hecho aislado, puesto que la niña tiene buen historial de asistencia, los tribunales no parecen haber mostrado clemencia, y John se niega a declararse culpable o pagar la multa.

Se trata de una situación bastante común entre las familias más humildes de Reino Unido, puesto que las tarifas de aviones y hoteles son bastante más económicas durante los meses escolares que en verano. Por ello hay un trasfondo de persecución al pobre con estas sanciones, ya que por desgracia no pueden tomarse las vacaciones cuando desea. Con estas cuestiones se demuestra que el brazo de la ley es tan insobornable como necio.

Sanciones por no hablar inglés, por dar ‘me gusta’ en Facebook o por sacar fotos a un pueblo

En el condado de Miami se han puesto serios con el inglés al ver que solo un 27,2 % de la población lo habla como primera lengua. En un territorio con marcado acento hispano, una ley impulsada hace una año exige a los conductores comunicarse en la lengua oficial de los Estados Unidos. El caso es que ya se ha cobrado sus primeras víctimas: Carmen Echevarría, trabajadora de Uber, estaba recogiendo a un pasajero en el aeropuerto de la ciudad cuando este se dio cuenta de que la conductora “ni hablaba ni entendía inglés”. Esto, una vez denunciado, le costó la friolera de 210 euros de multa. Así es el sueño americano en la era Trump.

Pero donde crees que estás más a salvo, lejos de guardias de seguridad ansiosos por rellenar la libreta de los demonios con tu nombre y tu datos, es donde más escuece un buen soplamocos al bolsillo. Porque ahora hasta tus ‘likes’ están sujetos a sanción económica, al menos en Suiza, donde le han calzado 3400 euros a un tipo por dar a me gusta en Facebook a comentarios calumniosos.

El acusado había hecho ‘like’ en varias publicaciones escritas por un tercero en las que este llamaba antisemita, racista y fascista a un activista de los derechos de los animales. Si el Estado español recaudase por cada comentario del estilo, o peor aún, por cada ‘me gusta’ a las burradas que circulan por la red… quizás hubiésemos subsanado nuestra deuda pública en una semana.

Los suizos son muy duchos en el tema recaudatorio, te sacan los cuartos hasta por sacar fotos a un pueblo. En la aldea de Bergün / Bravuogn la junta municipal ha decidido sacar adelante una norma que prohíba sacar fotos de su hermoso pueblo bajo sanción económica. Aunque todo parezca un buen sistema para llenar las arcas públicas, los lugareños se defienden y alegan que lo hacen por el bien de la humanidad.

“Está científicamente probado que las fotos bonitas de vacaciones colgadas en las redes sociales solo hacen al resto de usuarios sentirse infeliz por no poder estar allí”, explica un comunicado de la oficina de turismo del pueblo. En realidad se trata de una multa simbólica de 5 euros si te cazan tirando fotografías, pero hay que reconocer que al turista no le va a hacer ni pizca de gracia el pequeño sablazo.

“La justicia es como las serpientes, solo muerde a los descalzos”, decía Eduardo Galeano. Este repaso ha sido como asomarse a un cesto de mimbre lleno de cobras, y no en todo los casos disponíamos de un flautista cerca para encantarlas. Porque con tanto justiciero de mano de hierro y tanta regla estrafalaria, dan ganas de leer la carta magna de cada pueblo que pisemos de aquí en adelante, solo por aparentar civismo o por ahorrarnos el correctivo.


Con información de The Guardian, Oddee, Independent y AP News.

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