Fobia a los ‘fidget spinners’: Rusia cree que es el nuevo opio del pueblo para controlar a las masas

La Madre Rusia ya no es la que era en los tiempos de la Guerra Fría. Se acabaron los oscuros días de espionaje, botones rojos y agentes de la KGB ajustando cuentas. O, al menos eso se ha aparentado de cara a la galería durante las últimas décadas, porque lo cierto es que el Kremlin nunca descansa y menos aún ante las eventuales conspiraciones de Occidente para doblegarlo. Y es que el enemigo de Rusia es astuto y silencioso, tanto que ha conseguido meterse hasta la cocina sin que nadie se haya dado cuenta hasta ahora. ¿Cómo demonios lo han conseguido? Sencillo: a través de la nueva ‘droga’ de los ‘millennials’, el ‘fidget spinner’.

Quizás te suene este artilugio porque también hayas visto a la juventud de tu pueblo o tu barrio caer presa de su hipnótico (y supuestamente antiestresante) movimiento radial. Sí, la muchachada a día de hoy lo pasa en grande haciendo girar un trozo de plástico. Y la verdad es que tampoco difiere mucho de aquellos días en los que los niños echaban la horas haciendo girar una peonza, pero a los rusos este cachivache les mosquea y mucho. No entienden qué demonios tiene de divertido y por qué tiene atrapados a sus jóvenes.

Imaginense esa reunión en el espectacular despacho de Vladimir Putin, con un tembloroso funcionario del servicio de inteligencia explicándole que lo siente mucho, pero que el enemigo ha conseguido atravesar sus fronteras y, lo que es peor aún, entrar dentro de todas las mentes de los rusos en plena pubertad. No sabemos cuántas cabezas rodaron tras conocerse la noticia en el Kremlin, pero el gobierno no tardó mucho en hacer llegar su mensaje a la ciudadanía y alertar de lo que realmente se esconde detrás de estas ‘inofensivas’ baratijas: la manipulación y alienación de Occidente.

La televisión estatal ‘Rossiya 24’ ya ha realizado un reportaje especial sobre los ‘spinners’ en el que se revela que detrás de la compra compulsiva de estos trastos tornadizos se encuentrán los partidos de la oposición del parlamento ruso, quienes se están beneficiando de reclutar jóvenes y recaudar dinero con su venta. “Es un misterio el por qué se han vuelto tan populares en Rusia en este momento”, apuntaba con el ceño fruncido el presentador del programa. “¿Quién está promoviendo de forma tan activa estos artefactos en las masas?”, planteaba.

¿Son los rusos unos paranoicos? Tal vez, pero lo cierto es que en el resto del globo mucha gente comparte el mismo quebradero de cabeza que ellos. ¿Qué diablos tiene ese cacharro para ser tan adictivo? Para dar con la respuesta el gobierno de Putin tampoco ha tenido que hilar muy fino, ya que la gran mayoría de los participantes en las últimas manifestaciones organizadas por la oposición y el líder anticorrupción Aleksei A. Navalny eran jóvenes rusos. Y lo que une a toda esos zagales rabiosos e indignados no es la edad, ni las motivaciones políticas, ni siquiera su hartazgo con la corrupción, no: son esos supuestos ‘spinners’ lavacerebros.

Para entender el conflicto del ‘spinner’ en Rusia es necesario ver el siguiente informativo, cuya introducción ya merece la pena: comienza con un ruso que ha soldado tres coches creando una especie de Frankenstein automovilístico en forma de ‘spinner’ que, al acelerar, empieza a girar a toda pastilla y sin control.

El vídeo es una demostración incesante de todas las oscuras intenciones que esconde este nuevo opio del pueblo. Especialmente, el momento en el que aparece un bloguero vendiendo estos cacharros de plástico durante las manifestaciones anticorrupción con una pancarta que reza “Spinners de Navalny”. Imagínense en España que durante las Marchas por la dignidad hubiese habido gente vendiendo ‘cubos de rubik de Pedro Sánchez’… Polémica a la vista y acusaciones de populismo aseguradas.

Estos testimonios fehacientes no se quedan en las manifestaciones antigobierno, sino que el informe elaborado por la televisión estatal rusa también advierte de muchos otros peligros y sospechas acerca del complot de los ‘spinners’. Por ejemplo, se explica que cuando un niño va a comprar una baratija de estas en Moscú se encuentra con que el envoltorio y las instrucciones están escritas sólo en inglés. “¡Ni una sola palabra en ruso!” exclamaba desolado el presentador.

Y como suele ocurrir a día de hoy en todos los rincones del planeta, todo debate televisivo que se precie necesita de sus tertulianos o comentaristas, esos expertos en casi todo que dan color a la noticia con sus elaborados análisis de taberna. Entre los que aparecen en la noticia parece haber un consenso rotundo: los ‘spinners’ podrían ser un intento de “zombificar a la gente” y así convertirlos en entes fáciles de manipular.

“De esta manera, nuestra oposición busca atraer a la juventud”, decía Ruslan Ostashko, editor jefe de un sitio web prokremlin, PolitRussia.ru. “Aquellos que entienden las tecnologías políticas, entienden de forma clara que este simple fenómeno sirve para el control de las masas”, sentenciaba en su intervención el periodista.

Pero es que esta psicosis colectiva no se limita sólo a los medios afines al gobierno, sino que va mucho más allá. La agencia rusa de protección del consumidor, Rospotrebnadzor, también tiene sus sospechas y ha decidido iniciar una investigación sobre esta nueva adicción juvenil. “Ha habido una promoción agresiva de los llamados spinners entre los niños y adolescentes de Rusia recientemente. Por ello esta agencia estudiará los efectos de los ‘spinners’ sobre los niños, incluyendo el posible impacto negativo”, comunicaba la agencia rusa.

Es evidente que Rusia le ha declarado la guerra al juguete girador, y ya no porque pueda ser un instrumento de manipulación, sino porque además puede llegar a ser un arma de verdad. Otra de las perlas del informativo ruso era una escena en la que aparecían niño que habían trucado los ‘spinners’ añadiéndoles cuchillos o petardos, transformando el popular juguete antiestrés en un arma blanca.

Pero no solo en Rusia son perseguidos los ‘spinners’, por mucho que sus motivos sean únicos e inigualables. En Alemania los funcionarios de aduanas llegaron a confiscar 35 toneladas de ‘spinners’ en mayo. No se conocía bien la procedencia de los juguetes y las instituciones alemanas decidieron retirarlos por el peligro que presentaban para los niños pequeños, ya que se podían tragar piezas pequeñas.

¡Maldita sea! Problemas en la aduana, movimientos del gobierno ruso… ¿Estaremos ante un nuevo narconegocio que está volviendo adictos a nuestros niños? Si bien algunos terapeutas consideran que los ‘spinners’ son de ayuda para personas con trastornos de atención, en Estados Unidos ya existen varias escuelas que lo han prohibido. Son demasiadas señales de que algo no va bien…

Quizás estemos ante la herramienta de control masivo definitiva. Si en Rusia la está utilizando la oposición, ¿quién está detrás de la vulnerable mente de los jóvenes españoles? ¿Terminarán los ‘swaggers’ siendo ultras de Pedro Sánchez? Todo está por ver. Mientras tanto, el señor Navalny se ha tomado todo esto a guasa y ha publicado un vídeo en el que se muestra jugando con un ‘spinner’ mientras espera la resolución del juez en uno de sus últimos juicios. Quizás en tono jocoso, quizás haciendo una muestra al mundo de su poder de influencia sobre toda una generación de críos zombies.


Con información de New York Times y The Verge

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