El extravagante artista que quiere vender patatas fritas en un puesto callejero en la Antártida

Vayas donde vayas, la gastronomía del lugar suele ser algo imprescindible en la agenda del viaje. Si visitamos Italia, la buena pasta y la pizza no pueden faltar, mientras que si cruzamos el charco y nos vamos hasta Estados Unidos no queda otra que apostar por una jugosa hamburguesa. Ahora bien, si somos algo más aventureros y nuestro próximo destino de vacaciones no es otro que la Antártida, las referencias culinarias se complican algo más. ¿Quizás carne de pingüino? ¿Quizás de foca? Nada más lejos de la realidad: en la Antártida lo que van a estar de moda serán las patatas fritas. O, por lo menos, es lo que pretende el artista holandés Arjen Boerstra que quiere freír tubérculos entre glaciares.

Hace solo unos meses, este artista anunció su proyecto coincidiendo con el festival de la cosecha de la patata en Groninga, en los Países Bajos: instalará un puesto de patatas fritas en en Polo Sur. Y para dejar claro que su sitio nunca es el que cabria esperar, durante el festival colocó su puesto a dos kilómetros de distancia de donde estaban sus colegas.

Con la misma idea viajará a la Antártida, hasta donde quiere llevar una escena tradicional de cualquier calle de su país con la idea de transformar el paisaje polar. Así, ofrecerá en un puesto callejero raciones de patatas fritas con mayonesa por 2 euros a todo el que pase por allí. Si es que pasa alguien, claro.

patatas7

Sin embargo, detrás de esta singular hazaña, que aún no tiene fecha fijada, hay mucho más. Este artistano solo quiere vivir una aventura visitando uno de los lugares más recónditos del planeta, sino que va en busca de inspiración para sus obras. Incluso le acompañará un equipo de tres personas que se encargarán de filmarlo y fotografiarlo para realizar un documental y una serie fotográfica donde se podrá ver la distorsión del paisaje, las conexiones entre la naturaleza y su cultura y las reacciones de aquellos que encuentren algo que no esperaban.

¿Por qué patatas fritas? Cuando Boerstra era niño, vivía en un barrio donde eran comunes este tipo de puestos, por lo que el olor a patata frita le trae buenos recuerdos de la infancia. Aunque no solo eso le llevó a elegir la venta del tubérculo para este experimento artístico: “Durante toda mi vida siempre me han dicho que mi cabeza se parece a patata, así que simplemente es una cuestión de autoburla”, detalla en una en una entrevista. Por eso ha hecho secuencias artísticas en las que la cabeza se transforma en una patata, porque “somos literalmente lo que comemos”. O quizás es la única excusa que se le ocurre para justificar haber elegido las patatas fritas siendo, simplemente, su comida favorita: entre venta y venta (que en la Antártida no se auguran muchas) él mismo terminará dando buena cuenta del suministro.

Y es que no es la primera vez que coge su puesto de patatas fritas y lo instala en un lugar peculiar. Concretamente, fue en 2004 cuando Boerstra se puso a venderlas en mitad de un campo sembrado de estos tubérculos. En esa ocasió,n quería poner en contacto el principio y el fin del producto y ofrecer a los campesinos en el mismo lugar de su cosecha la mejor versión de su género. “Cuando se pone una tienda de ‘chips’ en la ciudad, no significa nada, porque hay muchos. Solo cuando coges el puesto de su entorno familiar y lo pones en un lugar inesperado, se convierte en algo especial”, explica Boerstra en una entrevista.

patatas5

Unos años más tarde, en 2007, volvió a repetir el experimento, pero esta vez en un festival cultural Oerol, donde durante diez días la actividad de toda la isla holandesa de Terschelling gira en torno a las obras de teatro, las actuaciones musicales y las representaciones en la calle. Allí, Boerstra llegó con su carrito y se colocó a vender patatas fritas en una playa aislada donde no había casi nadie. Así, los visitantes del festival podían acercarse a por su ración de patatas pero también los tripulantes de los barcos que por allí pasaban podían hacer un alto en el camino para disfrutar del ‘snack’.

Además,le sirvió para ver las diferentes reacciones del público al ver un puesto en ese lugar. Unos estaban enfadados por, según ellos, estropear el paisaje con tan burdo puesto, mientras que otros se mostraban tremendamente agradecidos por la mezcla aromática a mar y a patatas fritas con sal y mayonesa. Incluso un barco paró para encargarle patatas para 8 personas.

patatas2

Ahora, el gran reto será saber si las patatas podrán freírse en el frío polar. “No tengo idea de cómo se comportarán el gas y la grasa de freír a una temperatura de veinte grados centígrados bajo cero”, cuenta. Sin embargo, no está preocupado. “Lo veo como un gran viaje de descubrimiento. Tengo la intención de alquilar un coche para transportar el puesto y pasar por América del Sur hacia el Polo Sur, pero siempre puedo cambiar el plan. La ruta es al menos tan importante como la meta”, explica.

Aunque aún no se conoce la fecha para comenzar la aventura, Boerstra ya se está preparado para las frías aguas de la Antártida, tal y como se puede ver en su perfil de Facebook.

patatas3

Incluso fantasea con la idea de cruzar en barco hasta el Polo Sur. A bordo deberá pelar y cortar las patatas para que estén listas antes de la llegada y ya se imagina a sí mismo sentado en proa realizando los preparativos ¿El siguiente destino? Quizás un acantilado inspirándose en la pintura ‘El caminante sobre el mar de nubes’ de Caspar David Friedrich. Sea lo que sea, que aproveche esa ración de patatas fritas.

——

Con información de Munchies (Vice), Dvhn y la web propia de Arjen Boerstra

Otras personas curiosas para conocer:

– Este hombre convierte en un pene cada monumento que visita

– El paquistaní de 436 kilos que afirma ser el hombre más fuerte del mundo

– El visionario que inventó las orejeras y dio trabajo a su ciudad natal durante décadas

– El payaso que sirvió de modelo para crear al Tío Sam

– Un artesano de La Alpujarra inventa caramelos con sabor a jamón ibérico