Huelga contra delfines: pescadores sicilianos dejan de trabajar para protestar porque se lo comen todo

El ser humano es protestón por naturaleza: que si tal vez 52 días de vacaciones al año no parecen suficientes para descansar y disfrutar con la familia y los amigos; que si las ratas nos dan demasiado trabajo y somos pocos los exteminadores para evitar que estos roedores campen a sus anchas por la ciudad; que si dejo a mi novio a dos velas salvo que me pague cuantas operaciones sean necesarias para que mi cuerpo se parezca al de Kim Kardashian… El caso es quejarse por lo que sea. En Italia, de hecho, los pescadores han llevado las quejas a un nivel superior. Podrías protestar contras las compañías que les compran la mercancía por cuatro duros o contra las autoridades. Sin embargo, han situado en el blanco de sus quejas a los delfines. Ahí es nada.

Al parecer, están sumamente disgustados con estos entrañables e inofensivos animales por el hecho de que se estén zampando todos los calamares que viven alrededor de las islas Eolias, situadas al noroeste de Sicilia. ¿Qué quiere decir esto? Bien sencillo: que todo lo que se comen los divertidos delfines es mercancía que no cae en las redes de los pesqueros y, claro, es dinero que no acaba en las arcas de sus respectivas empresas. Un fastidio, desde luego.

Tal es el problema que, según informan los pescadores, de los más de 11 kilos con los que solían regresar a puerto no mucho tiempo atrás, sus capturas han caído por debajo de los 2 kilos de calamares por culpa de los hambrientos delfines. A tenor de los cálculos de los propios marineros, estos supone una caída de hasta el 70% en la facturación. Algo que indigna profundamente a los pescadores, quienes han decidido ponerse en pie de guerra contra sus rivales en la lucha por los sabrosos moluscos. “Cada noche en el mar, hay una guerra por la supervivencia, dijo Giuseppe Spinella, vicepresidente del consorcio de pesca local Co.Ge.Pa.

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Así, los pescadores han iniciado una huelga para mostrar su descontento, ya que entienden que la situación se está tornando dramática no solamente para sus intereses sino también para el propio ecosistema marino. “Permítanme ser claro. No tenemos nada en contra de los delfines, pero esta situación debe ser controlada: o los pescadores o los delfines”,  insistía Spinella, que incluso iba más allá en sus declaraciones. “Pedimos que se declare el estado de desastre natural”, apuntaba.

Y mientras los pescadores han salido a los medios para mostrar su descontento y pedir a las autoridades que hagan todo lo que sea posible para acabar con este desolador panorama, los delfines no han tenido a bien pronunciarse. Es más, por sus circunstancias posiblemente no estén siquiera al tanto de lo disgustados que están quienes navegan por encima de sus cabezas y que quieren hacerse con el mismo botín que a ellos les sirve de almuerzo.

Quienes desde tierra firme defienden los derechos del colectivo de delfines ‘tursiops truncatus’ (más conocidos como delfines nariz de botella) y delfines listados (cuyo nombre científico es ‘stenella coeruleoalba’) que merodean por las aguas de las islas Eolias aseguran que, al contrario de lo que opinan los marineros, no se ha incrementado el número de estos mamíferos en los últimos meses. “Los pescadores aseguran que se ha producido un aumento de los delfines, pero no es así. El problema es la disminución de los peces en el mar y las ballenas, que migran debido al movimiento de los barcos”, comentaba Monica Blasi, de la asociación Filicudi Wildlife Conservation.

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Pero estén al tanto o no de su enfado, lo que más molesta a los pescadores es la actitud de sorna que los delfines tienen con ellos. Porque no se trata únicamente de que se coman el pescado que ellos deberían capturar para luego vender en las lonjas y ganarse su jornal, sino que además reconocen que estos habitantes del fondo marino salen a la superficie cuando sienten que se acercan las embarcaciones para reirse en la cara de los marineros. “Salen del agua y nos muestran sus sonrisas, protesta Giuseppe Spinella.

Para evitar que esta situación se prolongue durante mucho más tiempo, los pescadores parecen dispuestos a tomar cuantas medidas sean necesarias con tal de acabar con la amenaza de los temidos delfines y recuperar lo que es suyo (o lo que ellos creen que es suyo). Advierten que la primera medida será incorporar emisores de ultrasonidos en sus embarcaciones para así espantar a estos mamíferos. No obstante, no las tienen todas consigo de que esta medida surta el efecto deseado. Puede ocurrir que los delfines se acostumbren a esa sensación tan incómoda para ellos y que, como apuntan los representantes de los pescadores sicilianos, vuelvan al ataque.

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Pero esta sería solo la primera y más moderada medida que algunos piensan que es necesario tomar contra los delfines. Los más radicales y asalvajados ya han pensado alguna que otra acción mucho más radical, que implicaría la agresión de los delfines, aunque son mayoría los que no parecen dispuestos a llegar a ese extremo de acabar con los delfines por lo civil o por lo criminal.

Eso sí, por el momento nadie ha perdido la calma y la actitud por parte de los pescadores, pese a que mantendrán la huelga hasta que se encuentre una solución a su situación, parece pacífica. “No tenemos nada contra los delfines, pero debemos encontrar una solución”. Veremos qué opinan los delfines de esta cuestión y si sabrán asumir que son ellos los que deben de sacrificarse y marcharse a buscar su comida a otro lugar, en lugar de perjudicar a los marineros sicilianos que llevan décadas pescando en los mismos caladeros sin molestar a ningún otro mamífero. A ver si todos acaban sentándose a la mesa y arreglando sus diferencias, como no podía ser de otra forma, saboreando un buen calamar a la siciliana.

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Con información de Atlas Obscura, Metro, The Local y Unotv

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