¿Oleo sobre lienzo? No, en el Museo de las Tapas de Váter el arte está sobre el retrete

Resulta difícil resistir la tentación. Vas caminando por la calle y, de repente, como si de una revelación divina se tratara, te topas con una tienda donde venden tapas de inodoro con diseños de lo más variopinto. Toda una delicia visual, tan inusual como única. Porque claro, ¿quién no se ha planteado alguna vez poner el rostro de alguna persona odiada o el escudo de ese club que siempre detestó en el lugar donde se descome? Todo, con la intención de acordarse de ellos justo antes de manchar la porcelana. Aunque claro, en ese pequeño rincón de la casa también nos podemos acordar de nuestros grandes ídolos. El bueno de Barney Smith pensó que sería buena idea decantarse por esta segunda opción.

Eso ocurrió 50 años atrás y, desde entonces, este entrañable anciano de San Antonio (en el estado de Texas) realiza los más diversos diseños sobre esas piezas de porcelana o plástico, en las que solo reparamos cuando vamos apurados para hacer nuestras necesidades y se interponen en nuestro camino. Todo surgió un día cuando el bueno de Barney, que había seguido los pasos de su padre y era fontanero, fue a una tienda de suministros y se percató de que tenían muchas tapas de inodoro en el muelle.

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“¿Qué vas a hacer con todas esas tapas de retrete que tienes ahí tiradas?”, le dijo Barney. “Las vamos a tirar en ese contenedor”, respondió el paisano. Y en ese momento surgió la magia. “Estoy haciendo un poco de arte. Me gustaría quedarme algunas de esas tapas para ponerles arte encima”, respondió el responsable del primer Museo de Arte sobre Tapas de Váter.

Ahora, con 95 años a sus espaldas, el bueno de Barney Smith abre cada día las gigantescas puertas de la nave que alberga su desternillante museo. Así, todo aquel visitante que se deja caer por el 239 de Abiso Ave, en la capital tejana, puede visitar el Barney Smith’s Toilet Seat Art Museum. Allí el nonagenario le mostrará orgulloso las más de 1.200 tapas de retrete que ha decorado con distintos motivos a lo largo de medio siglo.

Las hay de muy diversos tipos. Aquellas que conmemoran ciertos acontecimientos históricos y deportivos, como pueda ser la Super Bowl que enfrentó a los Seatle Seahawks contra los New England Patriots, el evento deportivo del año en Estados Unidos. Otras han sido decoradas para recordar la figura de ciertos artistas que marcaron un antes y un después en la cultura internacional. Sin ir más lejos, los visitantes podrán encontrar una tapa en la que Barney Smith ha intentado reproducir el busto de Michael Jackson, con el sombrero negro que le acompañó en tantas y tantas actuaciones, u otra con una imagen de Marilyn Monroe.

En otras, simplemente, ha improvisado. Ya fuera poniendo una cámara de fotos con distintos carretes o haciendo ‘collages’; ya fuera con distintas corbatas, con canicas o con llaves. Todo vale. También, por qué no, realizar distintas heráldicas con monedas o utilizar algunos cromos de Pokemon para así rendir culto a la saga de origen japonés. Y, junto a ellos, también presume de contar con la tapa de inodoro más ancha del mundo, donde están colgadas numerosas medallas conmemorativas.

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Y para que todo el empeño que ha puesto en crear su museo no se vaya por el desagüe cuando él deje de estar por aquí, el bueno de Barney se ha preocupado también de hacer todo lo posible para que su gigantesca colección de arte de tapas de retrete quede para la posteridad. No solamente ha conseguido convencer a su hija para que cuide de todas sus peculiares obras, sino que incluso ha alcanzado un acuerdo con uno de los principales fabricantes de asientos de inodoro. La firma Bemis Company ya ha dicho que estaría encantada de poder trasladar toda la colección de Barney a su sede, para que allí los visitantes puedan seguir apreciando la original forma de entender el arte que este estadounidense le ha regalado al mundo durante más de 50 años.

Lo que quizá no sepan es que su legado solo dejará de incrementarse cuando el Barney Smith eche por última vez el candado a su museo. Cada mañana que abre el portón y a medida que nuevos visitantes se acerquen a conocer tan sorprendente colección, el número de las piezas de museo irá en aumento. Y es que, si cuando visites a este entrañable nonagenario llevas contigo la tapa de tu váter (bien lavada, a ser posible), él promete grabar tu nombre en ella e incluirla en su inmensa colección para que los futuros visitantes sepan quienes les precedieron. Un bonito detalle, sin lugar a dudas.

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Quienes han vistado el Barney Smith’s Toilet Seat Art Museum lo recomiendan encarecidamente. Así que, si un día estás por San Antonio, deberías ir a visitar a Barney. Eso sí, no olvides tu tapa de váter. Arráncala del baño del hotel donde estés alojado o de la cafetería donde desayunes esa mañana, pero no te presentes allí sin eso. Porque este entrañable anciano no te pedirá ni un solo centavo a cambio de enseñarte su colección, pero a él lo harás muy feliz si le llevas eso que tanto adora, que no es otra cosa que una buena tapa de váter. Para gustos, colores.

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Con información de BoingBoing, Mentalfloss, Road side America y Atlas Obscura

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