Quemando una falla o recibiendo a una bruja: las formas más locas de celebrar la Navidad

Aguantar al cuñado borracho hablando de la situación política del país, soportar los comentarios de una tía abuela que insiste en que nuestro diámetro corporal y la presencia de lípidos en nuestra barriga ha aumentado en el último año o escuchar cómo triunfa tu primo en Nueva York son motivos más que de sobra para volverse loco en Navidad y tenerle algo de manía a estas fechas tan señaladas. Sin embargo, las comidas y reuniones familiares en las que creías que se juntaban la fauna (y flora) más peligrosa del planeta en forma de parientes cercanos y otros que no lo son tanto no son nada comparado con algunas de las tradiciones navideñas que circulan por Europa.

Los días alegres de diciembre están marcados en el Viejo Continente por ritos como la matanza y quema de un cerdo en Rumanía, las fallas a la valenciana en Suecia o los disparos al aire en Serbia. Después de conocer estas peculiares tradiciones navideñas pensarás que tu familia es de anuncio y te lo pensarás dos veces antes de volver a quejarte de ella.

La matanza y quema del cerdo y el ayudante negro de Papá Noel

Cada 20 de diciembre los rumanos sacan sus mejores galas para dar muerte a un cerdo y así celebrar la Navidad y la llegada de un nuevo año. Esta fiesta se llama Ignat y está basada supuestamente en la historia de San Ignacio de Antioquía, quien fue arrojado a los leones por negarse a renunciar a Cristo. Sin embargo, muchos creen que esta vinculación sólo es un pretexto para dar sentido a una tradición pagana con la que se mostraba quién era el más rico del pueblo. Aquel que contaba con el cerdo más grande se alzaba con el ficticio galardón. Así, cada Navidad los gritos de los cerdos en el lecho de muerte se convierten en la melodía navideña  más escuchada de los pueblos rumanos.

Aunque la tradición no queda ahí. Tras darle muerte al animal, se utiliza un soplete o antorcha para quemar su piel. Como celebración por el acto, se bebe tzuika, un fuerte licor de ciruela que toman hasta emborracharse mientras comen pedazos quemados de piel de cerdo. Una cruenta estampa con la que quiere acabar la Unión Europea, aunque por el momento los rumanos han hecho oídos sordos, al igual que cuando escuchan los chillidos del cerdo.

Quienes también han logrado llamar la atención de un organismo internacional son los holandeses. Cada navidad, junto a Papá Noel, llega el Zwarte Piet (también llamado Black Pete), al ayudante negro del gordinflón más famoso del mundo. Su presencia por las calles holandesas repartiendo caramelos a los niños ha generado controversia para quienes lo ven como una ofensa a la raza negra. Denuncian que este personaje, en la mayoría de los casos interpretado por blancos maquillados al más puro estilo Baltasar embetunado, con los labios rojos y grandes pendientes de aros, estaría ridiculizando a la raza negra y mofándose de la esclavitud. Esta es la razón que han dado desde Naciones Unidas para solicitar a los holandeses que pongan fin a esta polémica tradición.

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Lejos de quedarse en una simple tradición aderezada con algo de polémica, el debate entre partidarios y detractores de Pete (para los amigos) ha levantado ampollas (y más de un buen puñetazo). Este año, durante el desfile nacional de SinterKlaus, el Papá Noel holandés, se permitió una protesta de indignados por los cambios que amenazan a Pete. Sin embargo, los partidarios de prohibir o cambiar a Pete no tuvieron espacio para sus reivindicaciones. Esto ocasionó altercados como los que se ven en este vídeo, en el que un policía golpea a un activista. Para acabar de rematar el absurdo, un grupo de policías se disfrazó de Pete y lo colgaron en las redes sociales. Al poco tiempo se arrepintieron y borraron el tuit para que no quedara huella de la hazaña, pero ya era demasiado tarde.

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Una falla con forma de cabra y el anti-Papá Noel

Mientras tanto, en Suecia prefieren no saber nada de Papá Noel. En el país nórdico el encargado de repartir los regalos es el Julbocken, una cabra gigante que no siempre ha sido especialmente querida: aquellos que asociaban a este animal con el mismísimo diablo han pretendido acabar con la tradición a lo largo de la historia.

julbocken

Sin embargo, Julbocken perduró a lo largo del tiempo y hoy es uno de los adornos navideños más utilizados por los suecos. En la ciudad de Gävle, cada año se instala el Julbocken más famoso del país. Con 13 metros de altura, esta cabra gigante ve el final de sus días en la víspera de Año Nuevo, cuando arde entre llamas al más puro estilo falla valenciana. Aunque la querida cabra de los suecos no siempre llega intacta a esas fechas. En 1976, el pobre muñeco fue atropellado por un coche y en 2010 la intentaron secuestrar con una avioneta. Sin ir más lejos, este mismo año y a pesar de los esfuerzos por preservarla intacta hasta su quema oficial en Nochevieja, Julbocken ardió apenas cuatro horas después de su instalación como se puede ver en este vídeo.

krampus

No obstante, Suecia no es el único lugar de Europa en el que pasan de Papá Noel y prefieren una tradición un tanto rarita. En Alemania se decantan por su antagonista, Knecht Ruprecht. Se trata de un personaje armado con una vara de madera con la que amenaza a los niños para que el año próximo se porten mejor. Entre los regalos, el querido Knecht Ruprecht siempre deja manzanas podridas.

En otras partes de Alemania y Austria no sólo les basta con el “tío la vara”, sino que atemorizan a los más pequeños con otra figura mitad cabra – mitad demonio que responde al nombre de Krampus. Cuenta la leyenda que, al igual que el hombre del saco, Krampus captura a los niños malos para llevárselos con él. Todo simpatía y bondad para estas fechas tan señaladas.

Pero las cosas no se quedan así. Los niños austriacos se vengan de este ser en la mañana del día 28 de diciembre, cuando salen a las calles armados de sus angelicales voces para recitar poemas. Así, los adultos vestidos de Krampus se rinden a los encantos de los niños y les dan algo de dinero. Con estos actos conmemoran la matanza de los inocentes. Sin embargo, en Austria la tradición ha adquirido un nombre nada bíblico. Se refieren al “wichsen” que se traduce como “golpeando” o “masturbándose”.

La bruja limpiadora y un tronco que defeca regalos

Siguiendo con los seres extraños que aparecen en Navidad, los italianos esperan con impaciencia a la bruja Befanaque llega a bordo de su escoba el 6 de enero (coincidiendo con los Reyes Magos de la tradición española). Para los niños buenos, Befana trae regalos y dulces, pero para los que no lo fueron tanto, trae carbón. Su lugar para dejar los regalos son las medias colgadas que la noche anterior los niños han puesto en sus salones. Esta bruja, que bien podría ser pluriempleada, también barre la casa con su escoba para limpiarla de las cosas malas, cuenta la leyenda. Un dos por uno con el que ni Papá Noel ni los Reyes magos podrán competir jamás.

No tan lejos, en Cataluña, otro peculiar ser llega puntual a su cita navideña con pequeños y mayores. Es el tió de Nadal (en catalán, un tronco de Navidad): un tronco de madera con carita sonriente y un corcho en la nariz que se cubre con una manta. Los niños tendrán que golpearle con un palo para sacar sus regalos, porque debe defecarlos. Todo ello, mientras cantan una canción que invita al tronco a hacer sus necesidades (en forma de regalos) después de haberle alimentado durante todas las navidades. La canción dice así: “Caga, tió, almendras y turrón, no cagues arenques que son demasiado salados..” Algunos tiós de Nadal ya están cansados y se han rebelado como el de este vídeo (no apto para adultos).

Zapatos voladores y disparos al aire

Sin embargo, no solo de regalos viven las tradiciones navideñas. Si los españoles despedimos el año comiéndonos doce uvas al son de las campanadas, en Austria gustan de lanzar un zapato por encima del hombro para saber si se van a casar durante el próximo año (si apunta hacia la puerta es que pasarás por el altar), mientras que los daneses prefieren pasar estos días rodeados de fuego: días antes de Navidad, salen a cortar un árbol para sus casas y lo adornan con velas reales como se hacía antes de que llegara la electricidad.

En Serbia, sin embargo, prefieren fuego de otro tipo. En la celebración de la Navidad es tradición salir al bosque más cercano y disparar las armas al aire (subirlo a YouTube ya es opcional). Tras este aviso (como el que tira petardos, vaya), los serbios se dedican a la búsqueda del roble perfecto. Una vez que lo encuentran, se llevan sus ramas para quemar en la chimenea de sus casas.

No obstante, en Serbia hay que esperar un poco más de lo que estamos acostumbrados para celebrar la Navidad. Para ellos, los festejos comienzan dos semanas más tarde de lo habitua: el 7 de enero, como marca la tradición de los cristianos ortodoxos quienes se rigen por el calendario juliano en vez por el calendario gregoriano (el nuestro).

Con pistolas o sin ellas, con mucho de fuego y algún que otro regalo, lo importante es disfrutar de la Navidad. Mientras estos locos europeos siguen con sus tradiciones, tú puedes ir preparándote para la siguiente tortura familiar: la Nochevieja ya está aquí.

Con información de The New York TimesJoopVice, Wikipedia

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