Los papanoeles más inquietantes sobre la faz de la Tierra

El gordito feliz que llega cada Navidad y se cuela en tu casa sin pedir permiso (no, no nos referimos a tu cuñado) tiene un lado oscuro. Si la existencia de un abuelete que va dejando regalos porque sí después de estar sentando en su regazo a los más pequeños de cada hogar ya es inquietante, ahora habría que sumar  algunas de las versiones más escalofriantes que nos hemos inventado los mortales  para anunciar su venida. Para echar a correr.

Desde que Papá Noel llegara a nuestras vidas no hemos parado de cambiar su aspecto. Comenzó siendo Nicolas de Bari, un sacerdote cristiano que vivía durante la Edad Media en los valles de Lycia, una zona de la antigua Turquía. Luego fue un personaje creado por el escritor americano Washington Irving para más tarde pasar por manos del caricaturista germano-estadounidense Thomas Nast, quien le dio la apariencia de bonachón con el que hoy le conocemos.

Pero lo que no sabía el bueno de Santa Claus es que aún le quedaría mucho por ver sobre sí mismo. A estas alturas de la vida, ya se le ha representado al estilo Marilyn Monroe, con un juguete sexual entre manos e incluso como si fuera un zombi. Por suerte, vive en Laponia y solo se acerca por estos lares una vez al año. Esta ermitaña vida es la única fórmula que le permite esquivar la ingente cantidad de horripilantes papanoeles que hay desplegados por el mundo.

 

 

 

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Al más puro estilo hollywoodense (aunque sin mucho ‘glamour’, precisamente), esta gigantesca figura de Papá Noel nos deleita con la famosa pose de Marilyn Monroe en la película ‘La comezón del séptimo año’(1955). Con 6 metros de altura, este Santa Claus se puede ver frente al centro comercial de la ciudad de Dongguan, en China, y se ha convertido en toda una atracción con la que hacerse los oportunos selfis navideños en los que mostrar las piernas de las que presume el bueno de Papá Noel (y el elástico de sus calzoncillos).

Por desgracia, no es el único lugar del mundo en el que unas hipotéticas rejillas de metro también le juegan una mala pasada al señor de rojo y blanco. Él intenta tapar sus vergüenzas (al mismo estilo Monroe), pero no puede evitar que se le vean sus medias de rejilla, con liguero incluido. Más que suficiente para horrorizar a más de uno y traumatizar a cualquier niño, aunque a él parece no importarle dada su expresión pícara. ¿Querrá Papá Noel convertirse en un mito erótico?

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Penes, coches y escasa belleza

Sin embargo, otros papanoeles que muestran su faceta más picantona son aún menos sutiles que los que imitan a la eterna Monroe. De hecho, los hay que sacan sus juguetes sexuales a pasear en plena Navidad. Ni ilusión infantil, ni regalos familiares, ni deseos de paz y amor. A este Santa Claus solo le importa la diversión anal.

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Se trata del Papá Noel gigante creado por el artista Paul McCarthy, conocido por el árbol con forma de juguete sexual que se instaló en  París. En esta ocasión, la obra se titula ‘Papá Noel con un tapón anal (butt plug)’. No sabemos lo que hará Santa en su intimidad, ni tampoco nos interesa. No obstante, puede que su club de fans infantil haya perdido algún que otro miembro del mismo drama que le ha provocado tan bizarra escena.

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No obstante, no solo de referencias sexuales viven los papanoeles más insólitos y aberrantes del mundo. Sin ir más lejos, este se lo debemos a Jack Bridges, el diseñador de las míticas estatuas “Big Tex”, esos verdaderos iconos culturales yanquis de Texas y Dallas. Elaborado en papel maché y con unas dimensiones de casi 17 de altura, este ejemplar único en su especie se instaló en el concesionario de coches Chevrolet de Dallas.

Lo más trágico de esta figura no es su aspecto, sino la historia que esconde. En 1953, un habitante de la zona llamado Roy Davis quiso fotografiar la mejor perspectiva del muñeco para lo que se subió a una grúa. El esfuerzo de Davis acabó en tragedia, ya que sufrió un ataque de corazón mientras estaba allí subido y cayó justo entre las enormes botas de Santa Claus. El final fue fatídico.

Mientras tanto, y desde 1960, los habitantes de Auckland (Nueva Zelanda) esperaban cada Navidad con ilusión la llegada de este gigantesco Papá Noel con una expresión un tanto bizarra. Su guiño constante y su gesto de llamada con el dedo índice conquistaban (o asustaban) a todo aquel que pasaba por la esquina de la tienda de libros Whitcoull en Queen Street.

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Pero en 2014, la atracción navideña, que llegó a hacerse con el título del adorno de navidad más horripilante del mundo, conoció el final de sus días. El Papá Noel de Auckland suponía un gasto anual de 100.000 dólares australianos (unos 70.000 euros al cambio actual). Una cifra demasiado elevada que hizo pensar a sus responsables que sería mejor que descansara de sus repetitivos gestos por siempre jamás en un almacén.

Los medios de comunicación de Auckland llegaron a pedir que volviera a instalarse e incluso se ofrecieron donaciones para retomar la tradición. Sin embargo, este horroroso Papá Noel no ha vuelto a la vida. Los más nostálgicos tendrán que conformarse con ver el vídeo una y otra vez.

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Y, mientras este Santa Claus moría, en la otra punta del mundo otro vive todos los días del año. Sucede en Fairbanks (Alaska), donde siempre es Navidad. A solo 22 kilómetros del Polo Norte, se puede ver la estatua de fibra de vidrio más grande de Papá Noel durante todo el año. Este enorme Santa Claus con grandes ojos de un preocupante color azul y papel en mano permanece vigilante para ver si nos portamos bien y traernos los regalos que hemos pedido. De ahí su omnipresencia. No podemos decir que su aspecto sea del todo horripilante pero al ser su pueblo podían haberse esmerado más en este homenaje.

Meando y crucificado

Incluso hay quien ha logrado combinar a dos personajes con una popularidad sin igual: entre la gran variedad de trajes que le han colocado al Manneken Pis a lo largo de su historia, no podía faltar el de Papá Noel. Pero su cambio de atuendo no ha tenido lugar en la mítica estatua de Bruselas, sino en la réplica que hay en Japón, concretamente en la estación JR Hamamatsu-cho de Tokyo.

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Pero no todo es felicidad, alegría y divertidos homenajes en la vida de Papá Noel. De hecho, no hay duda de que la entrega de regalos es muy dura; tanto, como para poder morir en el intento. Tanto es así que hay quienes han querido representar a este gordito bonachón en el final de sus días. No sabemos si el viaje en todoterreno le ha dejado así (acostumbrado a utilizar su trineo) o si se ha convertido en un zombi recién salido de The Walking Dead que va en busca de los sabrosos cerebros de los pasajeros del coche. De cualquier modo, su aspecto es más que terrorífico.

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Y los hay peores. Este otro Papá Noel parece que ha acabado harto de tanto reparto y tanta felicidad ajena y ha optado por la crucifixión como método para poner fin a su calvario navideño. Eso o algún desalmado quiere acabar con él y ha pensado que la mejor forma es con este salvaje método.

 

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Siguiendo en el lado oscuro (que la fuerza nos acompañe), nos encontramos con este espeluznante engendro mitad Papá Noel mitad rata cabreada que recuerda inevitablemente a un gremlin en un mal día. Su aspecto es bastante desagradable y no parece ser el adorno perfecto para estas fechas tan emotivas en las que la alegría impera por las calles. A no ser que estés cansado de tanto Ho Ho Ho. Así las cosas, parece que Papá Noel es el personaje más maltratado de estas fechas. Para que se le recuerde así, mejor no hacerle ningún homenaje.

Con información Weburbanist y Tosh.0.

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