Chucherías, ‘photocall’ y otras chorradas de las bodas que no necesitaron nuestros padres

“¡Vivan los novios!”, se grita en las ceremonias protagonizadas por un vestido blanco rodeado de multitud de modelitos. Las bodas son un clásico entre los clásicos, con sus novios, sus amigos y sus familiares lejanos a los que solo se ve en estas señaladas ocasiones. Hay quienes quiere una celebración modesta, pero otros deciden tirar la casa por la ventana y gastarse todo el dinero posible. Para estos últimos se hizo el siglo XXI, con sus innovaciones no solo en asuntos tecnológicos, sino también en algo tan tradicional como un casamiento. Porque lo de servir gambas y jamón del bueno junto a puros y una corbata cortada a trozos ha quedado ya un poco anticuado, así que llegaron nuevas tradiciones de lo más moderno que han logrado disparar el ya de por sí abultado presupuesto de un evento como este.

reportaje preboda

Hacer un reportaje preboda

Los cambios en las bodas comienzan precisamente antes de la propia boda. Es ya casi obligatorio que muchas parejas quieran hacerse un reportaje fotográfico unos días antes del magno acontecimiento, con ropa informal y en un lugar que les fascine por lo que sea, normalmente un parque o un paisaje idílico del pueblo de los abuelos. Hay quien va más allá y se lleva al fotógrafo al extranjero, porque el sueño de sus vidas era tener fotografías profesionales en Londres con motivo de su boda. Todo esto incrementa el coste, claro, aunque es cuestión de negociar tarifas y de contratar paquetes que incluyan el reportaje de la propia boda. Hablando de fotografías…

photocall

El ‘photocall’

No, tus padres no necesitaron esto en su boda. De hecho, no está muy claro a quién se le ocurrió este asunto, pero ya existía antes del fotomatón de ‘First Dates’. Recientemente se ha puesto de moda tener un ‘photocall’ o un fotomatón en el que todos los invitados posen. ¿Como en una gala de premios de cine? ¿Como para hacerse las fotos del DNI? No exactamente: cuanto más mamarracho, mejor. Por eso hay pelucas, sombreros, bigotes de pega… Las fotos se pueden quedar para los novios o llevárselas de recuerdo a casa. Esto es gratuito para los invitados, pero la gracia sale por un ojo de la cara a quien apoquina.

Maquillaje

Mesas para retocarse el maquillaje

Antes, cualquiera llevaba en su bolso unos polvos y una barra de labios para, llegado el momento, ir al cuarto de baño y darse un poco de chapa y pintura de urgencia. Pero hay quien ha visto aquí un negocio y ofrece mesas con productos de maquillaje, con maquilladores o no incluidas, para que ni novias ni invitadas se tengan que preocupar por eso. Así, novios y familiares pagan por algo que antes podía hacer cualquier persona con lo que se echaba al bolso. Jugada maestra.

emergencia boda

Tiritas en los cuartos de baño

Igual que la gente se echa el pintalabios en el bolso, hasta ahora era habitual llevar un par de tiritas o algo por el estilo por si los zapatos nuevos rozaban. Pero ya tampoco hace falta preocuparse por eso, que los novios han decidido dedicar una partida de la boda a tu confort. En muchas celebraciones, si vas al cuarto de baño, te encontrarás con tiritas, pañuelos, peines… Dependiendo del postín y de las ganas de introducirse en la intimidad de las personas se pueden añadir compresas, tampones, sal de frutas…

vestidos de boda

Comprarse dos vestidos para no mancharse

Atrás quedaron aquellas largas colas de vestido de novia llenas de pisadas negras y que arrastraban cáscaras de langostinos de un lado a otro del salón nupcial. Ahora lo ideal es comprarse un ‘outfit’ de repuesto, obviamente más cómodo, y que se pueda ensuciar sin problema alguno. Antes daba todo igual. Ahora somos más pulcros. O más derrochadores. Y, encima, hay quien cree que luego se puede destrozar el vestido de novia.

cóctel

El cóctel previo

No hace tantos años, el banquete nupcial se bastaba con eso, un banquete en el que todo el mundo estaba sentado y empezaba a desfasar con el alcohol antes de pedir una y otra vez a los novios que se besaran. Sin embargo, de un tiempo a esta parte el banquete tiene una parte previa consistente en decenas de bandejas pasando a tu alrededor con los entremeses más cuquis y las copas llenas del vino más suculento. Además de aumentar el presupuesto de la boda (y arriesgarse a que algún cuñado diga: “Pues yo ya estoy ‘cenao’”), el cóctel sirve para ocultar a los novios durante unas horas. ¿Se han ido ya de luna de miel? No: están haciéndose otro reportaje fotográfico. Intenta darles la enhorabuena en medio de tantos camareros y no los encontrarás.

candy bar

Mesas con chucherías

Seguimos con la comida. Si la boda es por la noche, a eso de la una de la madrugada ya está todo el mundo con la barra libre y el baile. Pero como por arte de magia, en un lateral ha aparecido una mesa llena de colores chillones, sobre todo rojos y rosas. ¿Recuerdos de Hello Kitty? No: chucherías. Lenguas, esponjitas, fresas, caramelos… Todo un deleite para el gusto y para la vista (hay empresas que hacen verdaderas virguerías) y para el dentista si no te cepillas los dientes al llegar a casa. Tener un ‘candy bar’ con bomboneras bien surtidas se ha convertido en una nueva tradición. Parece que no se entiende una boda sin chucherías, y no precisamente para agasajar a los niños. De hecho, esos mismos adultos bailongos que disfrutan con ‘Paquito el chocolatero’ las volverán a comer por vez primera desde los 15 años. Y con el empacho del día siguiente no lo volverán a hacer. Al menos, hasta la próxima boda, en la que todos los males se han olvidado ya.

niños en una boda

Cuidadora de niños

Antes los chiquillos de los invitados se sentaban en una mesa aparte, donde se podían dedicar a beber todos los refrescos que desearan y donde se les servía un menú tan sofisticado y equilibrado como el del resto de comensales, consistente en carne de hamburguesa con patatas fritas. Ahora, esa mesa sigue existiendo, pero cuenta con un adulto imprevisto: una cuidadora (normalmente es una mujer joven, probable amiga o conocida de los novios y que cobrará esa jornada en negro) que los acompañará en todo momento. Antes o después de comer (en el cóctel ni están ni se les esperan) los habrá divertido con juegos, dibujos, visitas a algún parque cercano con columpios… Su jornada terminará a primeras horas de la madrugada. Mientras se marcha, alguien dirá a sus espaldas que cuando él o ella se casó no necesitó a nadie que cuidara de los niños.

Vídeo 24 horas

Hay quien ha filmado toda esa jornada de vorágine y frenesí, y no nos referimos precisamente a cuñados como el de ‘El Ministerio del Tiempo’. Un fotógrafo, probablemente el del reportaje preboda o un ayudante que no está asegurado, ha grabado todo el evento. Y cuando nos referimos a todo es a todo: ropa encima de la cama muy bien extendida para que no se arrugue, maquillaje de la novia, gemelos del novio, ‘travelling’ en la iglesia… El momento más bochornoso llega cuando filma a los invitados bailando. Y decimos que es bochornoso porque luego toca ver el vídeo y nadie quiere recordar eso. ¿No bastaba con recordar la ceremonia?

Wedding planner

‘Wedding planner’

Y terminamos con otro de esos elementos que está surgiendo como setas en los últimos años. Antes, el restaurante donde se organizaba la boda se encargaba del banquete, la barra libre y preparar casetes o cedés con la música que más sonaba en Los 40 Principales. Ahora, con tantos nuevos elementos como hemos visto, necesitan a alguien que pueda apechugar con todo. Una persona ante la que muchos invitados se preguntarán: “¿Por qué no se sienta?”, creyendo que es otra de las invitadas. Pero no: es la ‘wedding planner’, una persona muy maja a la que verás ir de un lado para otro durante el banquete, controlando que todo esté bien. Previamente, durante días, se habrá encargado de organizar las mesas, la decoración. Todo ello, siempre con una sonrisa en la boca. En tiempos de crisis, ser ‘wedding planner’ es otra salida laboral que los modernos han ayudado a crear. Habrá que ver si esta, como las moderneces anteriores, se perpetúan y se quedan toda la vida.

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