Duerme en su coche durante todo un mes para pillar al desgraciado que le raya la chapa

Probablemente te haya pasado. Si no a ti, a alguien conocido: sales de casa o de la oficina y te encuentras que tu coche tiene una sorpresa para ti. ¿Un anuncio de “Compro oro” pegado al limpiaparabrisas? ¿Un mensaje entre la suciedad del cristal trasero que dice “Siembra patatas”? Peor aún: una rayadura, más pequeña o más grande, en uno de los laterales. El drama aumenta si no queda otra que tirar de la cartera y apoquinar para que lo pinten. Sin embargo, siempre queda la opción de que te tomes la justicia por tu mano. Aunque sea un proceso lento.

Es lo que ha hecho el bielorruso Kot Matroskin. Un buen día de hace seis meses, el pobre Matroskin salió a la calle en su Minsk natal para coger su Volkswagen Polo. Cuál fue su sorpresa cuando encontró una pequeña rayadura en su coche. Al principio no le prestó mucha atención, pero finalmente fue inevitable: a medida que pasaba el tiempo, iban apareciendo nuevos arañazos. La cosa ya estaba pasando de castaño oscuro.

Matroskin se empezaba a irritar, así que decidió hacer de Hércules Poirot e investigar quién estaba detrás de esos actos vandálicos que tenían su coche como objetivo. Poco a poco, fueron saliendo varias pistas: el bielorruso se dio cuenta de que las rayaduras aparecían solo cuando aparcaba su coche cerca de un camino en la entrada de un parque, donde lo solía dejar cuando no encontraba sitio cerca de casa. Además, parecía que todas habían sido hechas con el mismo objeto o uno muy parecido.

camino coche

Sin embargo, seguía sin entender por qué alguien la había tomado con su coche- Él se aseguraba de no rebasar el camino para no molestar a ningún caminante, por lo que el automóvil estaba bien aparcado. Pensó que, tal vez, alguien lo estaba haciendo por venganza, pero no recordaba tener problemas con sus vecinos como para llegar a esos extremos.

Para zanjar el misterio y averiguar quién estaba detrás de los dichosos arañazos probó primero por la vía amistosa: dejó un mensaje en una ventana. En él, preguntaba al responsable (o responsables) por qué hacía lo que hacía, con una dirección de correo electrónico de contacto. Sin embargo, no recibió ningún mensaje del atacante (o acabó en la carpeta de ‘spam’ y no lo vio, quién sabe) y los ataques continuaban. Pasó entonces a tirar de tecnología punta: instaló una cámara en el interior de su coche, pero solo captó transeúntes y no se podía concluir cuál estaba rayando el coche a la vez que caminaba.

Mensaje en coche

Los rayajos eran ya tales que la carrocería parecía ya el dibujo de un chiquillo de año y medio. Así que durante este último mes el bueno de Matroskin decidió llevar a cabo una estrategia drástica: dormir en el coche.

Sus pesquisas de Sherlock Holmes le permitieron concluir que los ataques tenían lugar entre las cuatro y las seis de la mañana, así que ponía el despertador cada mañana a esa hora y marchaba a su coche-dormitorio. Se llevaba un saco de dormir y ropa gruesa y durante tres horas dormía en el asiento trasero. También rodilleras y guantes, por si las circunstancias le obligaban a llegar a la pelea. Así soportó temperaturas bajo cero y los nervios con los que se levantaba cada madrugada para ir a su coche.

Y ahora llega la pregunta clave: ¿consiguió Kot Matroskin pillar a Jack el Rayador?

Efectivamente, lo logró. El pasado 27 de noviembre, a eso de las 5:40 de la mañana, escuchó un ruido sospechoso: alguien se acercaba al coche. Luego, un chirrido punzante taladró sus oidos. Rápidamente se levantó, salió y se encontró con una persona. Lo que sucedió a continuación te va a sorprender.

Matroskin se esperaba a un pillastre exsoviético, tal vez con malas pintas, pero se encontró con una ancianita con sombrero a la que grabó con su móvil. ¿El resultado? El vídeo que se puede ver arriba. Según este particular detective, la señora solo se responsabilizaba de los estropicios de ese momento, que se los pagaría si no llamaba a la policía. Se los hacía con unas fichas de las que se utilizan en Minsk para entrar al metro. Cuando le preguntó por qué actuaba así, esta especie de loca de los gatos, siempre según la versión de Matroskin, no dio ninguna respuesta.

metro fichas

Nuestro Colombo particular llamó a la policía y denunció a la mujer por daños materiales y morales. “Solo espero que después de hacer el trabajo de las autoridades de arrestar al delincuente, ellas hagan el suyo castigándola adecuadamente”, ha contado en un foro.

Aunque la experiencia fue muy dura para Matroskin (digamos que el frío nocturno del noviembre bielorruso poco tiene que ver con el del Caribe), al final resultó muy gratificante. Ahora solo queda saber si decidirá pintar el coche o lo dejará así en recuerdo a cuando se tomó la justicia por su mano para obtener una venganza fría (gélida, en su caso).

Con información de Oddity CentralScooter Club y Metro de Minsk

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