“¿De kilo? ¡Y más!” Lo que pasa cuando los rugbistas de Tonga van de ‘pintxos’ por Euskadi

Pululando por el mundo hay personas a las que, como suelen decir los viejos del lugar, es más barato comprarles un traje que invitarlas a la comer. Por una sencilla razón: no saben dejar un plato con comida. Algo así ocurre con los integrantes de la selección nacional de rugby de Tonga, que ha estado de visita en España para jugar dos partidos, uno contra la selección española y otro contra el equipo nacional de Estados Unidos. El primer partido lo disputaron en Madrid y para el segundo compromiso, las ‘Águilas del Mar’, como se conoce a los tonganos en el mundo del rugby, se desplazaron a San Sebastián. Y claro, ¿qué es lo que ocurre cuando una manada de jugadores de rugby glotones llegan a una capital de la gastronomía como Donosti? Pues que arrasan con todo.

Después de visitar el frontón para tratar de jugar a pelota vasca, los organizadores del partido entre Estados Unidos y Tonga llevaron a la expedición oceánica a una ‘taska’ donostiarra para que degustasen algunos que otros pintxos. Cuando el dueño los vio entrar seguramente se alegró. “Hoy vamos a hacer buena caja”, debió pensar. Claro que, después de darles a probar algunos de los productos que estaba preparando en la cocina, no tardó en arrepentirse viendo que su estómago era un pozo sin fondo. “No les doy más, que si no nos quedamos sin nada”, comentaba.

Para entonces, ya habían acabado con gran parte de los ‘pintxos’ que había en la barra. Mientras unos probaban la piparra otros disfrutaban con las gambas “arramindas” o “garagarabinda”, como en Tonga han sido bautizas las gambas a la gabardina. Todo ello, como no podía ser de otra forma, bañado en sagardúa. Es más, para que no pierdan detalle de la cultura gastronómica de la capital guipuzcoana, la periodista que los entrevista les invita a pedir chacolí en la siguiente ‘taska’ en la que se dejen caer.

Visto lo visto, su ruta por los bares donostiarras no parecía acabar allí. Y eso que, como contaba Aitor Arístegui, miembro de la organización del Rugby Challenge (la promotora del partido entre Tonga y Estados Unidos), cuando viajaron desde Madrid hasta San Sebastián ya hicieron una parada técnica para repostar en Aranda del Duero y allí ya dejaron claro que, además de jugar al rugby, querían aprovechar su visita a la península para dar buena cuenta de la gastronomía de aquellos lugares por los que pasaran. “Se comieron alrededor de un cordero cada uno, algo así… fue una cosa brutal”, explicaba.

Eso sí, no solamente la periodista que les preguntaba y les enseñaba el nombre de los ‘pintxos’ que estaban tomando estaba alucinando con su inagotable apetito. También los parroquianos que estaban disfrutando de algún que otro chacolí con los amigos. Es más, para que no quedara dudas, uno de ellos aclaraba que no había venido con los tonganos. Realmente, a esas alturas ya no sabía muy bien cómo y por qué había acabado en el bar. “¡Tú me has traído aquí! Yo te he visto ahí guapa y he dicho: ‘Venga’”, le decía a la periodista de la Eitb que, por si quedaba alguna duda, no había intercedido para que él acabase en la ‘taska’. “Yo no te he traído aquí, tú estabas aquí con tus amigos”.

Precisamente uno de los amigos de este buen hombre que había aparecido en el bar, como por arte de magia, contaba que no era la primera vez que los tonganos daban rienda suelta a su voracidad en nuestro país. Contaba que en otra vista a nuestro país los invitaron a Rentería, a su sociedad gastronómica a comer y, claro, pasó lo que ya podéis imaginar. “¡Se comieron unas chuletas impresionantes!”, explicaba el parroquiano. “¿De kilo cada uno?”, le preguntaba la periodista. “De kilo y más si les das. Terrible, terrible. Un saque…”, dejaba claro el buen hombre antes de describirlos físicamente, y dejar claro que, para mantener esos cuerpos, tenían que zampar como si no hubiera un mañana.

Pero también dejaron constancia de que sus visitas a tierras guipuzcoanas no solamente habían servido para probar las ‘delicatessen’ que les preparaban en una sociedad gastronómica, sino que también habían aprovechado para aprender algo de euskera. “Kaiso”, “egunon” o “eskerrik asko” son palabras que tienen dominadas. Y son más que suficientes, porque a la hora de comer solamente tienen que señalar y decir que todo esta “very good”.

Eso sí, que nadie piense que su inagotable apetito y su glotonería les impidió vencer a los estadounidenses. En un escenario tan espectacular como es el estadio de Anoeta, y ante 20.000 personas, las ‘Águilas del Mardeleitaron al respetable con el Sipi Tau (el baile tradicional que realizan antes de cada partido) y se impusieron al equipo norteamericano por 20 a 17. Como ya vaticinaba Aitor Aristegui mientras veía servir sagardúa a los visitantes oceánicos, el partido se lo llevaron los tonganos que impusieron su autoridad física. Quizá influyó en el resultado final que, para relajarse, no tuvieron el más mínimmo inconveniente en darse un chapuzón en las frías aguas del Cantábrico en pleno mes de noviembre. Con esos cuerpos, normal que cuando llegue la hora de comer no tengan fin.

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Con información de EiTB y ElConfidencial

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