Esta viuda fue la primera persona que se tiró en barril por las cataratas del Niágara (y vivió para contarlo)

Temerarios hay en todas partes y en todas épocas. Muchos, anónimos o no, que hacen proezas increíbles en tierra, mar y aire. Esto no es algo que provenga solo de las más recientes generaciones, que se graban con la GoPro y luego lo suben a YouTube. En realidad, las virguerías en la naturaleza tienen años y años de historia y las han hecho desde deportistas extremos como Felix Baumgartner hasta señoras viudas. Sí, de las de luto riguroso.

Annie Edson Taylor, cuyo marido murió en la Guerra Civil estadounidense, fue la primera persona en saltar por las caudalosas cataratas del Niágara de un modo peculiar. Lo que muchos turistas hacen cada día al navegar por sus aguas en un cómodo barco o visionar desde la lejanía sin arriesgar ni un ápice su vida (o menos de lo necesario, por lo menos), ella lo hizo en un barril de roble con el interior acolchado de manera burda. Así que, ni más ni menos, el 24 de octubre de 1901, justo el día de su primer cumpleaños, Annie se montó, se tiró y sobrevivió para relatar su increíble experiencia.

Pero antes de tomar un riesgo tan temerario, como buena previsora, tomó ciertas precauciones. Buscó un representante, Frank M. Russell, que la ayudara a patrocinar la aventura y decidió probar el barril acolchado con un conejillo de Indias de excepción: un gato. No sabemos si el felino disfrutó mucho de la experiencia, pero el caso es que sobrevivió, así que Taylor decidió jugársela.

Su barril pesaba unos 70 kilos, medía 1,50 metros de alto y tenía 91 centímetros de ancho. El día clave, hubo varias ocasiones en que la osada prueba estuvo a punto de ser suspendida, ya que las autoridades temían que que asistirían a un suicidio más que a una proeza. De hecho, advirtieron a Russell de que, si ella perecía, él sería juzgado por homicidio imprudente.

Taylor en el barril

Taylor se montó en el barril desde un bote de remos. Unos colegas atornillaron la tapa y lo dejaron a la deriva, a la espera de que el curso del río Niágara y los rápidos hicieran el resto. Mientras tanto, ella aguardaba en su interior abrazada a una almohada con forma de corazón, que pensaba le daría buena suerte. 20 minutos después de la caída fue rescatada viva. Tenía una herida en la cabeza, pero no había ninguna otra magulladura que lamentar. No es para menos tras caer desde una altura de 50 metros. Cuando salió, dijo: “Recé todo el tiempo que estuve en el barril, excepto durante unos pocos segundos tras la caída, cuando me quedé inconsciente”.

Viuda en Niágara

Sin embargo, Taylor no logró su verdadero objetivo: hacerse rica. Resulta que ella, que había sido maestra, tenía una pensión muy baja. Buscando maneras de aumentarla, a esta mujer todoterreno (había abierto una escuela de danza en una ciudad de Michigan y se había movido por todo el país para dar clases) se le ocurrió la loca idea de tirarse por las cataratas, de las que había oído hablar en una revista. A finales del siglo XIX, estas caídas de agua que se encuentran en la frontera entre Estados Unidos y Canadá eran cada vez más populares.

Ganó algo de dinero concediendo entrevistas, posando en fotos de recuerdo y vendiendo folletos en los que relataba su gesta, pero se gastó la mayoría en detectives que la ayudaran a dar con su representante, que había huido con el ya mítico barril. Y aunque lo encontraron en Chicago, al poco tiempo volvió a escaparse. Casi 20 años después de aquella hazaña, la valiente viuda falleció, olvidada por casi todos, y fue enterrada en la sección de acróbatas en el cementerio de Oakwood, situado en las cercanías de las cataratas.

El convertirse en la primera persona que sobrevivía a tamaña caída encerrada en un barril (Sam Patch había saltado sin barril desde los 38 metros en 1829 y también salió ileso) hizo que muchos intentaran emular su hazaña. Bobby Leach lo intentó en 1911 con algo que parecía más bien un proyectil o el cohete del ‘Viaje a la Luna’ de Meliès. Él también vivió para contarlo. Eso sí, se rompió las rótulas y las mandíbulas. Pudo sobrevivir a ello, pero murió en 1926… al resbalar con una cáscara de naranja. Cosas del azar.

Bobby y su barril

Otros no tuvieron tanta suerte: el inglés Charles Stephens falleció en 1920 al intentar emular a Taylor y Leach. Ocho años después, Jean Lussier conseguiría de nuevo las mieles del éxito. En su caso, logró completar la hazaña con un barril de acero y goma que luego vendió pieza por pieza a los turistas. A lo largo del siglo XX otros tantos fueron los que tuvieron el mismo éxito, y ya en el siglo XXI siguieron los aventureros, pero en otras modalidades: en 2012, el funambulista Nick Wallenda fue la primera persona en cruzar las cataratas a través de un cable.

Eso sí, nuestra valiente viuda nunca los hubiese animado a repetir su experiencia: “Aunque fuera con mi aliento agonizante, advertiría a cualquiera de no intentar la proeza… Preferiría acercarme a la boca de un cañón, sabiendo que me haría estallar en pedazos, que hacer otro viaje por la catarata”, reconocía cuando le preguntaban. Valiente fue, pero tampoco era cuestión de volver a arriesgar su vida.

Con información de Mashable, Wikipedia, History, Atlas Obscura y La Piedra de Sísifo

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