Patear a la Virgen María, el polémico reclamo de un museo que ha enfurecido a los creyentes

Para muchos, los museos son el lugar donde empaparse de cultura y conocimiento. Para otros, puede que visitar cualquiera de ellos sea, simplemente, una auténtica pesadilla. Para gustos, los colores. Pero lo que era difícil de imaginar es que todo un museo nacional pudiera convertirse en motivo de enfado para una religión. Y ha sucedido: el Museo Nacional de Estonia ha indignado a no pocos católicos.

Según las estadísticas, Estonia está considerado como uno de los países menos religiosos del mundo. De hecho, en este pequeño territorio apenas el 20 % de los ciudadanos se declaran creyentes. Así, los católicos no salen bien parados: según el último censo, en este país de poco más de un millón de habitantes, apenas 100.000 eran luteranos y unos 6.000 católicos. Así, la corriente religiosa mayoritaria es la protestante creada por Martín Lutero a principios del siglo XVI que, entre otras particularidades, aboga por acabar con las imágenes católicas a favor de una confesión renovada. De esta manera, los católicos constituyen una minoría en Estonia.

Con los datos sobre la mesa, quizás podríamos entender las razones por las que el museo público estonio ha expuesto la atracción de la polémica. Con motivo del quinto centenario de la reforma protestante, la institución ha expuesto una muestra que, entre otras cosas, incluye la posibilidad de dar una patada a la imagen de la Virgen María para hacerla añicos.

Así, parece que los responsables del museo han querido volver a prender la mecha entre católicos y protestantes con una atracción que ha sido objeto de todas las miradas (y también de más de un buen golpe). La pieza en cuestión no es más que una vitrina en cuyo interior se encuentra una suerte de holograma de la Virgen María. Hasta aquí, todo podría parecer normal. Si acaso, arte religioso moderno. El problema surge cuando los visitantes descubren que, si patean la instalación en una zona marcada para ello, la imagen parece romperse en pedazos automáticamente. En su lugar, aparece la palabra ‘Reforma’, para después volver a aparecer la imagen de la Virgen, preparada para hacerse añicos de nuevo por el próximo interesado en descargar su furia.

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Como era de imaginar, la pieza no ha gustado ni un pelo a los creyentes y, en especial, a los católicos, que se han sentido profundamente ofendidos con la muestra. Incluso los luteranos han salido en defensa de Nuestra Señora de Gracia, el nombre de la Virgen que se rompe para luego recomponerse una y otra vez cuando al visitante de turno se le antoje. El propio arzobispo de la iglesia evangélica luterana de Estonia, Urmas Viilma, ha arremetido contra la exposición y ha afirmado que se burla de la religión e insulta al sentimiento de los creyentes.

Además, el arzobispo ha señalado que se trata más bien de un ataque gratuito, que nada tiene que ver con la reforma: “La Virgen no fue parte de ese mal.Su papel en el mundo sirvió para facilitar nuestra salvación. Ella no se merece, por su santo nombre, ser profanada”, ha concluido.

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Sea como fuere, los responsables del museo consideran que no es para tanto y han explicado que se trata de una “representación artística de iconoclasia”. Un par de patadas más y pelillos a la mar. Además, desde la institución defienden que se trata solo de una imagen virtual, así que no habría motivo para echarse las manos a la cabeza ni taparse la cara con la sotana.

Sin embargo, para el arzobispo esta visión supone un escándalo: asegura que, aunque sea un holograma, es una forma como cualquier otra de dañar a la Virgen. A decir verdad, se trata de una representación literal del concepto de iconoclasta, que defiende la destrucción de las imágenes religiosas y que, en este caso, se ha llevado más allá simulando que una imagen virtual termina hecha pedacitos. Eso sí, podría ser peor: seguro que más de uno ya ha imaginado que el siguiente paso consiste en destruir esculturas sagradas a machetazo limpio.

Ya sea por la escasa representación católica en el país, o por considerar que la obra no resulta tan ofensiva como aseguran los creyentes, lo cierto es que desde el museo no parece que vayan a cancelar la muestra. De hecho, no parece que le falten motivos para mantenerla: la polémica les ha dado publicidad gratuita (ya sea buena o mala) y logran que los más reacios a visitar un museo puedan entretenerse, si se aburren, dando patadas a un ‘stand’.  Los niños, por ejemplo, podrían encontrar divertido lo de patear esta figura sagrada virtual (y así, de paso, sus padres no tienen que preocuparse porque sus criaturitas se aburran en exceso).

La polémica está servida, y no parece que desde la institución vayan a ceder a las exigencias de los creyentes, cada vez más enfadados con el museo. Así, si algún trotamundos tiene planeado viajar a Estonia y le pica la curiosidad, puede aprovechar para visitar el Museo Nacional y patear a la Virgen María. Eso sí, que tenga cuidado: no vaya a quedar bajo la atenta mirada de algún católico enfurecido.

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Con información de Catholic Herald y Carifilii.

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