Kétchup, arsénico, ratas y otros impensables medicamentos con historia

Dice la sabiduría popular que cada uno es médico de su propio cuerpo, y quizá por eso en la historia de la humanidad ha habido remedios de todo tipo para los más diversos males, según las diferentes culturas que pululan por el orbe. Y entre tanto medicamento de garrafón, en miles de años, se ha colado alguna que otra solución increíble (literalmente): de las hierbas a los potingues de laboratorio hay todo un camino en el que los más extravagantes productos han servido para curar (o por lo menos hacer el intento) enfermedades. Hoy nadie iría a una farmacia a comprar kétchup, pero hubo un día en el que se usó para algo más que para darle sabor a la comida:

kétchup

Kétchup para la diarrea

Allá por el 1835, el kétchup se comercializaba en algunos lugares con otros fines que lo alejaban del de sazonar hamburguesas gigantes. Se creía que podía servir como remedio para enfermedades como la diarrea, las indigestiones y, atención, la ictericia. De aquello no se ha vuelto a oír hablar, y sí de las diarreas e indigestiones que producen las salsas de tomate en mal estado. También, de su uso para simular heridas en disfraces de Halloween y Carnaval; eso no hace falta que nos lo certifique ningún laboratorio.

Tenia

Una tenia para el sobrepeso

¿Qué mejor que tragarse un gusano para acabar con los michelines o, por lo menos, para no seguir engordando? Pasó en la década de los 50, cuando algunos médicos animaban a comer lo que cada uno quisiera, porque de la mitad de estas calorías ya se encargaría una glotona tenia. Lo que no se comentaba es que el bicho también provocaba dolor de cabeza, dolor abdominal, déficit vitamínico e incluso la muerte. Así que nada: menos parásitos y más ejercicio y dieta mediterránea.

Arsénico

Arsénico para la malaria

The Fowler’s Solution se usó para combatir la sífilis y la malaria allá por los años 50 del siglo XX. Sin embargo, en su composición llevaba un ingrediente que probablemente era peor que la propia enfermedad: arsénico, una sustancia venenosa, que quizá te curaba de algo, pero te mandaba directo al camposanto. No fue el único uso de la solución de Fowler, creada en 1786 por el médico del mismo nombre. Cuando nació, se utilizaba para tratar de curar la psoriasis, hasta que alguien se dio cuenta de que arreglaba menos de lo que estropeaba. Afortunadamente, ahora el arsénico no es un remedio médico y solo nos acordamos de él por simpáticos clásicos de la historia del cine.

Heroína

Heroína para la tos

Aquellos que pusieron el grito en el cielo hace unas semanas con el Dalsy llevarían sus antorchas y horcas ante las tumbas de los que decidieron añadir heroína en el jarabe para la tos allá por finales del siglo XIX. La intención era eliminar los efectos adictivos de la morfina, el remedio que se usaba hasta entonces. Todo iba sobre ruedas hasta que se dieron cuenta de que algunas personas habían desarrollado una extraña dependencia hacia este jarabe y que, además, la heroína se convertía en morfina al pasar al hígado. Por ello, en 1913 se cambió la receta.

Ratón

Ratones aplastados para el dolor de muelas

En el antiguo Egipto era costumbre triturar a los antepasados de Mickey Mouse y Speedy González y metérselos en la boca para combatir el dolor de muelas, ocasionado por la dieta, en la que solía colarse algo de arena del desierto, que desgastaba el esmalte y dejaba los nervios al aire. No queremos imaginarnos qué pasaría cuando los nervios del diente se juntaran con el cuerpo muerto del ratón. Probablemente que el paciente estaría más cerca de conocer en persona al dios Ra y compañía.

tabaco

Tabaco para el tétanos

En la actualidad muchos no desean ni tener cerca a alguien con un cigarrillo, que cada vez están peor vistos socialmente, pero del siglo XVII al XIX se usaron lavativas de tabaco en lo que hoy es Estados Unidos para el estreñimiento, las hernias estranguladas y el tétanos. Ya en el siglo XX, se creían eficaces para la difteria y el tifus y, fíjate tú, para mejorar las enfermedades de la boca y la garganta. Igual que ahora.

Vibrador para la histeria

Vibradores para la histeria femenina

Allá por el siglo XIX algunos gurús de la medicina diagnosticaban histeria femenina en mujeres con síntomas como el insomnio, la pesadez abdominal o los espasmos musculares. Esta supuesta enfermedad era tratada por los doctores estimulando manualmente los genitales hasta llevar al orgasmo. Sin embargo, alguien pensó que era mejor que las mujeres siguieran con el tratamiento en casa. Con el desarrollo de la electricidad llegó la creación del vibrador, que permitía seguir el procedimiento en la intimidad de su cuarto. El resto de la historia ya lo conocemos.

cinturón eléctrico

Cinturones eléctricos para la impotencia

Si los alargadores de pene nacieron para tratar la disfunción eréctil allá por el siglo XIX, la impotencia también se quiso curar con cinturones eléctricos, que supuestamente hacían recuperar la virilidad ahí abajo. No sabemos qué tipo de erección provocaría ese calambrazo, más útil para hacer andar a Frankenstein. En cualquier caso, de revivir muertos va la cosa.

Arcilla para los problemas de estómago

En la antigua Grecia no se llevaba, que sepamos, eso de hacer escenas tórridas con barro como las de ‘Ghost’. Ellos, al parecer, preferían la arcilla para tratar la diarrea y los problemas de estómago. En concreto, un tipo de arcilla de la isla griega de Lemnos, llamada ‘terra sigillata’ y que se vendía y exportaba en forma de discos. Hipócrates llegó a escribir sobre los beneficios de esta arcilla, aunque ahora da igual: se llevan otros tipos de medicamentos.

coca-cola

Coca-Cola para los problemas de digestión

Y no podíamos terminar sin recordar que uno de los productos más universales también fue utilizado como medicamento. Antes, incluso, de servir para quitar el óxido. El famoso refresco de cola fue creado en 1886 por el farmacéutico John S. Pemberton para tratar problemas de digestión. Su farmacia lo comercializaba a cinco centavos el vaso. Ahora no hay encuentro social en el que falte. Y lo de venderlo en farmacias, como que ya no se ve.

Con información de Cracked (1, 2), Ciencia para llevar, Los más raros, Republica.com, Wikipedia (1, 2) y Ranker.

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