Un restaurante crea una hamburguesa de 45 kilos para acallar las bromas de los glotones

Cada uno tiene sus gustos culinarios y, contra eso, poco se puede hacer. Por ejemplo, hay a quienes les chiflan las hamburguesas, pero se niegan a comer las de alguna franquicia internacional de comida rápida. Como buen hípster de manual, probablemente prefieran una de restaurante, con sus patatas fritas caseras y alguna verdura de nombre impronunciable en el interior. Pensando en los amantes de este plato con más proteínas e hidratos de carbono que el menú de un ciclado de gimnasio, un restaurante de Estados Unidos ha propuesto una versión solo apta para gente como Homer Simpson.

Los dueños del restaurante Dirigo’s Public House, situado en la ciudad de Yarmouth (Maine, Estados Unidos), han ofrecido una hamburguesa de unos 45 kilos (100 libras en el selecto sistema de medidas yanqui) a sus clientes más fieles y a todo aquel que se decida a hacerles una visita. El objetivo era celebrar el primer año de vida del local. Los parroquianos y los propietarios solían bromear con la posibilidad de hacer hamburguesas más grandes, hasta que la cocina decidió llevarlo a la práctica.

Para ello, los responsables del restaurante estuvieron durante todo un día preparando un filete con carne recién picada que pesaba 70 libras, unos 31 kilos. La carne iba acompañada de pan casero de 20 libras, unos 9 kilos. Si a eso le sumabas la lechuga, el tomate, la cebolla, el queso y la salsa, el total llegaba a esa redonda cifra de 100 libras.

Eso sí, esa hamburguesa no fue para un solo comensal: los clientes compraron una especie de vale que les daba derecho a un trozo por 15 dólares (13 euros). Además, una parte de la recaudación fue donada a un banco de alimentos. Incluso todo aquel que donara una bolsa con comida recibía otro vale por cinco dólares (unos 4,50 euros) para gastar en el restaurante.

Equipo de hamburguesa

Para preparar semejante mastodonte de carne el día de autos, el equipo tampoco utilizó una plancha o barbacoa cualesquiera. La tuvieron que meter en un horno de un ancho considerable, con el fin de que la carne se preparara por todos los lados: la hamburguesa tenía 40 centímetros de alto y 1,2 metros de diámetro.  “Tienes que considerar esto como un pastel de carne gigante”, dijo Ben Gran, copropietario del restaurante junto a su esposa, Katie.

El resultado, suponemos, fue del agrado de los clientes habituales. Desde luego, la hamburguesa la hicieron por el método ensayo-error, ya que no se iban a permitir desperdiciar 31 kilos de carne antes para comprobar si les iba a salir bien. Había que arriesgarse, fue lo que pensaron. Los contratiempos no importaban: “No somos ingenieros”, explicaba el bueno de Ben. “Solo somos gente a la que le gusta hacer hamburguesas increíbles, tanto de un tamaño normal como ridículo”.

Los pesados de las bromas

“Todo comenzó como una broma”, contaba Ben. “Todo el mundo decía: ‘Jaja, las hamburguesas son verdaderamente buenas, deberían ser más grandes’”, explicaba. Y ellos se lo tomaron tan en serio que decidieron hacer una de ese tamaño, a ver si así les callaban la boca, aunque fuera a base de pan y carne.

Las intenciones benéficas les parecieron una obligación ante la ingente cantidad de alimentos que iban a usar. “Parecía inapropiado, especialmente con la vinculación a nuestros vecinos de la calle, hacer algo que es tan excesivo como esto sin devolver algo a la comunidad”, explicaba Ben. Su compañera Katie lo secundaba en estas intenciones solidarias: “Esto es solo una gran cantidad de comida y hay algunas personas que no pueden permitirse el lujo de salir fuera a comer”.

Hamburguesa de restaurante

Así, como la meta era divertirse y ser solidarios, a esta hamburguesa le quedaba mucho para batir el récord Guiness de la hamburguesa más grande del mundo. Lo tiene desde 2012 una hamburguesa cocinada en Minnesota. Medía casi tres metros de diámetro y pesaba 914 kilos. En cualquier caso, no era su intención batir este récord, tan solo dar un punto en la boca a eso cuñados de barra de bar pero a la vez simpáticos clientes.

Katie y Ben han dicho que se plantean repetir la experiencia el próximo año, coincidiendo con el segundo aniversario. Por tanto, si alguien quiere ir preparando unos nuevos pantalones de una talla más tan solo tiene que buscar el Dirigo’s Public House de Yarmouth, en el estado de Maine, y reservar un trozo de hamburguesa del tamaño de un cervatillo. Será solidario y probablemente se le diagnostique ateroesclerosis varios días después. Todo por el mismo precio.

Con información de First We Feast, WCSH, ¡Hola! y The Forecaster

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