El sanguinario asesino que inspiró ‘Psicosis’, ‘La matanza de Texas’ y ‘El silencio de los corderos’

Hay una inscripción en algunas películas que tiene el poder de alterar el ánimo de los espectadores. Ya se coloque antes o después del largometraje, el dichoso “basado en hechos reales” es capaz de hacer que cualquiera se estremezca al conocer una historia terrorífica o protagonizada por algún sanguinario asesino.

Muchos de los clásicos del terror y el suspense están salpimentados con ese componente real que haría temblar a cualquiera. En los años sesenta, Alfred Hitchcock dio a luz su ‘Psicosis’, ese ‘film’ negro con una musiquita inquietante que aún resuena en la cabeza de muchos cuando vamos a la ducha. Década y media más tarde, muchos espectadores quedaron horrorizados al descubrir la violencia del canibalismo en ‘La matanza de Texas’. Ya en los noventa, los espectadores tuvieron que volver a enfrentarse al miedo con Hannibal Lecter y ‘El silencio de los corderos’.

Todos aquellos que tratan de relajarse pensando que la sangre de estas películas es, en realidad, ketchup y que todo lo que pasa en escena le sucede a un grupo de actores maquilladísimos, tienen que saber algo:  en estas tres películas existe un componente real, y es que están inspiradas en un mismo personaje: Ed Gein.

Mamá, de mayor quiero ser psicópata

El asesino que inspiró estos clásicos del cine de terror nació en Painfield, un pueblecito de Wisconsin (Estados Unidos) a principios del siglo XX. Ed Gein, ‘Eddie’ para los amigos, tuvo una infancia complicada: recibió una educación sumamente católica caracterizada por la represión, no tenía amigos en el colegio y su padre era un hombre débil y alcohólico que no se ocupaba precisamente de cumplir con esa función paternal.

En la adolescencia y tras la muerte de su padre, Ed trabajó en la granja de la familia junto a su hermano Henry y ya en estos momentos empezaron a ocurrir sucesos extraños. Después de un incendio que se originó cerca de la finca, el cuerpo de Henry descansaba sin vida en los límites del terreno. Fue una completa casualidad, claro está, que Eddie fuera quien encontrara a su hermano muerto y diera el aviso a la policía. Pura casualidad.

También era casualidad que, a pesar de que la autopsia señalara como causa de la muerte la asfixia (que podría haber sido provocada por el humo del fuego), Henry presentara unos extraños golpes en la cabeza.  Nótese la ironía: había nacido un asesino en serie. No obstante, en aquel momento nadie sospechó de Gein, que por aquel entonces era un trabajador amable.

La muerte de su madre fue el punto de inflexión en la locura de Eddie. Había perdido a su único amor y se sentía solo en el mundo. A partir de este momento se encerró en su granja y clausuró las habitaciones más utilizadas por su querida madre; no quería que el tiempo alterase sus recuerdos y terminara por borrarlos. No obstante, esa fue la menos extraña de sus obsesiones tras la pérdida de su madre: Gein también conservó el cadáver en una urna. Por lo demás, era un chico bastante normal: disfrutaba de su tiempo libre leyendo revistas de culto a la muerte y paseaba de noche por el cementerio del pueblo. Incluso solía vestirse por la casa con ropa de su madre. Lo típico.

ed-gein

Poco a poco, los paisanos de Gein comenzaron a desaparecer. Primero fue una niña de ocho años que estuvo en paradero desconocido durante un buen tiempo. El caso no se esclareció hasta que el propio Eddie reveló que era el culpable. Después, le siguió otra joven de 15 años y así hasta que, lentamente, el pueblo fue perdiendo a sus vecinos.

Si bien Eddie solo reconoció dos de los crímenes, la policía le atribuye más de una decena de asesinatos. Además, Gein tenía la extraña manía de coleccionar los cadáveres de sus víctimas y de profanar las tumbas del cementerio. Después de encontrar el cuerpo de Worden, una vecina que apareció decapitada en una granja, la policía se puso manos a la obra para averiguar qué se escondía en aquel lugar. Los agentes quedaron ojipláticos cuando empezaron a sacar restos de cuerpos humanos.

A modo de decoración, Gein tenía cráneos repartidos por las estancias de su casa y, además, utilizaba piel humana para hacerse sillas, lámparas, fundas para sus cuchillos e incluso ropa. También había máscaras con piel y pelo colgadas en la pared y el corazón de la propia Worden dentro de una bolsa de plástico. El catálogo de Ikea no le serviría para amueblar la casa, desde luego.

Cuando por fin fue detenido y trasladado a un manicomio, el escritor Robert Bloch vivía a escasos metros de la casa de Gein en Painfield. En esos momentos, se encontraba escribiendo una novela sobre un hombre obsesionado por su madre, y el caso de Ed Gein llamó poderosamente su atención: eran varias las similitudes de su historia ficticia con la de Gein. Años más tarde, un señor llamado Alfred Hitchcock se interesó por la obra y en 1960 se estrenó ‘Psicosis’, una película que marcó un antes y un después en la forma de entender el cine.

maxresdefault

En este ‘film’ mundialmente conocido, Marion Crane (Janet Leight) es asesinada en la ducha por Norman Bates (Anthony Perkins), un personaje aparentemente normal que resulta tener dos personalidades: la suya y la de su madre. ¿A quién recuerda esta historia?

Los brutales asesinatos de Ed Gein también sirvieron de inspiración para ‘La Matanza de Texas’, dirigida por Tobe Hooper. Cuando los espectadores leyeron el título “Basada en hechos reales”, no hicieron más que reír. ¿Cómo iba una familia de caníbales a secuestrar y torturar a un par de hermanos sin que hubiera noticia de ello? Demasiado fantasioso incluso para Hooper.

buffalobill

Pues bien, aunque el truculento argumento no está directamente relacionado con Gein, algunos detalles de la película sí que plasman a la perfección la vida de este asesino en serie. Restos humanos como parte de la decoración, un posible canibalismo y máscaras de piel son algunos de ellos.

En el caso de ‘El silencio de los corderos’, Buffalo Bill, el criminal al que debe ayudar a capturar Lecter, es un ‘collage’ de varios asesinos en serie, entre los que se encuentra, por supuesto, Ed. Un traje de mujer hecho a base de piel, el cambio de sexo, los asesinatos… una mezcla terrorífica que ha hecho historia también en el cine.

Finalmente, Ed pasó el resto de su vida encerrado en un hospital psiquiátrico, donde mantuvo durante años un comportamiento ejemplar. Su caso, a pesar de ser repugnante, ha gozado de sonoridad en el mundo científico por combinar gustos tan dispares como la necrofilia, o el fetichismo. Mientras tanto, el pueblo de Painfield se convirtió en La Meca de todos los reporteros de la prensa sensacionalista. Incluso su granja se puso a la venta y miles de curiosos llegaron a pagar por echarle un vistazo a la casa, que se convirtió en un atracción turística. Al fin y al cabo, la realidad supera (y con creces) a la ficción.

Con información de MentalFloss,El Secreto de Zara y  de10.mx.

Más historias locas en la pantalla:

Los monstruos más cutres del cine

Diez cosas que el cine, la literatura y la televisión nos han contado sobre Dios, ese gran desconocido

Los carteles de cine pintados a mano más chungos de los cines ex soviéticos

Cuando a los diseñadores de carteles de cine se les va el Photoshop de las manos