La loca regata de pateras fabricadas con latas de cerveza

Qué mejor época del año que esta para disfrutar de una cerveza bien fresquita en un chiringuito playero cualquiera. Nunca un lugar y una bebida habían combinado tan perfectamente hasta hacer las delicias de todo aquel que sucumbe en sus encantos. Los simpáticos habitantes de Darwin, una ciudad del norte de Australia, han dedicado su tiempo a darle un par de vueltas a la relación entre playa y cerveza y, tras mucho pensar, concibieron una regata de lo más innovadora y divertida. Además, se trata de una de las mejores maneras (o, al menos, de las más divertidas) para reutilizar los envases vacíos que tantos estragos causan en las orillas de los océanos.

El principal atractivo de la singular regata organizada en la ciudad australiana es que son carreras en las que se participa con barcos caseros. Vale, puede que el dato tampoco sea especialmente peculiar. Pero es que estas embarcaciones hechas a mano son construidas por completo a base de latas vacías de cervezas. Y es que si hay algo que no falta en el país es cerveza. No en vano, la refrescante bebida es de las más populares de la nación. De hecho, Australia es el decimoquinto lugar del planeta donde más se consume por persona: nada menos que 74,7 litros al año. Con esta gran cantidad en el buche, cabe esperar que le echen ingenio para reutilizar sus envases de diversas formas. Y, por qué no, para construir barcos y hacer carreras con ellos.

Pero ojo, que la anécdota no dé lugar a malentendidos. La bautizada como Darwin Beer Can Regatta (Regata de Latas de Cerveza de Darwin en español) es mucho más que una loca excentricidad australiana. Con más de cuarenta ediciones a la espalda, ya ha conseguido posicionarse como uno de los mejores festivales del mundo, dando cita a miles de personas en la concurrida playa de Mindil.

El comienzo de tan insólita tradición nos traslada a 1975. Cuenta la tradición que, por aquella época, la regata nació como una iniciativa para limpiar las playas de la ciudad tras el paso del ciclón Tracy, que había sacudido la zona en diciembre del año anterior.

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Fue entonces cuando llegaron a la zona equipos para reconstruir la ciudad. Muchos de ellos provenían de los estados del sur que no estaban acostumbrados a la humedad del clima de Darwin. El consumo de bebidas enlatadas (vaya, el de cervezas), aumentó vertiginosamente y, desafortunadamente, la falta de programas de reciclaje y la poca conciencia medioambiental hizo que muchas de ellas se quedaran en la playa, convirtiéndose en un verdadero problema para los autóctonos.

Muy lejos de limitarse a recogerlas, los habitantes de Darwin le dieron un poco al coco y aplicaron un poco de creatividad para dar con una solución mucho mejor. Y así fue como nació esta disparatada regata, que muy pronto pasaría a convertirse en una auténtica fiesta nacional que no solo encandila a los habitantes de la ciudad que la acoge, sino que también atrae a miles de turistas australianos y extranjeros amantes de la cerveza (y de sus latas, claro).

Para participar, los navegantes tienen total libertad a la hora de construir sus embarcaciones. Basta con que usen latas de cerveza vacías y que tengan ganas de pasar un buen rato entre amigos.

Y si hay algo que ha acompañado a los participantes edición tras edición es la originalidad, que está a la orden del día. No importan formas, tamaños ni colores. Desde simples pateras a catamaranes, pasando por canoas, barcos de guerra vikingos o pistas de tenis flotantes, todas estas embarcaciones han sido vistas en la regata de Darwin.

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Aunque los organizadores del evento permiten a los participantes utilizar otro tipo de envases, como cajas de leche o botellas, lo cierto es que la mayoría se decanta por dar un segundo uso a sus queridas latas de cerveza. Los regatistas más pequeños tienen sus propias reglas, pues sus embarcaciones deben estar construidas con envases de bebidas no alcohólicas.

Y es que, a pesar de lo que pueda parecer a simple vista, el evento es ideal para disfrutar en familia. Además de la regata, se planifican muchas otras actividades para que todo tipo de público pueda divertirse en esta jornada, también desde tierra firme. Concursos de castillos de arena, puestos de artesanía, competiciones de lanzamiento de chanclas o carreras en la playa. No cabe duda de que los australianos se las apañan muy bien para pasárselo bien prácticamente con cualquier cosa.

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Otra de las peculiaridades de la Beer Can Regatta es que los participantes tienen permitido hacer prácticamente de todo con tal de alzarse con la primera posición en la regata. En esta carrera pueden atacarse con cañones y pistolas de agua, lanzarse bolas de harina e incluso ejecutar sabotajes, lo nunca visto.

Más allá de la anécdota,y por si la labor que la regata realiza para concienciar a los habitantes de lo importante que es mantener sus playas limpias, los organizadores han optado por dar un paso más. El dinero que recaudan con el festival lo dedican a apoyar a diversas causas benéficas. Con la celebración de la última edición consiguieron reunir la friolera de 37.200 dólares australianos (un poco más de 25.300 euros), que se destinaron a una asociación que trabaja con jóvenes con síndrome de Down, al Consejo de Cáncer del Territorio Norte y a un club de socorristas.

Seguramente, a estas alturas ya se te haya pasado por la cabeza inscribirte en la regata del próximo año. Y, si por algún casual te lo planteas en serio, lo mejor será que eches un vistazo a la información que los organizadores ponen a tu entera disposición en su página web. Allí encontrarás las indicaciones para construir tu propia embarcación. Suerte, grumete.

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Con información de Daily Dot, Music Feeds y ABC.

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