Bragas baratas, churrerías y otros imprescindibles de los mercadillos de pueblo

Cada semana, un pequeño acontecimiento sacude la tranquila vida de muchos pueblos españoles. Y no nos referimos a la misa dominical de doce, precisamente. De Finisterre al cabo de Gata, la geografía de la piel de toro (por no hablar de la de otros países) está repleta de mercadillos llenos de objetos bien baratos para comprar, así como personajes prototipo sin los cuales parece que estamos en tierra extraña. Da igual que seas urbanita, porque probablemente hayas visitado alguno en tu lugar de vacaciones o en la tierra de tus antepasados. Y si los conoces, seguro que habrás identificado alguno de estos objetos o personas:

Bragas y libros

Bragas baratas

Mucha gente va a los mercadillos a comprar ropa a bajo precio. Y sin lugar a dudas la ropa interior se lleva la palma. Las cartulinas en las que se escribe con rotulador “Bragas a 1 euro” son imprescindibles. Porque sí, los precios son tan baratos que Primark debería ponerse verde de envidia. Otra cosa es la calidad de las bragas y cuántos lavados aguanten, pero un mercadillo que no sea ‘low cost’ en este aspecto no es mercadillo.

Gitanos

Si alguien te ha vendido unas bragas baratas, ha sido sin lugar a dudas un gitano. Muchos de ellos se dedican a la venta ambulante, paseando por los pueblos su abundante mercancía y a su abundante prole en una furgoneta, gritando sus ofertas con una voz que ya quisieran para sí los profetas callejeros. Incluso Manzanita, el mítico cantante de aquella versión de ‘Un ramito de violetas’, se dedicó a la venta ambulante tras abandonar la música. Cruz y Raya retrató a esos gitanos en numerosos ‘sketches’. Los reconocerás por su piel morena y su tendencia a la obesidad.

Marroquíes

Marroquíes

Los chinos arrasaron los bazares que antes poseían marroquíes, pero estos todavía tienen su puesto en los mercadillos. ¿Por qué los asiáticos no han conseguido imponerse en este sector? ¿Quizá no les interesa? No lo sabemos. En cualquier caso, los marroquíes también despliegan su puesto e intentarán ayudarte con tus compras siempre que el idioma no sea una barrera. Que a veces pasa.

Niños

Niños. Demasiados niños

De acuerdo que ahora estamos en verano y quizá los padres no tengan con quien dejarlos, ya que la guardería oficial (la escuela) está cerrada por vacaciones. Pero en otras épocas del año es muy sospechoso ver a tanta chiquillería entre los puestos. ¿Están trabajando? De septiembre a junio ¿no deberían estar en el colegio? ¡Que vengan los servicios sociales!

Pasteles

Puestos de dulces sin registro sanitario

Ya que vienen los servicios sociales, que también se pasen los inspectores de sanidad. Muchos mercadillos tienen puestos de pasteles, tartas, dulces y demás productos altamente azucarados que serán muy caseros, pero se exponen sin ningún tipo de refrigeración o de cuidado. Además, no sabemos con qué medidas higiénicas se han cocinado. Según la Asociación de Panaderos y Pasteleros de Baleares, en cinco años han cerrado 30 panaderías por competencia desleal. Si tú también has visto una mosca revoloteando sobre una tarta de la abuela, ayuda al comercio local yendo a comprar bizcochos a la tahona de la esquina.

Encurtidos

Encurtidos

Quizá sí nos podamos fiar de otro clásico de los mercadillos, el puesto de encurtidos, con sus grandes recipientes de plástico que guardan aceitunas, pepinillos, banderitas… La persona al cargo mete el cazo metálico, lo llena hasta rebosar y vierte la mercancía en una bolsa de plástico transparente (que luego tú deberás cuidar para que no se rompa) antes de pesarla. Cuantísimas veces te habrás comido una tapita de esos encurtidos que vendían a granel a tu pueblo. Mucho mejor que comprarlos de bote o de lata, sí, señor. Igual de higiénico, quizá no.

Sandalias

Zapatero

Además de ropa y comida, no se puede entender un mercadillo sin un zapatero que, además de vender zapatos a precios de escándalo, te pone unas tapas al calzado que le llevas roto o incluso te hace un agujero nuevo en el cinturón. Tú llévale tus botas o tus tacones a primera hora de la mañana, que probablemente para el mediodía te los haya arreglado.

Verdura

Verdura para todos

Después de comprarte unas chanclas a cinco euros para ir a la playa o a la piscina (y que te pueden durar varios veranos, eso sí), pásate por un puesto más colorido que el de las sábanas y las colchas. Hortalizas bien hermosas pesadas con una báscula que probablemente no sea digital y que parecen recién robadas de la huerta de un vecino. Una vez tomadas sin que nadie se ponga guantes y ya pesadas, toca entregárselas al comprador o a la compradora en… sí, lo has acertado:

Bolsas negras de plástico

Bolsas verdes

¿Están en algún sitio más? Si te han dado una bolsa blanca para los pepinos, berenjenas o tomates es que algo falla. Más allá de esos sacos para la basura con olor a pino o semejante, las bolsas verdes de plástico están asociadas a estos mercadillos. Suponemos que su producción contamina tanto o más que las bolsas convencionales, pero oye, es un signo de estatus: yo compro en mi mercadillo de confianza verdura robada a mi vecino hortelano.

Churrería

Churrería

Y no podíamos terminar este particular repaso obviando esa parada en boxes para descansar de tanto puesto de ropa barata y bollería sin registro sanitario. Llegarás a él fácilmente por ese olor a masa caliente y aceitosa que alcanza varios kilómetros a la redonda. Podrás tomarte un churro o encargar una rueda para llevarles el desayuno al resto de la familia. Incluso podrás pedir un chocolate caliente, sin el cual no se entiende el hispano acto de comerse una porrita. Probablemente los churreros estén sobre una caravana portátil, que luego llevarán a la feria del pueblo o al mercadillo de otro pueblo. Sin lugar a dudas, los mercadillos ambulantes son el ciclo de la vida y al día siguiente se repiten con las mismas características en otro pueblo.

Con información de Diario de Mallorca y La Vanguardia

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