La moda de llevar dulces al trabajo está causando una epidemia de caries y obesidad

De repente, entras en la oficina un día y te topas con una bandeja atestada de golosinas o pasteles. La duda que surje en ese momento no es otra que: “¿qué celebramos hoy?”. Puede ser el cumpleaños de algún compañero, algún aniversario de la empresa o, por qué no, el cierre de un acuerdo importante para la compañía. Incluso hay semanas en las que se acumulan varios días consecutivos de buenas noticias. Sea como sea, lo cierto es que no puedes resistir la tentación de abalanzarte sobre esos dulces manjares y, de tanto atracón, al final llegas a casa con dolor de mandíbulas y sin ganas de cenar. Tal es el peligro que entraña el tratar de atiborrar a pasteles a los compañeros que las autoridades sanitarias ya han encendido las alarmas.

Mientras los pasteleros se frotan las manos con este tipo de convenciones sociales, los dentistas británicos han decidido lanzar una advertencia a la sociedad. “Para muchas personas su lugar de trabajo se ha convertido en el sitio principal de consumo de azúcar y está contribuyendo a la actual epidemia de obesidad y a una mala salud dental”, apuntaba el profesor Nigel Hunt, de la Facultad de Cirugía Dental del Royal College of Surgeons.

La ‘cake culture’ (cultura del pastel) está provocando un incremento exponencial de los casos de caries entre todos aquellos que no tienen más opción que comer los dulces manjares que sus compañeros y sus superiores quieren compartir con ellos. El profesor Hunt señala que el pasado año se trataron cerca de 65.000 casos de adultos ingleses que tuvieron que pasar por su clínica dental para tratar esta enfermedad provocada por la ingesta de altas dosis de azúcar.

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Si a este lado del Viejo Continente somos ya muy golosos, los estudios señalan que los británicos no ven mejor forma de agasajar a sus empleados y clientes que con un buen surtido de pasteles, galletas y golosinas. No parecen conscientes de lo perniciosa que esa práctica puede resultar. No obstante, también depende de la hora del día a la que decidamos hincarles el diente. “El azúcar tiene un efecto especialmente negativo si se come fuera de la hora de la comida”, explica Nigel Hunt. Por lo tanto, podríamos pensar que si algún compañero aparece con una tarta justo después de la comida, podemos respirar aliviados y comer si ningún tipo de tapujo. Pero no es así.

Como aconsejan los doctores ingleses, mejor apostar por otro tipo de productos. Durante su comparecencia, este experto planteaba a los trabajadores la posibilidad de llevar al trabajo, cuando fuera necesario festejar algo, otro tipo de alimentos más saludables. Proponía alternativas tales como bandejas de fruta, frutos secos como las nueces (nada de pistachos o pipas, que son sumamente adictivos y pringosos) o, por dar más opciones, una tabla de quesos.

Podríamos a pensar que los encargados de velar por la salud de nuestras dentaduras tendrían como prioridad mirar por su bolsillo (y es que, a más caries más beneficios para ellos) y, sin embargo, no parece ser así la ecuación. Además, a tenor de las palabras del profesor Nigel Hunt, no solo parecen estar preocupados por los molares de sus pacientes sino que también quieren echar un cable a sus colegas los nutricionistas. Más aún, teniendo en cuenta los alarmantes datos que reflejan que un 4,2% de las mujeres y un 1,7% de los hombres británicos padecen obesidad mórbida.

Como bien sabemos, pese a que hagamos como que lo olvidamos en multitud de ocasiones, comer demasiados pasteles, galletas y gominolas no es solo perjudicial para nuestros dientes, sino que también lo es para nuestra alimentación. Ahora que estamos en plena operación bikini y vemos cómo son muchos los que acuden al gimnasio para tratar de disimular en la piscina o la playa, debemos dejar de lado los atracones a costa de los festejos en la oficina. Al riesgo de sufrir caries se suma el inútil esfuerzo por intentar bajar esos ‘quilitos’ de más que nos acompañan durante todo el año.

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“La ‘cake culture’ también plantea dificultades a aquellos que están haciendo un esfuerzo para perder peso o para mejorar su salud – ¿Cuántos de nosotros hemos comenzado este tipo de dietas sólo para ceder a la tentación de los donuts, las golosinas o las galletas con triple capa de chocolate?”, apuntaba el profesor Hunt, que visto lo visto parece haber experimentado en sus propias carnes estas situaciones a las que hace mención.

No obstante, la cruzada de los dentistas para acabar con los golosos detalles en los festejos de las oficinas se topa con una barrera infranqueable. Un estudio realizado por una marca pastelera vino a certificar que la predisposición a firmar o no un contrato podía variar en función de los pasteles que se ofrecen en las reuniones para cerrar los acuerdos.

La firma Thomas J Fudge’s realizó una encuesta entre 2.000 personas que trabajaban en el mundo de los negocios y dejó patente que acertar con el piscolabis goloso era más apropiado que una buena charla. El 40% de los que tomaron partido en el estudio reconocían que se sentían decepcionados si en la reunión la otra parte no ofrecía galletas, y una cuarta parte afirmaba que esto no solamente afectaba su productividad sino también su estado de ánimo.

Al final, como suele ocurrir con casi todo, no se trata de otra cosa que establecer un término medio. Con lo golosos que somos, ni nuestros compañeros ni nuestros jefes podrán evitar llevar golosinas y pasteles para festejar los éxitos y, claro está, para contentar a los clientes. Eso sí, deberán contenerse a la hora de hacer la compra. Ni mucho, ni poco. Todo en su justa medida. Nosotros tendremos que respetar esta misma regla. Comer alguna galleta para contentar a todo el mundo, pero sin abusar. Que luego no llegamos a tiempo a la operación bikini, los dientes se pican y vienen las quejas de que nos duelen las muelas. ¿Seremos capaces de resistir la tentación?

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Con información de The Telegraph (y 2), The Daily Mail y BBC

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