Cuando beber demasiado té podía mandarte al manicomio

No parece haber ninguna contraindicación cuando de beber té se trata. Que si para la dieta resulta más aconsejable que el café, que si es más saludable incluso que el agua, que si sus efectos pueden contribuir a disminuir el estrés…. De ahí que sean tantos los que no puedan ir a ninguna parte sin su termo. Eso sí, en la Escocia del siglo XIX las aficionadas a esta bebida se lo tenían que pensar dos veces antes de degustar sus infusiones si no querían que las tildasen de chifladas.

El equipo de NHS Grampian Archives, que se encarga de conservar los registros históricos de hasta 100 hospitales y distintas organizaciones sanitarias de la región escocesa de Grampian, ha descubierto recientemente que no era nada recomendable que las chicas bebieran demasiado té. Repasando el archivo de admisiones del Aberdeen Lunatic Asylum, la institución psiquiátrica de esta ciudad costera, encontraron un dato sumamente peculiar en el documento en el que quedaron apuntados los motivos por los que habían sido internados los pacientes, diferenciando entre hombres y mujeres.

Mientras la mayoría de los varones habían dado con sus huesos en el psiquiátrico por pasarse con el consumo de alcohol, la mayoría de ellas habían llegado allí después de sufrir ataques previos y, al igual que ellos, por excederse con el whisky. No obstante, lo más llamativo es que en el documento se recoge el caso de una mujer que había sido internada por, como refleja textualmente el informe, “vida sedentaria – abuso del té”.

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No dieron crédito a lo que aparecía en aquel listado. Tanto es así, que los investigadores del NHS Grampian no pudieron resistir la tentación de indagar más sobre este caso, a priori, aislado. Tras recabar información en el archivo, lograron descubrir que se trataba de Elizabeth Collie, una chica de 34 años que trabajaba en una fábrica de la localidad de Woodside y que entró en la institución psiquiátrica el 16 de noviembre de 1848.

En el informe acerca de su caso se apuntaba que sufría delirios y que, por alguna razón, se mostraba más desconfiada de lo habitual. “Ella imagina que sus vecinos utilizaban algún tipo de maquinaria en la casa en la que ha estado viviendo, y que por eso ha sufrido dolor de cabeza, malestar intestinal y dolores en otras partes de su cuerpo”, apuntaban los especialistas médicos.

Quienes trabajaban en el manicomio no encontraron ningún argumento que pudiera respaldar su estado. Más allá de los síntomas que presentaba, el único dato que tenían era que le gustaba mucho el té y que lo bebía con bastante asiduidad. Por esto mismo, sin más elementos de juicio, no dudaron en concluir que esos delirios y esas extrañas imágenes que, al parecer, aparecían en su mente estaban provocados por un consumo excesivo de esa bebida natural. Finalmente, suponemos que cuando los síntomas habían mitigado, Elizabeth Collie fue dada de alta y pudo abandonar el psiquiátrico en junio de 1849.

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Pero ahí no acaba todo. Aunque podríamos pensar que el diagnóstico de los médicos del manicomio de Aberdeen era totalmente disparatado, existían ya opiniones previas que pusieron al té en el punto de mira y que hacían presagiar que el consumo compulsivo de esta bebida no era tan saludable como hoy pensamos. En 1886, el doctor J. Muir-Howie envió una carta a la reputada publicación The British Medical Journal en la que exponía que, según su experiencia, ese no era el primer caso de problemas mentales provocados por tomar demasiadas infusiones.

Quien fuera presidente en la Royal Medical Society de Edimburgo contaba como, a lo largo de su trayectoria profesional, había tratado los casos de otras tantas mujeres que sufrían ciertos trastornos provocados por el té. Este médico contaba que casi todas las pacientes que había tratado por alcoholismo habían sido previamente adictas a las infusiones. En su escrito, apuntaba que para paliar los efectos que estas bebidas tenían en su sistema nervioso recurrían a ciertos brebajes como el vino o la ginebra. Es más, una vez abandonaban el alcohol caían de nuevo en las garras del té. Iban constantemente de una adicción a otra.

“Una de mis pacientes neuróticas me informa de que siempre bebe menos vino en la cena cuando se ha saltado el té por la tarde. El hábito de tomar un chupito de ginebra en una taza de té proviene de la experiencia de que los efectos del té sobre los nervios se reducen”, detallaba el J. Muir-Howie en su texto. Por aquel entonces, mezclar alcohol y té no era buena idea. Menos aún si eras mujer. Una cosa llevaba a la otra, la otra a la una y al final, sin saber cómo ni por qué, acababas encerrada en el manicomio.

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Ahora, una simple búsqueda corrobora que no solamente es bastante usual echar un chorreón de whisky en las infusiones, sino que incluso está de moda mezclar vino y té. También es cierto que el concepto de la locura ha evolucionado desde que Elizabeth Collie entrase en el manicomio de Aberdeen. En pleno siglo XXI, cuando miles de jóvenes han hecho el reto de la canela y hubo quien pensó que era buena idea mojar los tampones en tequila, ron o ginebra antes de utilizarlos, paliar la excitación provocada por el té con unas copas de vino parece lo más normal del mundo. O quizá es que, a día de hoy, todos estamos algo majaretas.

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Con información de NHS Grampian Archives, Mentalfloss y National Center for Biotechnology Information

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