Este científico le pone banda sonora a los viajes de LSD

Un día sin música, reconozcámoslo, es un día perdido. Ya sea para ir al trabajo, para hacer deporte o mientras fregamos los platos, siempre es buen momento para disfrutar de una buena canción. Para los viajes, la música también es una compañera ideal. De hecho, poco importa el destino. Puede que vayamos a Nueva York, Auckland o Kuala Lumpur, o que estemos sentados en el sofá de casa volando a un lugar extraño al consumir alguna que otra sustancia psicodélica. En este último caso, además, las canciones de nuestra ‘playlist’ serán claves en la experiencia.

Y no lo decimos nosotros, lo afirma la ciencia. Según un reciente estudio, la selección musical a la hora de tomar LSD resulta determinante en el efecto que esta sustancia produce en nuestro cerebro. Este es el resultado de un trabajo realizado por un equipo de neurocientíficos del Imperial College de Londres comandado por Mendel Kaelen. Todo partió de un estudio previo que surgió con la intención de retomar la relación que estas drogas psicodélicas tuvieron con la música ya en la década de los 60.

Más allá de la estrecha vinculación entre la música y el LSD en la vorágine del movimiento hippie a mediados del siglo pasado, ya hubo quien investigó en el marco de la psicoterapia para saber más acerca de esta combinación. El propósito era probar si estas sustancias condicionaban la respuesta emocional a la música. En el estudio previo que realizaron Kaelen y sus colegas, diez individuos se ofrecieron a escuchar cinco canciones en dos ocasiones. En la primera audición, se les dio un placebo. Para la segunda, tomaron LSD.

Se buscaron melodías agradables con las que los participantes no estuvieran familiarizados. Entre ellas, había obras de artistas neoclásicos como Brian McBride, Ólafur Arnalds, Arve Henriksen, y Greg Haines. Las canciones de este último compositor, según cuenta Kaelen, son usuales en sus trabajos y acaban por ser las favoritas de quienes se ofrecen a ser conejillos de indias.

Los encuestados tuvieron que realizar dos test para valorar en una escala del 1 al 100 su respuesta emocional a las diferentes pistas musicales que habían escuchado, así como para dejar constancia de qué emociones habían experimentado. Gracias a esto, los investigadores pudieron comprobar que la respuesta emocional fue más alta entre los participantes cuando habían tomado LSD. Al mismo tiempo, con esta sustancia psicodélica en su cuerpo se dispararon las sensaciones de “asombro”, “ternura”, “trascendencia” y “poder”.

Estos resultados sirvieron para reforzar la hipótesis de que “la música intensifica su significado bajo la influencia de drogas psicodélicas como el LSD”. Tras esta investigación preliminar, el equipo de Kaelen decidió ir un paso más allá para comprobar cómo esas sensaciones se reflejaban en el cerebro humano. En esta ocasión, un total de 20 participantes consumieron 75 miligramos de LSD y, al igual que en el anterior test, también tomaron un placebo.

Mientras estaban en el escáner de resonancia magnética, los voluntarios debían permanecer con los ojos cerrados. Tras las pruebas, en las que hubo momentos de silencio y otros donde sí que escucharon música, los voluntarios debían nuevamente responder unos test para explicar las sensaciones que habían experimentado y las imágenes que habían visto. Gracias a las neuroimágenes, los expertos pudieron observar cómo el flujo de información que descendía bajo los efectos del LSD, aumentaba cuando sonaba la música.

cerebro

Eso sí, todos con la misma ‘playlist’. Ninguno de los participantes podía aportar aquella banda sonora con la que le gustaría realizar el viaje, ya que de eso se encargaban los investigadores. “Eso fue algo muy difícil, de hecho, porque todos tenemos diferentes gustos musicales”, explicaban Kaelen. Por eso, se esmeró en encontrar el estilo más adecuado para que todos los encuestados pudieran disfrutar de la experiencia. “Terminé seleccionando una música que tiene un ambiente general muy relajante y positivo dentro de ella, principalmente eran canciones de un artista de música ambiental llamado Robert Rich”, comentaba.

Concretamente, este investigador se decantó por seleccionar siete minutos de algunas pistas del disco ‘Yerning’, de 1995, en el que Robert Rich colaboró con Lisa Moskow. De hecho, el trabajo de Rich inspiró a Kaelen a indagar en los efectos de la música sobre el cerebro humano. “Él empezó a hacer música porque estaba verdaderamente convencido de que la música puede ser una forma realmente potente de inducir y guiar estados alterados”.

En cualquier caso, Kaelen no ha desvelado todas las canciones que componían su ‘playlist’ para así evitar condicionar a quienes participen en futuros estudios. No obstante, sí que ha querido compartir algunas de las experiencias que relataban aquellos que se atrevieron a participar en el estudio. Por ejemplo, con la canción ‘183 Times’ de Greg Haines, había quien reconocía: “Esta canción me hizo llorar. Fue muy triste y hermoso, porque al llorar sentía una descarga emocional, una liberación de tristeza y malos sentimientos hacia mí mismo. Me hizo pensar en las luchas que tenía que pasar por la vida de estar deprimido. Al final de esta canción me sentí limpio”.

Lo que sí ha demostrado es que, como ya dejasen entrever anteriores estudios en este campo, la experiencia al tomar sustancia psicodélicas se ve condicionada por la música y el ambiente en que se consumen. Además, Mendel Kaelen parece dispuesto a ir un paso más allá. Asegura que, siempre bajo la supervisión de un terapeuta, el uso de estas sustancias puede ser beneficioso para combatir enfermedades como la ansiedad, la adicción y la depresión. Y en ese tratamiento, la música puede jugar un papel clave.

Si en multitud de ocasiones no pocos músicos optaban por consumir algo de droga a la hora de reunirse con sus musas para disponer del arrojo necesario y zambullirse en una nueva composición musical, ahora la ecuación se invierte. La música, que tanto bien nos hace en nuestro día a día, podría convertirse en una gran aliada para complementar los efectos de ciertas sustancias sobre nuestro organismo. Eso sí, siempre bajo prescripción médica. No vayamos a pasarnos de frenada…

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Con información de Nature, NoisePorn, Imperial College of London, Vice y DancingGastronaut.

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