Cuando los yanquis pensaban que el pelo era el espejo del alma

Donde hay pelo hay alegría, dice el adagio popular. Y hoy en día, cada cual puede llevarlo como le venga en gana. A lo Donald Trump, largo, corto, verde, azul, amarillo, con coleta inspirada en la de Pablo Iglesias, medio flequillo, rastas o lo que se le ocurra al estilista de Neymar… Sin embargo, hasta comienzos del siglo XX algunos estadounidenses creían a pies juntillas que el pelo de un extraño podía exponer su  verdadera personalidad.

El estilismo no era entonces, como sucede desde mitad del siglo pasado, una proyección de la moda o de las opciones políticas: ‘hippies’ de largas melenas, gomina para los yupis de Wall Street o una encrespada cresta anunciando rabia punk. El cabello era, simplemente, una fuente de superchería y especulación basada en supuestos pseudocientíficos o religiosos.

El pelo servía en la joven república yanqui para clasificar extraños rápidamente. El vello, como creían muchos americanos durante el siglo XIX, revelaba cualidades como el coraje, la ambición o las posibilidades que tu interlocutor tenía para convertirse en un criminal en potencia. Además, copó gran espacio en las conversaciones acerca de las razas que convivían en aquel vasto continente por explorar.

¿Pelirrojo peligroso?

Lo que hoy en día puede parece una estupidez como un templo, como los horóscopos, sin embargo, ha calado en la culturilla popular de muchos lugares. Y también lo han hecho algunas supersticiones capilares que vienen de lejos, y es que los americanos no eran los únicos que vieron en el pelo el reflejo de nuestra personalidad. A los pelirrojos, por ejemplo, el papa Inocencio VIII quemó a miles de pelirrojas en la hoguera por brujas, e incluso Hitler prohibió los matrimonios entre ellos durante el Tercer Reich. Gente muy cabal.

Pero no sólo con ellos. El pelo largo también ha sido motivo de discriminación laboral recientemente.  En uno de las razones más extrañas para no convocar a un futbolista con su selección, en 1995, el entrenador argentino Daniel Pasarella decidió dejar fuera de la albiceleste a Fernando Redondo porque “El aro” –pendiente– “y el pelo largo son peligrosos porque los jugadores se distraen durante el partido tocándoselos muchas veces”. Otro intelectual de lo suyo.

racismo

Pero esto, como decimos, tuvo su punto álgido en la historia en los Estados Unidos. Allí, en 1863, la revista literaria neayorkina The Knickerbocker, dedicaba 13 páginas a demonizar a los hombres que partían su cabellera por la mitad. Según la publicación, era un estilo de peinado que denotaba debilidad en quien lo llevaba. Casi en el siglo XX, un diario médico de Kansas City argumentaba por su parte que, en los criminales, la barba solía ser escasa. Luego la historia cambió y dio la razón a los malvados hípsters barbudos: tuvo que llegar la revolución cubana para que el pelo facial ocupara su debido lugar en la historia.

En la década de los 70 del siglo XIX, un amplio número de publicaciones reimprimió una taxonomía con las diferentes personalidades que el pelo comunicaba. El pelo duro, a lo cepillo, indicaba, por ejemplo, un carácter terco y duro. Por otro lado, el pelo lacio advertía una personalidad melancólica pero un carácter tenaz. Los castaños,por su parte, y por arte y magia de su cabello, presentarían una gran capacidad para el sufrimiento pero también para el disfrute, mientras que los morenos con la cabellera tersa tendrían tendencia a la sensualidad.

Todos aquellos mitos, como decimos, tenían una larga tradición. Un siglo antes, cuando comenzó la inmigración masiva desde Europa persiguiendo el sueño americano, los colonos que llegaron a las costas de Nueva Inglaterra unieron el pelo a la identificación racial de los nativos como algo indisoluble. Y, como no podía ser de otra manera, el pelo largo de los indios americanos era signo inequívoco de barbarie.

nativo americano

Aquella teoría del pelo largo de los “bárbaros” apaches, navajos o siux hundía, a su vez, sus raíces en unas creencias cristianas más que en las características físicas de los nativos. A menudo, han aparecido referencias a la primera carta de San Pablo a los Corintios en la que el apóstol diserta acerca del arreglo personal tal que así: “La naturaleza misma, ¿no os enseña que al varón le es deshonroso dejarse crecer el cabello?”. Palabra de Dios. De hecho, se llegó también a discriminar a colonos que se dejaban crecer la melena por ser contrarios a la Biblia y, de manera inmediata, parecerse a los malvados indios.

Aquello, lejos de ser una anomalía, no era tan extraño para el pensamiento de la época. Los colonos blancos organizaron su mundo en dicotomías excluyentes asociando piel blanca, cristiandad, civilización y masculinidad con pelo corto y, por oposición, piel oscura, paganismo, barbarie y feminidad con pelo largo.

No obstante, no solo para los nativos americanos el pelo fue un síntoma de la que se les venía encima. La fiebre del oro en California atrajo a numerosos inmigrantes chinos y, una vez más, los blancos conservadores respondieron a sus nuevos compañeros de trabajo con prejuicios capilares. La mayoría de los inmigrantes que llegaron a Estados Unidos desde el país asiático provenían de la etnia Han y, en su tradición, dejaban crecer sus coletas como símbolo de lealtad al emperador. Aquellas largas colas de caballo fascinaron a los ‘cowboys’ y, una vez más, fueron símbolo de barbarie y ocuparon tiras satíricas en los panfletos de la época.

terror amarillo

Por último, décadas antes de la Guerra Civil estadounidense y el comienzo del  fin de la esclavitud de las personas de color. El pelo, una vez más, fue distintivo racial para discriminar a la población negra. El asunto algunas veces llegaba algunas veces a los juzgados, sobre todo cuando algún esclavo mulato trataba de escapar de las cadenas gracias a un tribunal. Pese a que su color de piel era más claro, si su pelo era rizado los jueces fallaban en su contra.

Durante siglos, los prejuicios raciales han tenido en el pelo el centro de su discurso pero la humanidad y, aunque avanza, no lo hace siempre al mismo tiempo. En Estados Unidos, con la aparición de la contracultura y el activismo contra la guerra del Vietnam durante los años 60 el pelo llegó a convertirse en un espacio de lucha política gracias al movimiento ‘hippie’.

Por oposición, en 2004 en Corea del Norte el gobierno lanzó una de las campañas de televisión más surrealistas de las últimas décadas: “Córtate el pelo a la manera de vivir socialista”. Todo el aparato mediático del estado dedicado a que los hombres llevaran en pelo corto porque según rezaba la campaña, el pelo largo consumía nutrientes y amenazaba la inteligencia humana. Un compendio de pseudociencia que ni Rappel en sus horas más bajas. Pero hay más, la campaña orquestada también afirmaba que el pelo mostraba los estándares morales de la persona. Como hemos visto, el prejuicio y el pelo de cada uno han ido de la mano desde antiguo.

Con información de The Conversation, BBC, Wikipedia y Clarín.

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