Coleccionistas de lavadoras: sí, hay un grupo de machotes que adora hacer la colada

En la mayoría de lugares civilizados de este mundo, hace tiempo que las tareas del hogar dejaron de ser algo propio del género femenino (o eso queremos pensar). Antes, por el hecho de haber nacido mujer, recaía sobre los hombros de una persona esa pesada losa que le obligaba a quedarse en casa. Aunque, por desgracia, este escenario sigue existiendo en millones de hogares, basta mirar alrededor para descubrir que la tendencia está cambiando y que los hombres ya no se amedrentan cuando de mantener su hogar se trata. Cada vez son menos los que tienen miedo a planchar, a coser, e incluso los hay que adoran meterse entre fogones. Por no hablar de la colada, que es pan comido.

Las madres de todos esos hombres que no tienen inconveniente alguno en coger la ropa sucia, depositarla en el interior de la lavadora y tenderla cuando este aparato ha cumplido su cometido, seguro que estarán muy orgullosas de sus churumbeles. Eso sí, no tanto como las progenitoras de los hombres que forman parte del Washing Machine Collectors Club, un club de amantes de las lavadoras que a día de hoy cuenta con más de 3.000 miembros repartidos por todo el mundo.

Y no es algo reciente. Este club surgió en la década de 1980. Desde entonces, todos los amantes de la colada se reúnen varias veces al año para compartir su pasión por la ropa recién lavada. “Todo el mundo tiene su parte favorita del ciclo. Hay quien ama el lavado, otros que adoran el enjuague, el giro o el desagüe. Yo soy más de giro. Me encanta el giro”, explica Jon Charles, uno de los miembros del Washing Machine Collectors Club que no tiene reparo en declararse “entusiasta de las lavadoras”.

Los hay que recorren cientos y cientos de kilómetros (algunos incluso viajan desde Rusia, Madagascar o Australia) para compartir con sus colegas una buena jornada de lavado. Además, son jornadas maratonianas. Llegan a estar hasta altas horas de la madrugada viendo como la lavadora hace de las suyas. Eso sí, para hacer más llevadera la velada y evitar el dolor de cabeza, preparan algún brebaje con el que amenizar la espera hasta que la ropa esté limpia.

Además, no se trata solo de que se reúnan para disfrutar del funcionamiento de esas máquinas de distintas épocas que otros tanto detestan encender. Algunos tienen un buen número de ellas en casa. Por ejemplo, Jon Charles reconoce que tiene en su domicilio un total de 59 lavadoras, de las cuales 22 están en su sótano listas para hacer la colada. “Tengo una buena representación de todo lo que se hizo desde 1938 hasta hoy”, cuenta el propio Charles, que dedica a recogerlas y restaurarlas con un único propósito: “quiero saber cómo funciona todo el interior de la máquina”, afirma. “La colada es, para mí, como la guinda del pastel”.

Donde la mayoría de los mortales solo ven una herramienta para mantener su ropa limpia y evitar ir malolientes a cualquier parte, los miembros de este peculiar club ven algo más. Consideran que a través de la evolución de las lavadoras se puede comprobar cómo ha evolucionado la sociedad en las últimas décadas. “Estas máquinas representan maneras de hacer las cosas que han cambiado en cada década -que ya no hacemos- y creo que es algo que debería ser preservado para otra gente, si es que podemos hacer que se interesen”, apunta Charles.

No puedo plantarme en una fiesta y decirle a alguien: “¿cómo le va a tu lavadora?”. Me miraría como si estuviera loco. Pero lo puedo hacer con estos tipos. Sencillamente, es muy divertido que podamos tener una conversación sobre ello”. De hecho, el propio Jon Charles contaba que, cuando comenzó su pasión por las lavadoras, jamás hubiera pensado que existiera en algún punto del mundo alguien con quien pudiera compartir esa afición tan extraña.

Como decíamos, posiblemente sus madres se sientan bien orgullosas de ellos. O no, que todo puede pasar. Quienes no sabemos si están tan contentos del ‘hobby’ de estos tipos son sus esposas e hijos. Que 22 lavadoras funcionando al mismo tiempo en el sótano de casa no debe ser algo relajante, precisamente. “Hacer la colada es una faena para la mayoría, pero para nosotros es un juego”, comentaba Jon Charles.

Como les dé por encenderlas a la hora de la siesta o a medianoche, para disfrutar del chapoteo del agua con detergente antes de irse a dormir y descansar a pierna suelta, serán muchas las enemistades que se granjeen. Sus familiares, eso sí, no tendrán pega alguna con la ropa. La peor parte, sin duda, se la llevará a quien le toque planchar lo lavado. Esa ya es otra historia.

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Con información de Fox, Popular Mechanics y OddityCentral

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