Arrestan a un menor por robar una nave espacial en el museo de los ovnis

Roswell, Nuevo México, julio de 1947. Lo que a todas luces parece ser un experimento fallido de las fuerzas aéreas estadounidenses se convierte a fuerza de conspiranoia en el epicentro de la ufología y la adoración de los –supuestos- seres que nos observan desde el espacio exterior. Ahora, por una trastada, los amantes de los ovnis se han quedado sin platillo volante que venerar.

Son tiempos agitados, estamos a punto de arrancar la Guerra Fría y dentro de poco habrá gente que barruntará montar en su garaje un refugio nuclear repleto de latas de tomate Campbell. Fue el llamado Caso Roswell: una supuesta nave extraterrestre chocó en ese lugar situado en mitad de ninguna parte. Una de las zonas cero de las teorías de conspiración junto con el plató de Cuarto Milenio y que poco o nada ha aclarado acerca de la vida extraterrestre. Si acaso, su gran éxito fue poner la recoleta ciudad de Roswell en el mapa.

7288424328_d26df4af34_k

 

Hasta ahí todo normal. Al fin y al cabo, que se caigan aparatos del aire nos pasa todos los días desde que comenzamos a mandar basura ahí fuera. Desde caros aviones de combate hasta estaciones espaciales soviéticas. Y siempre hay quien tiene peregrinas y casposas teorías acerca de las tristes leyes de la física como ocurrió con la MIR y Nostradamus. Pero si a eso le añadimos que en el desierto de Nuevo México hay poco que hacer, muy poco, realmente, salvo patrullar la frontera, y reconocemos que el aburrimiento es el auténtico motor de las grandes obras humanas, la salida para los políticos locales y fuerzas vivas –el sheriff y las señoras del club de lectura- estaba clara: armar un museo de  ovnis con su flamante centro de interpretación para sacar los cuartos al improbable visitante.

Si en nuestra querida patria ibérica montamos centros de interpretación del vino dulce, de la jota de la ribera, de la alpargata o de la mina en la que se deslomaba el abuelo, quién le va decir a los gringos que no monten su museo de los ovnis. A ver quién es el guapo. Aunque lo que cayera aquella noche en medio de la nada fuese un globo aerostático, tripulado, probablemente, por un prisionero de guerra japonés. Pero que la realidad no estropee una buena idea, por favor. Desde entonces, el museo ha sido el verdadero motor de la vida turística de Roswell. Un espacio cuyo inequívoco eslogan es “La verdad está aquí” y que se dedica al folclore ufólogo con exposiciones tan variadas acerca del citado accidente de 1947, los círculos en campos de cereal, las abducciones, y la también la archifamosa Área 51.

International_UFO_Museum_and_Research_Center_Roswell_New_Mexico

 

Entre las piezas a visitar se encuentran arena y chatarra recogida en el desierto aquella fatídica noche, un mural maya que, dicen, representa a un astronauta –tal cual-, varios marcianos de cera, recuerdos de la película Alien y, hasta hace nada, un resultón platillo volante a escala que presidía la entrada del edificio.

Al parecer, tres jóvenes varones en una furgoneta ‘pick up’ –toma cliché- decidieron la pasada noche del 29 de marzo tras tomarse unas cervezas –nos falta la ‘cheerleader’ para tener una peli de instituto completita- que la mejor idea para pasar la noche ‘roswelliana’ era hacerse con la reproducción a escala del ovni que, dicen, vino a visitar a los yanquis hace ya ochenta años. Según los indicios todo se trata de una trastada juvenil y no de un ataque de responsabilidad científica de la muchachada local. No. Según el Alburquerque Journal, el autor material del robo fue Newman Seely, un chaval de 17 años que había sido detenido con anterioridad por dos delitos: hurto y conspiración. ¡Qué conspiración mayor puede haber que creer en ovnis!

El joven Quimi de Roswell, supuestamente, no paró ahí y tras obtener el objeto volante, que en ese momento se encontraba en las traseras del edificio para someterse a un trabajo de chapa y pintura, lo destrozó a las afueras de la ciudad. Puro nihilismo adolescente. La policía local, que localizó al chaval gracias a la grabación de las cámaras de seguridad, ha lanzado una campaña para solicitar colaboración ciudadana en la búsqueda de los otros dos malandrines. Mientras, los visitantes del museo se han mostrado entre contrariados por la pérdida de tan valiosa pieza como contentos por la detención del sospechoso. El museo, además, está pensando ya en reponer el platillo que databa de 1997 aunque fuentes consultadas reconocen que no saben lo que les puede costar remplazar la pieza vandalizada.

25894720230_e49589f497_k

Una encuesta de 1997 afirmaba que el 80 por ciento de la población americana creía que el gobierno federal ocultaba información sobre la existencia de vida extraterrestre y cerca de dos tercios de los encuestados respondieron que creían que un ovni fue lo que efectivamente cayó en Roswell en 1947. No sabemos si los chavales que robaron el platillo volante son los típicos seguidores de Justin Bieber o son seres reptilianos como los de V, pero lo cierto es que su hazaña va a ayudar a continuar con el mito extraterrestre del desierto.

———

Con información de Road Side America, Roswell UFO Museum, KRQE y Sky News.

Que triste es de pedir, pero más triste es de robar

Un policía brasileño afirma ser abducido una vez por semana

Cabezas de alien hechas con culo de venado, la máxima expresión del arte sureño

Diez pelis de dinosaurios tan malas que deberían extinguirse

Del agua del grifo a la comida quemada: los diez museos más insólitos del planeta