Los libros más raros del año: los bailarines que escandalizaron a los nazis y las paradas de bus soviéticas

En 1978, la revista británica The Bookseller comenzó a entregar el premio Diagram al título de libro más raro del año. Mezclando el humor flemático de los ingleses y su tendencia al ‘kistch’ y la escatología, este galardón recoge lo mejor y lo peor de la creación humana. La síntesis de un título que sirva como reclamo para el lector quizás sea lo más difícil de escribir para los autores y, según la lista de ganadores del premio, alguno se partió la crisma intentándolo.

Porque cuando alguien titula ‘Cómo cagar durante una cita’ (‘How to Poo on a Date’, 2013), se arriesga a compartir lugar en la ilustre lista con el afamado y nada críptico ‘Manual de seguridad para el sadomasoquismo lésbico’ (‘Lesbian Sadomasochism Safety Manual’, 1990) o ‘Hitos en la historia del cemento’ (‘Highlights in the History of Concrete’, 1994) e incluso el hit ‘Caballos a prueba de bombas’ (‘Bombproof Your Horse’, 2004) y que nada tiene que ver con percherones antibalas, sino que es una guía de cuidados para los equinos, por no hablar del desafiante ‘Si quieres terminar tu relación, comienza por cerrar tus piernas’ (‘If You Want Closure In Your Relationship, Start With Your Legs’ 2007).

En la presente edición del premio Diagram, la primera posición ha recaído enDemasiado desnudos para los nazis’ (‘Too naked for the Nazis’), una novela basada en las aventuras y desventuras de una compañía de variedades en la Alemania de entreguerras. En ella, el escritor Allan Stafford cuenta la historia de cómo la obra de teatro de Jack Wilson, Joe Keppel y la protagonista femenina, Betty Knox, sacó de sus casillas al mismísimo jerarca nazi Joseph Goebbels cuando la compañía protagonizaba en los cabarets de Berlín una erotizante danza egipcia.

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Con ‘Demasiado desnudos para los nazis, Stafford ha batido por los pelos al meritorio ‘Leyendo desde atrás, una historia cultural del ano’ (‘Reading from Behind: A Cultural History of the Anus’), ‘Paradas de Autobús Soviéticas’ (‘Soviet Bus Stops’), ‘Leyendo el hígado, textos en papiro sobre la brujería en la antigua Grecia’ (‘Reading the Liver: Papyrological Texts on Ancient Greek Extispicy’) y el complejo ‘Tras los catalejos: entrevistas con aclamados avistadores de aves’ (‘Behind the Binoculars: Interviews with Acclaimed Birdwatchers’).

La pasada fue una de las listas de candidatos al premio más imaginativa y consistente de los últimos años según cuentan en la propia revista, puesto que contó con sólidos temas como el final del aparato digestivo, los nazis y su mojigatería o la recia mentalidad soviética. Un cóctel explosivo. El ganador del premio, por si quedaran dudas de la seriedad del evento, sólo se lleva la mención y el orgullo de ser votado, además de un probable pero insignificativo aumento en las ventas. Eso sí, la persona que nomina al candidato vencedor es recompensada con una botella de vino clarete. Para dejar claras las cosas, en 1978 el primer libro premiado fue ‘Actas del segundo congreso internacional acerca del ratón de laboratorio’ (Proceedings of the Second International Workshop on Nude Mice). Apasionante.

Desgraciada y sorprendentemente las ‘Monjas moteras, travestis, vampiras, del espacio exterior: Una consideración sobre el cine de culto’ (‘Vampire Transvestite Biker Nuns from Outer Space‘) sólo obtuvo una apreciable pero escasa medalla de bronce. Y esto fue así porque no se puede forzar al votante de tan magna distinción a que vaya a lo fácil. A lo burdo. Una cosa es que te ronde la mente un título curiosón y otra muy diferente es no dejar nada para la imaginación del lector. En la esquina contraria del cuadrilátero, la que parece una fantástica obra sobre arquitectura civil en la extinta Unión de Repúblicas, resuelve con un explicativo y prístino, casi ascético, Paradas de autobús soviéticas lo que esconde el arte de construir apeaderos bajo la atenta mirada del comisario político de turno.

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Pero los títulos raros no son propiedad exclusiva de los hablantes de lengua inglesa. Si alguien se atreviera a reeditar ‘La Celestina’ con el título que se le dio a la primera impresión en la que se conoce a Fernando de Rojas como autor, los votantes de The Bookseller la hubieran emprendido a patadas con una de las obras fundacionales de la literatura en castellano. Esa Celestina dice así: “Tragicomedia de Calisto, y Melibea, vulgarmente llamada Celestina: en la cual se contienen muchas sentencias filosofales, y avisos muy necesarios para mancebos, mostrándoles los engaños que están encerrados en sirvientes, y alcahuetas por el bachiller Fernando de Rojas”La magia del editor con semejante título conseguía que no hiciera falta leer el libro.

Y a colación de lo que pretenden las mentadas monjas del espacio exterior, llevemos un momento el asunto al cine. No es lo mismo ponerle a tu película ‘Marcelino, pan y vino’, nombre raruno donde los haya que sería un serio candidato al premio, que aquel que decía ‘Dr. Strangelove or how I learned to stop worrying and love the bomb’ (‘El doctor Strangelove o cómo aprendía a dejar de preocuparme y a amar la bomba’, traducido al castellano) y que la distribuidora en tierras ibéricas decidió cambiar por uno más potable como ‘¿Teléfono rojo?, Volamos hacia Moscú’. Otro fascinante mundo el de los traductores de los títulos de las películas al que habría que meter mano en el futuro. De momento, nos queda el consuelo de ‘Demasiados desnudos para los nazis’.

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Con información de The Bookseller, The Telegraph, Wikipedia y BBC.

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