Este hombre lleva diez años andando descalzo, llueva, nieve o haga calor

La felicidad puede expresarse de numerosas y variopintas formas. Las hay desde la de aquella persona que, encorsetada por los estigmas sociales, siente una liberación sin parangón al zamparse un par de donuts de chocolate, hasta la de aquellos que se olvidan del mundo por un momento cuando la lluvia cae sobre sus cabezas. Aún a riesgo, incluso, de agarrarse un terrible catarro. Y luego está el caso del ucraniano Andrzej Novosiolov que decidió que sus pies debían ser libres y, desde entonces, va descalzo a todas partes.

No le importa lo más mínimo que llueva, que haga calor o que caíga una tremenda nevada, algo bastante habitual en por aquellos lares. Novosiolov tomó la determinación en febrero de 2006 y desde entonces se liberó de la opresión de los zapatos. Todo comenzó una noche cuando sintió que, por alguna extraña razón, sus pies estaban muy calientes. Entonces, ni corto ni perezoso, decidió bajar a la calle y dar un paseo descalzo sobre la nieve.

La experiencia le resultó sumamente agradable y gratificante. No obstante, sus pies le advirtieron de que aquello no era del todo buena idea. Comenzaron a dolerle, a causa del frío, pero Novosiolov no se amedrentó. Poco a poco, su cuerpo se fue acostumbrando a caminar sin ninguna protección sobre la nieve y sus paseos cada vez duraban más tiempo. Asi, hasta que en abril, una mañana decidió que no se pondría zapatos en todo el día.

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Pudo aguantar durante todo el día, sin echar en falta el calzado que protegía sus pies. Eso sí, no tardó en percatarse del riesgo que existía de pisar vidrio roto del que abunda en la calle o cualquier otro objeto cortante que pudiera causarle heridas. Pero ni por esas desistió de lo que tanto le liberaba. De hecho, fue entonces cuando conoció el caso de Olga Gavva, lo que le alentó para seguir. El ejemplo de esta mujer de San Petersburgo, que también decidió un día acabar con la opresión de los zapatos, le sirvió a Andrzej Novosiolov para dejar a un lado los cortes, las heridas y los rasguños y seguir disfrutando de aquello que le hacía feliz.

De hecho, con el paso de los años ha desarrollado la capacidad de intuir dónde están los posibles objetos punzantes que puede haber por el suelo. Los que no estaban tan convencidos de que caminar descalzo por la calle fuera buena idea, fueron su esposa y sus hijos. Tanto es así, que incluso sentían vergüenza ajena cuando acompañaban a Andrzej a dar un paseo. A medida que pasaba el tiempo, y viendo que su esposo y padre no tenía intención alguna de desistir en su empeño, la familia acabó por acostumbrarse.

Quienes todavía no se hacen a la idea de que un tipo vaya descalzo por la calle son sus vecinos. No son pocos los que, al verle con los pies desnudos andando por la nieve, se ofrecen a darle o comprarle un par de zapatos para que no pase frío. Por regla general, entienden que se trata de alguien sin recursos, un sintecho. La sorpresa llega cuando les cuenta que sí, que tiene dinero, trabajo, una familia y hasta casa, pero que ha decidido ir descalzo por la vida.

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En ese instante, la mayoría no puede evitar pensar que está totalmente chiflado. Pero a Andrzej Novosiolov eso poco le importa. En su trabajo, como informático, nadie le ha dicho que debe llevar zapatos. No hay unas normas de vestimenta en la oficina y, por lo tanto, puede ir libre, como a él le gusta. Donde sí que debe ponerse unas chanclas es el subir al tren. Según cuenta, algunos agentes de seguridad le piden que no vaya descalzo para evitar disgustos innecesarios.

Por eso, él lleva siempre consigo unas sandalias. Para situaciones de este tipo. En casa tan solo tiene otro par de zapatos de verano que utiliza cuando en la calle se alcanzan los 15º bajo cero y existe el riesgo de congelación. Entonces sí que los utiliza. Pero solo en situaciones extremas. Si no, Andrzej sigue en sus trece de disfrutar con sus pies libres.

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A todo esto hay que sumar todo el dinero que se ha ahorrado en zapatos a lo largo de estos últimos diez años, sin gastar nada en calzados. Los zapatos y las sandalias las compró cinco años atrás. Desde entonces no ha hecho inversión alguna en calzado. Posiblemente, los zapateros no querrán ni oír hablar de este ucraniano que decidió que era feliz caminando descalzo por el mundo. Sin importar que llueva, nieve o haga sol, Andrzej Novosiolov saldrá a la calle sin zapatos. Porque cada uno es feliz como le viene en gana.

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Con información de OddityCentral y Gazeta.ua

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