Moisés estaba puesto de tripis y otras explicaciones científicas a los milagros de la Biblia

Con los milagros divinos y otras historias sobrenaturales de la Biblia hay dos opciones: puedes creerlos a pies juntillas o puedes buscarle una explicación científica. Es lo que han hecho muchos investigadores a lo largo de los siglos, intentando darles una base racional a los relatos que protagonizan Moisés y compañía. Sí, nombramos precisamente a Moisés porque en la historia del salvador del pueblo hebreo es donde más ciencia se concentra.

Por ejemplo, con las diez plagas que fueron enviadas a los egipcios para que el faraón liberara a los hebreos. Según el Antiguo Testamento, Dios envió langostas, ranas o mosquitos. Pues bien, los arqueólogos opinan que estas plagas tuvieron lugar en la realidad hace unos 3.000 años, en la antigua ciudad de Pi-Ramsés, que fue abandonada, muy probablemente debido a unas plagas que llegaron con un clima seco.

Plagas Moises

Por otra parte, la sangre que tiñó el fértil río Nilo también puede tener una explicación. Con este clima seco, el Nilo se secó y se convirtió en un río de aguas fangosas. La supuesta sangre era en realidad un color rojo provocado por una alga tóxica de agua dulce: la ‘oscillatoria rubescens’ tiñe el agua de rojo al morir. De hecho, se cree que la plaga de las ranas pudo venir como consecuencia de este efecto, ya que tuvieron que abandonar las aguas por la invasión de las algas.

Y para más inri (nunca mejor dicho si hablamos de la Biblia), los egipcios recibieron aquella plaga que llevó granizo de fuego y hielo, algo aparentemente incomprensible y cuya explicación solo podría ser divina. Sin embargo, no es que Dios se pusiera muy guay lanzando plagas. Hace unos 3.500 años, en la cercana isla de Santorini, hubo una tremenda erupción volcánica que lanzó miles de millones de toneladas de cenizas volcánicas a la atmósfera. Según el Instituto de Física Atmosférica de Alemina, la ceniza podría haber chocado con tormentas al llegar a Egipto y producir este granizo.

Y pasamos a uno de los pasajes más conocidos: el de la separación de las aguas. Una vez más, los científicos llegan en plan trol para destruir historias bíblicas. En este caso, la división de las aguas se pudo deber a un viento que vino del Este a una velocidad de 100 kilómetros por hora. “El viento mueve el agua de tal manera que está en conformidad con las leyes físicas, creando un pasaje seguro con agua a ambos lados”. Durante cuatro horas, por allí pudo pasar todo quisqui.

Moisés y las aguas

Otros investigadores han hablado de algo más de un viento de 100 kilómetros por hora y han apostado por todo un huracán. Incluso, que el mar era en realidad un lago obstruido por juncos que facilitaban el paso. Es más, esa misma solución dieron un grupo de científicos israelíes al Jesús que caminó sobre las aguas: unas piedras muy bien colocadas y listo.

¿Y si hablamos de la zarza que arde? Los científicos también han intentado verter realidad sobre el asunto. Por ejemplo, explican que era un arbusto de acacia en la parte superior de una chimenea volcánica. Otros, incluso, apuestan a que Moisés se había tomado alguna planta alucinógena y que su efecto hizo el resto.

Una Biblia de locos

De hecho, otros científicos se han preguntado si tanto profeta o tocado por la gracia de Dios no tenían alguna enfermedad. Por ejemplo, hay quien ha apuntado que las órdenes divinas que precisamente Moisés o Abraham reciben se deben a algún tipo de esquizofrenia. Incluso llegan a apuntar que la espina de la que san Pablo se quejaba, clavada en su carne y que le producía un dolor increíble, podría ser epilepsia.

En definitiva, los milagros bíblicos podrían tener más de laboratorio que de divino. Y seguro que los científicos más agnósticos o recelosos siguen entre probetas y ecuaciones para explicarnos hasta el último de los salmos. ¿Qué será lo próximo que escuchemos?

Con información de Atlas Obscura y Abc

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