Tirarse horas sudando a pleno sol, la dieta de moda entre las jóvenes asiáticas

Hay demasiada gente que pone en práctica eso de que para presumir hay que sufrir sin importarle lo más mínimo las consecuencias que pueda tener en su salud. Si a este lado del mundo nos gusta chamuscarnos al sol en la playa sin tener en cuenta los perjuicios que entraña eso para nuestra piel, en otros lugares del planeta son más partidarios de ir a la playa y entregarse a los rayos ultravioleta totalmente vestidos. ¿Para qué? Desde luego, no para broncear la piel. De hecho, no van por ahí los tiros.

De un tiempo a esta parte, según cuentan los lugareños del pueblo chino de Sam Ka, un grupo de 10 mujeres con edades comprendidas entre los 20 y los 30 años, llegan a la playa y sin sacar la toalla o la esterilla se ponen a mirar al sol. Podríamos pensar que son unas románticas y sienten una especial devoción por las puestas de sol en ese punto del planeta. Pero estaríamos equivocados. Como ellas mismas reconocen, están practicando una nueva y revolucionaría forma de ponerse a dieta.

Aseguran que se trata de una terapia de origen europeo, conocida como ‘sun-gaze’ (algo así como “contemplando el sol”) que consiste en mirar al sol ya que hacerlo durante un tiempo aporta a nuestro organismo las mismas calorías que si hubieramos comido. ¿Qué quiere decir esto? Que esas chicas sustituyen el almuerzo o la cena por un ratito al sol. Es más, algunas prefieren estar todo el tiempo que sea necesario abrasándose en la playa y evitarse así cocinar a cualquier hora del día.

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“Practicamos el ‘sun-gaze’ como un sustituto del comer. Algunas de las que han terminado la terapia comen menos y otras ya ni siquiera necesitan comer”. Cuentan que comenzaron dedicando tan solo 44 segundos al día a situarse frente al sol y saciar su apetito. A partir de ahí fueron sumando y sumando, hasta que algunas han llegado a resistir 44 minutos en el noveno mes. No todas han conseguido llegar a esa marca.

Algunas tienen la firme convicción de que con esta práctica pueden mejorar su salud. Comentan que, según algunos grupos religiosos que sustituyen un plato de lentejas o un solomillo por ponerse un rato al sol, sirve para mejorar la vista y la calidad del sueño. En las imágenes se ve como algunas de las jóvenes que se decantan por el ‘sun-gaze’ para – supuestamente – bajar algunos kilos lo hacen con gafas de sol. Estas son las más sensatas, que no es cuestión de dañarse la vista por adelgazar un poco frente al sol.

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Los médicos que han conocido esta nueva tendencia se han echado las manos a la cabeza. De hecho, han advertido de los riesgos que existen para los ojos en ese mismo punto del planeta cuando los rayos del sol rebotan en el mar. Esto podría dañar gravemente la vista de las jóvenes que no tomen las medidas de protección adecuadas. Lo mismo ocurre con la piel. Que vayan vestidas no evita que, a posteriori, puedan sufrir algún problema.

A estas jovenzuelas quizá habría que recordarles el caso de la suiza Anna Gut, que también pensaba que podía sobrevivir en este mundo alimentándose de los rayos de sol. Siguió una dieta estricta en la que, durante una semana, no podía tomar nada líquido ni sólido. Por no poder, no podía ni tragar su propia saliva. Resistió una semana más en la que podía tomar ciertos alimentos, pero no tardó en percatarse de que nutrirse con la luz del astro rey no era buena idea.

En cualquier caso, las playas de China son lugares muy propensos a las modas más absurdas y disparatadas. No solo por esta tendencia de ponerse al sol para ahorrarse un buen plato de tallarines, sino porque allí fue donde surgió el ‘facekini’, ese pasamontañas de plástico que, supuestamente, protegía de los rayos solares. En serio, ¿qué diantres ocurre en la playas chinas?

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Con información de Coconuts Hong-Kong, Oddity Central (y 2) y La Voz del Muro.

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