Islas de leprosos y yermos nucleares: el turismo macabro causa furor en Japón

Hay muchas formas de hacer turismo. Muchos prefieren visitar los lugares que no están llenos hasta la bandera de viajeros llegados de todo el mundo, armados con una cámara de fotos y ropa deportiva. Algunos, sin embargo, llevan eso de los destinos tranquilos hasta extremos insospechados.El ejemplo perfecto de ello está en Japón. Allí, a la hora de hacer conocer su país, algunos de sus habitantes optan por otro tipo de turismo: el macabro.

Los turistas japoneses gustan de visitar las reliquias de su país. Pero no precisamente de su más gloriosa historia o sus edificios milenarios. Para darle una vuelta de tuerca al típico concepto vacacional, nada mejor que optar por aquellos lugares donde nadie más se atrevería a llegar, como zonas de exclusión nuclear o islas de leprosos.

Turismo Oscuro

Lo demuestra una revista recién lanzada en Japón llamada ‘Turismo oscuro’, que recorre los lugares más tristes que los nipones han recibido como herencia. Su primer número, de 96 páginas, incluye reportajes muy macabros que probablemente te hagan sacar los billetes para ir a otro lado.

Por ejemplo, el sanatorio nacional Nagashima Aiseien para pacientes leprosos. Está situado en una isla perdida, perteneciente a la prefectura de Okayama. Quienes la visiten podrán comprobar de primera mano cómo eran las políticas discriminatorias hacia estos enfermos, pero también los tratamientos que se les practicaban.

Acompañando a los reportajes hay análisis sobre si otros sitios deberían ser abiertos para el turismo oscuro. Es el caso de la planta nuclear de Fukushima, que quedó arrasada tras el tsumami y el terremoto de 2011. En la revista hay un debate sobre si las calles vacías de las ciudades que quedaron dentro de la zona de exclusión se deben reabrir para el turismo.

Ciudad

Aunque lo parezca, la publicación no es negativa. Cada artículo va acompañado de un comentario para intentar que los lectores obtengan una lección positiva del horror y se animen a visitar estos lugares. ‘Turismo oscuro’ tiene previsto salir cuatro veces al año. El precio del número 1 ha sido de 880 yenes (6,50 euros).

El autor de todo esto

Detrás de esta peculiar idea está Kaoru Nakata, el editor jefe de la revista. Nakata ya tiene experiencia en este tipo de recorridos alternativos: ha publicado libros sobre edificios abandonados y lugares de Japón arrasados durante la Segunda Guerra Mundial. Nakata cuenta con el apoyo de profesores universitarios de Turismo como Akira Ide, quien ya había escrito un artículo académico sobre el ‘boom’ de este curioso pasatiempo. Dijo que “el turismo oscuro es la nueva manera de ayudar a que los jóvenes disfruten de los viajes”.

En una entrevista, Ide explicó que el turismo oscuro consiste en “ser testigo de o participar en los inconvenientes locales, porque el turismo ayuda a aumentar el conocimiento sobre una tragedia y asegurarse de que la próxima generación no olvida los lamentables sucesos del pasado”. Para ello, los turistas habrán de sentir “las sombras, los subproductos inevitables de la industria moderna”, explica Ide, quien también espera que la revista sirva para que el turismo oscuro “eche raíces en Japón”.

Pino

Razones no le faltan, porque son muchos los japoneses que, tras el tsunami de 2011, peregrinan a lugares como Tohoku, donde antes había un bosque de 70.000 árboles y en el que, tras el desastre, solo queda un pino. Si esto triunfa, quién sabe si pronto dejaremos de ver a los japoneses en nuestros museos.

Con información de The Telegraph y Portal Mie

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