La guía gastronómica necesaria para ser un hípster de manual

Lo tenemos claro: el hípster no nace, se hace. Y para ello, hay que seguir determinadas directrices, como vestir ropa con sabor ‘vintage’, utilizar unas buenas gafas de pasta y los gorros de lana. La bicicleta no es una opción: es el vehículo oficial. Más allá de las vestimentas y el medio de transporte, los hábitos alimenticios también deben adaptarse siguiendo la moda. Hay comidas o bebidas que permanecen inalterables a lo largo de las épocas del hípster, pero luego hay otras que, sin razón aparente, van y vienen como el Guadiana. Hoy te traemos una completa e histórica guía gastronómica para que no te pierdas cuando quedas a cenar con ese amigo que no logra separarse de su camisa de cuadros:

Cachopo

La última revolución grasienta en la comida hípster. El cachopo está formado por dos filetes de ternera entre los que se coloca jamón y queso. Luego, se rebozan y directos a la sartén. Este plato típico de la cocina asturiana está conociendo un éxito sin precedentes fuera de la tierra de Don Pelayo: más restaurantes que lo sirven, hay competiciones, etc. No eres moderno si, como con los ‘gin-tonics’ no tienes una opinión (positiva) sobre ellos. Creemos que próximamente se pondrán de moda otros platos rebozados como los flamenquines cordobeses o el viejuno San Jacobo. De hecho, ¿por qué está triunfando el cachopo y no estos? ¿Quién es su publicista?

Croqueta

La típica comida que la madre o la abuela hacían con las sobras del cocido se ha convertido en una ‘delicatessen’ que no falta en ningún restaurante moderno. La croqueta era una comida muy popular que fue descubierta hace unos cinco años por el mundo hípster. Este se deleita intentando detectar si la bechamel está bien cocinada o probando variedades que se alejan de la croqueta de jamón de toda la vida como las de queso de Cabrales o de rabo de toro. Si eres hípster, no te importará el precio al que te las cobren, aunque sabes que te saldría más barato haberlas preparado en casa.

Frappuccino

¿Qué fue antes, el hípster o el frappuccino? ¿Quién hizo a quién? Este café con crema, hielo y otros ingredientes como caramelo o dulce de leche es indisociable a los jóvenes urbanitas que tiene profesiones tan creativas como diseñadores o compositores. A pesar de que te pueda parecer algo caro, tienes que comprarte uno, sentarte con él en los acogedores salones del Starbucks, abrir tu Moleskine, coger tu bolígrafo de propaganda (no te preocupes, nadie se va a dar cuenta de que en realidad eres un pesetero) y comenzar a crear (o algo así).

Gin-tonic

Todo un clásico de la era moderna. La mezcla de ginebra y tónica con hielo y una rodaja de limón lleva con nosotros más de 100 años, pero en España ha vivido una explosión de popularidad increíble en los últimos años. Bueno, más bien lo que ha tenido éxito ha sido una mezcla de ginebra, tónica y un montón de guarrerías de las que nunca habíamos oído hablar, como el cardamomo y otras más conocidas pero igual de aberrantes como bayas o pimienta. Y no podemos olvidar a aquellos que deciden cargarse el sabor amargo llenando de azúcar el borde de las copas.

Así, tenemos a gente que paga grandes cantidades por una mezcla a la que es imposible llamar por su nombre. Si quieres ser un hípster de bien, olvida la receta básica y echa al vaso todo lo que haga falta y mancilla sin pudor alguno el nombre del ‘gin-tonic’.

Hamburguesa

Tras años de denostación por parte de médicos y madres muy preocupadas por la salud de sus hijos, la hamburguesa con su carne, su queso y demás productos hipercalóricos está siendo reivindicada por muchos restaurantes a la caza del consumidor moderno. Y con productos de lo más curiosos: ahora, por ejemplo, la carne de ternera o de pollo está acompañada, si visitas Barcelona, por calçots. Ya sabes cuál es tu destino, hípster. Por cierto, no es una buena hamburguesa hípster si al lado del precio no informa de los gramos de carne que vas a consumir, algo en lo que hasta ahora no habíamos reparado. Y si no viene acompañado de una ración de patatas fritas caseras y un mantelito cuqui para no manchar, mejor que se olviden de nosotros.

Hummus

Garbanzos machacados. Ni más ni menos. Este plato tradicional de la cocina árabe, preparado con comino, zumo de limón y aceite de oliva, se ha vuelto muy popular entre los jóvenes españoles. Como el ‘smoothie’ de espinacas (ver entrada correspondiente), apenas cuesta trabajo tragarlo, algo ideal si un hípster no quiere perder mucho tiempo entre exposición y concierto de grupo ‘indie’ en lengua catalana.

Quinoa

Recién llegada de América del Sur, la quinoa es una de las últimas exquisiteces gastronómicas que causan furor entre los hípsteres. Es una especie de cereal con el que se hacen ensaladas y que, seamos sinceros, no sabe a nada y que provoca un poco de repelús al comerlo. Las ensaladas con quinoa se han vuelto de lo más moderno, mientras se cacarean sus efectos beneficiosos para el organismo, como combatir el estreñimiento o aportar proteínas. Te costará encontrarlo, pero deberás hacerte con él como te hacías con los Pokémon cuando eras pequeño.

Smoothie

Volvemos a los líquidos. El ‘smoothie’ es el batido de leche y frutas de toda la vida, pero con un nombre más ‘cool’. No es batido ni zumo, es ‘smoothie’: asúmelo. En ocasiones lleva yogur. Otro gran vaso con el que te debes sentar en una cafetería con un diseño interior bien cuidado y esperar a que llegue la inspiración de las musas. Con tu Moleskine, claro. Y si quieres fardar de verdad mientras te aguantas las arcadas, prueba el ‘smoothie’ de espinacas, solo apto para los estómagos más exquisitos. Nuestros favoritos son aquellos que parecen colores Pantone. ¿Te atreves a reproducirlos en casa?

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