¡Tetas fuera! ¿Cómo eran de verdad las armaduras de las guerreras medievales?

Ya lo decía la canción: las chicas son guerreras. Y lo llevan siendo desde la antigüedad. El cine, la televisión y los videojuegos nos han mostrado a una mujer guerrera ataviada con una férrea armadura similar a la utilizada por los hombres, aunque con unas ligeras diferencias: en ellas destacaban dos excesivas protuberancias y solo llegaba hasta la cintura para llevar las piernas libres. Sin embargo, la realidad fue muy distinta.

Lo cierto es que los investigadores no se ponen de acuerdo sobre el tipo de armadura que llevaban las mujeres en la Edad Media. No hay muchas referencias históricas o pictóricas sobre esta pieza del vestuario, pero los estudiosos intentan aportar algo de luz al asunto. James Michael Illston presentó una tesis sobre las mujeres en guerra durante la Edad Media en la Universidad de Canterbury (¿hay ciudad más medieval en Reino Unido?). Según sus conclusiones, en la Segunda Cruzada hubo mujeres que vestían “con atuendo masculino; transmitían un aspecto totalmente marcial, más varonil que las amazonas”.

Mujer guerrera

Eso sí, alguna de las guerreras destacó por tunear su armadura. Según el relato de Illston, una llamada Goldfoot tenía oro bordado en el dobladillo y flecos de su traje. Antes muerta que sencilla. Estas mujeres pertenecían al pueblo franco y demostrarían que tanto hombres como mujeres irían a la guerra si era necesario.

Lo más curioso es que la armadura, en aquella época, se asociaba a la masculinidad. Aún así, muchas mujeres lucharon en las Cruzadas con ese traje que cubría todo el cuerpo y con el que, no lo dudamos, se debía que pasar bastante calor. En cualquier caso, no eran como nos han mostrado el cine y la televisión: nada de sujetadores de metal y barrigas o piernas al aire como llevaban Xena y compañía.

Eso sí, parece que también hubo otras que lucharon sin la clásica coraza masculina. Según algunos escritos antiguos, el ‘dress code’ femenino era la cota de malla, esa especie de camisa hecha con cadenas que protege el torso, los brazos y los muslos. De esa guisa iba vestida, por ejemplo, la valiente Petronilla de Grandmesnil, (1145 – 1212) cuando fue capturada mientras luchaba contra el rey Enrique III. Presa, pero más cómoda que con la típica armadura.

Si queremos encontrar algo más ‘fashion’ debemos rebuscar un poco. Por ejemplo, Leonor de Aquitania, una noble francesa que llegó a ser reina consorte de Francia e Inglaterra y que participó en la Segunda Cruzada. Cuando abandonaba Europa para darlo todo por Tierra Santa, montaba un caballo guerrero adornado con “cien pequeñas y tintineantes campanas” y vestía “una cota de malla más blanca que la nieve”, según recogió el cronista Benoît de Saint-Maure’s. La amiga Leonor pasaba de la armadura y optaba por una vestimenta que protegiera pero que a la vez le hiciera ir elegante.

Feminidad a las armas

Una cota de malla decorada no fue el único toque femenino en los trajes de las guerreras. En unos tiempos en los que las mayorías de las mujeres eran relegadas a las tareas del hogar, estas aprovechaban lo que encontraban por las cocinas para diseñar sus trajes.

Fue el caso de Margarita de Beverley, que participó en la defensa de Jerusalén durante la Tercera Cruzada. Su hermano dejó escrito para la posteridad que vistió una especie de caldero en la cabeza mientras llevaba agua a los hombres que se encontraban en la muralla. El investigador Michael R. Evans señaló que la teoría de que una olla formara parte de la vestimenta de aquella época es totalmente plausible.

Hilo trenzado

Incluso hubo artistas que, como en la imagen superior, las caracterizaban con unas particulares armas: los punzantes husos de las ruecas para hilar, donde se iba dejando el hilo trenzado. En este caso, se cree que los pintores tiraron más de imaginación que de otra cosa, pero no cabe duda que como complemento de la armadura sería tan efectiva como una lanza.

La vestimenta femenina más famosa

Pero si hay una vestimenta femenina famosa en aquella época, esa es la de Juana de Arco. La leyenda dice que a esta valiente luchadora se le hizo una armadura a medida que pudiera ajustarse a sus atributos femeninos pero manteniendo la masculinidad. Requerida por Dios, luchó contra los invasores de Francia sin que importara si fuera hombre o mujer.

Como vemos, nada de colores chillones, exaltación de pechos y muslos o sujetadores tamaño ‘king size’. Las guerreras de la Edad Media cabalgaban entre la apariencia de los caballeros de toda la vida, la moda más estilosa y el uso de objetos disparatados para la defensa personal. ¿Las veremos así en alguna película?

Con información de io9

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